Buscando piso en Madrid: estafadores inmobiliarios

Los lugares más baratos, los tipo estudio, los de antiguos barrios obreros, cuando se clica en internet para verlos, en la pestaña sin intermediarios, van derecho a unos llamados centros de información inmobiliaria. Por allí empieza todo, con una promesa de vivienda fácil y un final de timadores.

MARIANELLA DURÁN

Bonito el despacho en la Gran Vía de Madrid. Más bonito en Goya. Tiendas de marcas costosas lo rodean. Una decoración sobria, brillante y satinada asoma la Navidad. Escaparates adornados con finos trajes y abrigos para el invierno, estolas, botas de piel pulida con diseños de autor. Lanas. Al lado, restaurantes veganos, vegetarianos, especialidades que cuidan la figura y bares de moda para estar de pie, tomarse un par de tragos e iniciar el recorrido de la movida nocturna. La gente viste elegante cuidando la hora y la ocasión. Los madrileños dirían, un barrio pijo, y en su seno, cazadores inmobiliarios.

Para su asombro, una pareja de venezolanos que busca piso es citada por allí ofreciéndoles bajos precios. En el edificio X, se abre la puerta del 2do, 3-A, y chicas con vaqueros, jersey, cuarentonas, arregladas, invitan a esperar unos minutos en la antesala. Son las 16:00. Mientras una de ellas se desocupa, se espera en un pasillo de tres sillas. Pasan escasos minutos -Vengan por acá, por favor-, se da una vuelta, camina apuradita y atraviesa un portal donde alguien espera para atender a los solicitantes de piso. Por teléfono ya les han dicho que las citas y opciones están disponibles, que no se preocupen -Acá os esperamos-.

Internet está lleno de ofertas con altos precios de alquiler de pisos en la capital española, y menos alternativas a bajo costo. Hace falta pasta para residir en la ciudad más apetecible para los venezolanos en el exterior después de Miami. De hecho, un 85% de los que han emigrado a la madre patria residen en Madrid, dice “el sociólogo de la diáspora” Tomás Páez. El resto, regaditos entre Canarias, Barcelona, Valencia, Galicia, Sevilla. En muchas provincias hay comunidades que más o menos mantienen comunicación, y de pronto, en una tienda, suena aquel acento familiar y se sonríen. La diáspora venezolana tiene identidad.

Para el que llega con sus ahorros buscando trabajo, apremia la búsqueda de un inmueble a la medida, y como hay depredadores en todas partes, también hay unos Centros de Información Social que no son una agencia inmobiliaria y que en internet aparecen en los buscadores cuando se pincha en “buscar por particulares”, son las opciones donde se quiere entrar en contacto directo con el propietario. Pero a veces no son los dueños, sino María que aparece con el teléfono de varios inmuebles más baratos. Quizá puede ser también Martha o incluso Óscar. Depende.

-Bienvenidos, en qué os puedo ayudar -comienza la señora e invita a sentarse luego del canto del escritorio, y continúa–. Nosotros no somos una agencia inmobiliaria, más bien un Centro de Información, un servicio social. Tenemos acá una lista de inmuebles que os pueden interesar. ¿Cuánto queréis pagar? ¿450 €? ¿500 €? Es lo menos que tenemos. ¿Os interesa? -la pareja asiente con la cabeza, y ella, sin parar, prosigue. -Nosotros os damos acceso a la lista, os ponemos en contacto con los propietarios. No os acompañamos porque no somos inmobiliaria, pero podéis ir, ver el piso, e incluso si vosotros queréis, podéis ir a ver varios pisos el mismo día -saca una carpeta gruesa con varios folios recubiertos de plástico con el testimonio de quienes han pasado por allí y han obtenido una transacción exitosa-. Hasta, fijaros, acá os muestro un venezolano que llegó el miércoles y ya el viernes tenía piso, sin pagar el mes de la comisión de las agencias inmobiliarias, directo con el dueño y sólo tenía su pasaporte. Miren, aquí está su firma, aquí la foto-.

Fue pasando páginas del fajo de unos 5 centímetros de grosor, con más venezolanos, dominicanos y colombianos. Y remata con los 190 euros que deben cancelarse por adelantado e incluso que la suma garantiza el servicio por seis meses.

Aunque los timos en el área inmobiliaria pasan por los casos más sorprendentes por su creatividad y maña, y las denuncias de nacionalidades afectadas varían, sobre todo en Madrid y Barcelona, para evitar caer en estafas, prevalece la conseja de que hay que usar el sentido común.

Inmigrantes en la mira

De acuerdo a las advertencias que viene haciendo la Policía Nacional española, ya existe un decálogo para evitar ser víctimas de posibles estafadores, más todavía con inmigrantes apremiados como los venezolanos. El caso de las estafas a británicos se relaciona más con la compra de inmuebles para veranear, aunque presuntamente de ese país, le llegó a los mismos venezolanos un correo donde decía textualmente, como respuesta a una solicitud de información:

“Mi nombre es Stephen D. Muirh, soy británico, aqui tienes mi dni para conocerme. La mensualidad es de 325 euros. Todos los gastos incluidos e ibi.
Yo podría enviar las llaves para comprobar el piso, pero primero necesito un depósito de usted, 2 meses: 650 euros (los primeros 2 meses de alquiler, no es una fianza). El depósito debe ser enviado a través de Money Gram y dirección del beneficiario: 9 Dorcas Avenue, Bristol BS33, Inglaterra.
Después de recibir el documento Money Gram y confirmar la transferencia, voy a enviar las llaves a su domicilio.
Tienes 3 días para comprobar el apartamento desde la recepción de las llaves. Junto con las llaves, envio un contrato que debe completar, firmar y enviar una copia para mí.
Si te gusta el piso, tienes que ir a Money Gram y cambiar el nombre del beneficiario con mi nombre. En ese momento voy a tener acceso a la transferencia y puedo recojer (sic) el dinero. Si no te gusta, puedes cancelar la transferencia y devolverme las llaves. Como puede ver, no hay ningún riesgo”.

Sin embargo, la policía dice que ésta es una de las modalidades más frecuentes para alquilar, la del pago por adelantado. Las otras son entrega de llaves con mensajero, falsos propietarios que ocupan ilegalmente viviendas que luego son arrendadas a terceros a través de locutorios o centros sociales, justamente a inmigrantes con contratos de alquiler fraudulentos, a quienes les ofrecen precios muy por debajo del habitual en la zona.

La otra son las agencias que ofrecen información confiable y cuando el cliente quiere contactar con los inmuebles, éstos resultan ser falsos o estar ya alquilados o vendidos.

Por fortuna, la pareja le pidió su tarjeta a María, se levantaron y ofrecieron que lo iban a pensar. Luego salieron disparados del lugar. –Vámonos de aquí, estos son igualitos a los de Gran Vía, mejor buscamos por otro lado-.

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