En Argentina todos los próceres mueren de perfil

ELIZABETH ARAUJO

A. ¿Qué encuentra usted de atractivo de la historia de Venezuela al punto de que le dedica mayor atención en casi toda su obra literaria?

S: Nací en la Argentina, un país donde todos los próceres morían de perfil, diciendo frases de una cursilería que todavía hoy me curva los dedos de los pies. Imagina, Elizabeth, que un historiador argentino tuvo la petulancia de poner el título de “El santo de la espada” a un libro sobre San Martín. Nuestros héroes existían de la cintura para arriba. Y de repente, llego a Venezuela, y descubro próceres cuya vida erótica era casi tan interesante como sus hazañas militares. ¡Eran seres de carne y hueso! Hay un solo libro que recomiendo a todos los lectores deseosos por conocer el carácter de Bolívar: El diario de Bucaramanga, de Perú de Lacroix. Allí, el Libertador narra hasta sus visitas a los burdeles de París. Es un héroe muy novelable. Por cierto, en fecha reciente descubrí que San Martín había tenido una amante peruana, Rosita Campuzano. Y por supuesto, la historia de la independencia de la Gran Colombia está plagada de numerosos episodios de descabellado heroísmo. Antes de entregarse a la oligarquía, José Antonio Páez protagonizó hazañas que sólo se encuentran en Homero. Nada de eso encontré en la historia argentina.

A: En muchos de esos relatos, usted se descubre como el periodista que es. ¿Es una enfermedad contagiosa el periodismo de la cual resulta difícil curarse?

elizabeth-araujoS: Depende del país en que contraes la enfermedad. Trabajé un tiempo como periodista en la Argentina, entre 1971 y 1975. Eran tiempos muy difíciles. Los periodistas eran amenazados de manera constante. Varios fueron asesinados. Muchos de los periódicos, que se decían tribunas de doctrina, censuraban la noticia, o la tergiversaban. Recuerdo que cada vez que le preguntaban a un amigo donde estaba empleado, respondía “Trabajo como pianista en un prostíbulo”. Le parecía esa tarea más digna que confesar su labor en un periódico bonaerense. Pero en Venezuela, era totalmente distinto. Trabajé en diferentes publicaciones en Caracas, entre 1975 y 1980. Nadie me corrigió una coma de mis textos. Conocí personajes como Miguel Angel Capriles, que eran “bigger than life.” Podría hacerse una excelente película sobre ese empresario, basada en sus Memorias de la inconformidad. Algo en el estilo de Citizen Kane. En ese libro don Miguel Angel contó sin pelos en la lengua los inescrupulosos métodos que usó para adquirir su empresa. Cuando le pregunté cómo se había atrevido a revelar tantos detalles sensacionales, me dijo: “Mi intención inicial era escribir el libro, y después suicidarme. Lamentablemente, a último momento cambié de idea. Pero el libro ya estaba circulando”.

En fin, si me preguntas qué es para mí el periodismo, te diré que es el mejor de los afrodisíacos.     Afortunadamente, muchas mujeres bonitas comparten ese criterio.

A: ¿Se hace buen periodismo en la actualidad o, debido a Mr Google y las redes sociales el reportero tiende a ser más perezoso para investigar in situ los hechos noticiosos?

S: No hay nada que ayude a crear un buen periodista. Y no hay nada que contribuya a destruirlo. Excepto si le niegan trabajo. Pero me voy a poner solemne por un solo instante: los buenos periodistas buscan la verdad. Y ese sigue siendo el más poderoso de los afrodisíacos. En todas las épocas se hace buen periodismo. Aunque las crisis contribuyen a mejorarlo. Somos como esos zopilotes que prosperan comiendo carroña.

A:  ¿Cuál ha sido su experiencia en EEUU, primero como editor para una agencia noticiosa y ahora como periodista free lance?

S: La labor en una agencia noticiosa es muy aburrida. Trabajé como traductor del inglés al español, primero para The United Press International, y luego para The Associated Press. Pero siempre me las arreglé para escribir mis novelas durante momentos muertos. Inclusive trabajé trece años en el llamado Graveyard Shift, el turno del cementerio, de las 11:30 de la noche a las 7:00 de la mañana. Hice cualquier cosa con tal de reservar algunas horas para mi vida familiar, y para mi literatura. Prefiero, de todas maneras, el periodismo de calle. Ser reportero es para mí un absoluto privilegio. La vida es con la gente. Y también la literatura.

A: Desde Latinoamérica hay cierta percepción de que el periodismo que se practica en EEUU es infalible y de muy alta calidad. ¿Tiene que ver eso con la formación de la profesión o con el músculo financiero que sustentan empresas como The New York Times o The Boston Globe?

S: En líneas generales, se hace buen periodismo en Estados Unidos. Por supuesto, no es infalible. Ni remotamente. Tal vez falla menos que en otros países porque todavía suele respetarse la división entre la parte editorial y la parte periodística. Mi periódico preferido es The Wall Street Journal. Es el primer periódico financiero con sentido del humor. The New York Times está sobrevalorado. El desempeño que tuvo previo a la invasión a Irak fue deplorable. Algunos de sus reporteros estrellas parecían vivir en la isla de la fantasía. Y ayudaron a crear un ambiente favorable a la invasión. Fue la época en que la línea editorial se impuso a la investigación periodística.

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