América Latina se prepara para afrontar el embate de Trump

ANNA AYUSO –
Donald Trump ganó con un discurso que no se puede conservar ni ejercer. Se desconocen aún los planes para las relaciones hemisféricas, pero destruir el esfuerzo del diálogo con Cuba o buscarse enemigos en América Latina no resultará una buena estrategia.

El triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016 fue acogido con muchas reservas en América Latina. La región confiaba en el triunfo de la candidata demócrata Hillary Clinton, que partía como favorita en las encuestas y suponía la continuidad de las políticas de la administración de Barack Obama, en la que ejerció como secretaria de Estado durante el primer mandato. Destacados líderes latinoamericanos habían expresado temores ante las desastrosas consecuencias del triunfo de Trump con el virulento discurso antimigración, sus propuestas de levantar un muro en la frontera y la amenaza de expulsiones masivas realizadas durante la campaña. Ahora les tocará entenderse.

Los países más preocupados por la incertidumbre que genera Trump son precisamente aquellos que tienen relaciones más estrechas con Estados Unidos. México, el más importante socio regional, ha sido el primero en sufrir las consecuencias con una caída del peso mexicano que agrava la ralentización económica y puede causar tensiones inflacionarias. Este país tiene su economía integrada con EE UU, el destinatario del 80 por cien de las exportaciones mexicanas y por las remesas de los inmigrantes mexicanos, vitales para el país. Por ello, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, ha apelado a un entendimiento.

Otros países, como Brasil o Argentina, que tras los recientes cambios políticos trataban de acercarse a EE UU, tanto en al ámbito político como en el económico, han llamado a mantener la institucionalidad y el diálogo. La preocupación se reflejaba también en los mandatarios de Chile y Colombia –inquietos, como México– tras las declaraciones de Trump sobre los tratados de libre comercio. Paradójicamente, los gobiernos con teorías antagónicas a las políticas estadounidenses en la región parecen menos decepcionados. El discurso del nuevo inquilino de la Casa Blanca les proporciona munición para reforzar sus mensajes antiimperialistas. Este contexto hace temer un retorno a la vieja división entre amigos y enemigos que dominó la administración Bush y trató de superar la de Obama; y es una amenaza a los avances conseguidos…

Originalmente publica en Política Exterior #79

 

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