50 años del Boogaloo: Ancestro del malandro patrio

VÍCTOR SUÁREZ

A Carlos Tabaco Quintana lo registran los anales de la música popular latinoamericana por haber sido el primero en replicar en Venezuela la contagiante y fugacísima onda del Boogaloo, que este año está cumpliendo 50 ruedas de vinil. Aunque sus éxitos, como voz  líder del Sexteto Juventud, fueron “La cárcel” y “Mi calvario”, dos surcos que continúan oyéndose con dolor y pena en todo el país.

Los hermanos Medina, dos malamañosos conocidos como Ojo e’ Vaca crearon en 1962 ese sexteto mientras estaban presos en la cárcel Modelo, en el Pabellón Nuevo, que en esos momentos estaba full de comunistas que ni caso le hacían a sus aspavientos musicales.

victor-suarezLa música tropical es un ir y venir del Caribe al centro neoyorquino y viceversa. Apenas comenzó a sonar en NYC (1966) ese intento de cross over entre los ritmos cubanos y la música negra underground, pero ejecutada por puertorriqueños de tercera generación (Joe Quijano, Tony Pabón, Joe Cuba, Pete Rodríguez…) y un filipino perdido entre rascacielos (Joe Bataan), el Sexteto Juventud grabó con Velvet un LP titulado Guasancó, el cual incluía un surco llamado Boogaloo, que es como bautizar Perro al cachorro que le regalas al hijo pequeño. Pegó muchísimo en la radio, se vendió bastante y en los barrios encendía la ciudadela.

Muy pronto le siguieron la onda, con mejor suerte, Los Dementes, de Ray Pérez, y El Combo Latino, de Federico Betancourt. ¿Por qué triunfaron más los segundos que el primero? Porque el Boogaloo es tan sencillo y ripioso que sólo le hacen falta tres palmeros furiosos, y más nada. En la placenta placentera del Bogaloo estuvo otro sexteto, el de Joe Cuba, que en 1963 dió en el South Bronx los primeros toques. Se sabe que el sexteto es la formación más pobre de todos los conjuntos musicales. Y con algo de aliño y mayor sonoridad, cualquiera podría venírsele encima. Los Dementes le pusieron trompeta y trombón y tenía un pianista envidiable como Poncho (Ray) Pérez, hijo del director de la banda del estado Anzoátegui y mi vecino de cuadra y trompo en Barcelona. Federico, que calcaba a Mon Rivera, tenía al magnífico trompeta y arreglista Carrillo y al Negro Monge en el trombón, además de Culebra Iriarte en el piano.

Si de imitar al norte se trataba, estas dos orquestas estaban en mejores condiciones de sacar mejores productos sobre un mismo ritmo y una sola tonada y un solo guajeo en el piano.

Con todo, el Sexteto Juventud sacó un nuevo LP (Guasancó 2) con números boogalooseaos. Y luego se dividieron. Quintana fundó Tabaco y sus metales. Siguió con música más cruda, de barrio, de escoria, al punto de que su sonido se hizo himno malandril hasta el sol de hoy. Una sola bandera.

Los pranes todavía adoran a Tabaco. Las rocolas tenían a este bongosero-pailero en los mismos altares que a Daniel Santos. Es algo persistente a 25 años de su muerte. El escritor José Roberto Duque logró en 1996 que Monteávila le imprimiera su libro Salsa y control, que tiene a Tabaco como música de fondo, compitiendo con los bravos Palmieri y Mon Rivera. Es mi calvario / cargando esa cruz a duras penas.

Cuán visionario fue Carlos Quintana. En La cárcel frasea:

Ay, sufre /

ay, llora /

por tu mala pata, Nicolás…

La última vez que la escuché en Youtube, llevaba 2 millones de visualizaciones.

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