Cantos (de fortaleza) en Lima

Las poetas con el editor.
DAVID MALAVÉ –

Acabo de ver la noticia, y lo que me produce es lo descrito por Yoani Sánchez… un amargo hastío, hasta indiferencia. Ver que tanta verborrea y grandilocuencia dejó no una sino dos naciones en ruinas. Hablemos de los que construyen mundos y sentido a través de su palabra, callados, en la serenidad del trabajo constante de los poetas y no de los que solo profieren palabra vacía y psicopática y que los muertos entierren a sus muertos.
La verdad es que cada vez que venimos al Perú nos sorprendemos con la acogida y trato que nos dispensan en el antiguo imperio incaico. Esta vez, aparte de asuntos familiares, presentamos el libro Cantos de fortaleza en la librería El Virrey, en Miraflores. Las palabras sobre la antología estuvieron a cargo de Mariana Libertad Suárez, Giovanna Pollarolo y Renato Sandoval Bacigalupo. Y no tenemos otra emoción en el corazón que la de la gratitud más plena, luego de escucharles. Lo que cada uno de ellos dijo sobre las autoras, los poemas, y la edición del libro fue realmente hermoso, generoso y estimulante. Sabido es, porque lo comento en el prefacio, que en este caso se construyó la antología librándola al azar y el sentido común de las participantes, juego arriesgado pero que debía rendir sus frutos, por tratarse de profesionales con trayectoria en el oficio, lo cual sin duda sostendría el nivel del proyecto editorial. Sorprendentemente para nosotros, fue el rasgo más alabado y elogiado de la compilación, el hecho de que se le diese la libertad a cada autora de elegir lo que quería la representara ante los lectores.

En primer lugar como los tres comentaristas trazaron en la diversidad y la unicidad de la voz de cada una de las poetas, los hilos que las hacen afines dentro de una marcada identidad individual, planteando que sin proponérselo las voces dialogan entre ellas, en armonía sobre los temas de la femineidad, la trascendencia, el amor, lo efímero, la fragilidad de la existencia y la finitud de la muerte, eso sí, armonía, pero con firmeza en las diferencias. El peso específico en la calidad del trabajo poético y del lenguaje de cada una de ellas, encontrando un nivel sostenido de calidad a lo largo de toda la muestra, fue motivo para sentir la satisfacción de las fatigas empeñadas en la aventura libresca.

Luego, a nivel individual, de las palabras recogidas de cada uno de los comentaristas, la alegría de escuchar a Mariana Suárez puntualizar que el libro será un bastión más en la firmeza que cobra el discurso femenino en Venezuela para el siglo XXI, en la tradición del Hilo de la voz, de Ana Teresa Torres y Yolanda Pantin.

Luego habló el ojo profesional de un Renato Bacigalupo con oído para la poesía como solo lo puede conferir el ser organizador de varias ediciones del Festival de Poesía de Lima, quien asombrado descubre el talento y la originalidad en la rápida síntesis que tuvo que hacer por razones de tiempo sobre la obra de cada autora. La comparación de una Yolanda cada vez mas minimalista como la más dura pero más pura, Blanca Varela, de una elevación espiritual como las de María Clara Salas y Patricia Guzmán, quienes tejen plegarias que abren puertas en los cielos, el canto sonoro y lírico en una Edda Armas con tonalidades de un mar pleno y barroco, la influencia del oficio de traductor en la originalidad absoluta de Claudia Sierich, en sus juegos de palabras, en los equívocos de las traducciones y significados de la lengua. Renato elaboró en pocas frases una poética de cada una de las autoras, lamentablemente no puedo recordar los atributos de cada una. En su lectura de un poema de María Antonieta Flores un lenguaje vertical y firme, con la claridad que solo lo femenino puede tener en torno al deseo, nos lo hizo sentir al público y los oyentes, comparando con un poema de Allan Ginsberg, solo que en la mujer cobra el deseo, vuelo y elevación que llevan a esferas superiores en lo estético. En mundo imaginal de Carmen Verde, el pozo de aguas históricas que abre con el golpe de sus palabras taumatúrgicas Sonia Chocrón, la casa ancestral y de pasiones que Gina Saraceni nos hace pisar. Dijo cosas tan bellas de las guayabas de Gabriela Kizer, y de las hormigas de Belkys Arredondo Olivo, de las décimas y el siglo de oro imaginal de Eleonora Requena, que lloro por no saberlas repetir con exactitud…. y Giovanna, Giovanna, qué amor, qué delicia escucharle…. se vino corriendo de sus obligaciones académicas para poder homenajear a sus colegas y amigas venezolanas. Y la sorpresa que nos dio, cómo alabó la obra editorial, la valentía de asumir la publicación de una antología en clave experimental y de juego donde las escritoras protagonizaran. ¨Sólo quien ha curado almas, alguien que ha practicado el imposible arte de dejar al otro ser lo que es, se le puede ocurrir que es el artista quien escoja lo que debe decir¨. ¡Me hizo llorar!

En fin, y nuestra Venezuela vista por los peruanos, como esa tierra única, generosa, exuberante, excéntrica, en la que todavía la Poesía encuentra a muchos que la quiera publicar, innumerables actores, dentro y fuera del país que la quieren hacer llegar a los lectores, como en ningún otro lugar de los territorios de habla castellana. Nuestra Venezuela, querida y admirada por los peruanos, en donde a pesar de tanta vileza, tanto maltrato, tanto atropello organizado y administrado por y desde el Poder, las amigas, sus amigas aún hallen la fuerza de cantar… cantar y aliviar las almas de quienes tengan el privilegio de leerlas… como dice el poema de Gabriela tan bellamente leído por Marina Gasparini en Madrid: ¨por eso canta corazón… canta¨.
Gracias Perú, gracias a sus poetas, gracias a Mariana Libertad, la mejor embajadora cultural con quien contamos los venezolanos en Lima, gracias a Renato Bacigalupo, Giovanna Pollarolo, a la Librería El Virrey, a la familia de Luis y Vanessa Pestana Nader, a sus tíos y a sus primos por acompañarnos. Esperemos sea el inicio de un intercambio sin fin…y volver con nuevos delirios, y libros. Y los próximos, en el MATE, gracias a los buenos oficios de Manuel Eduardo Pestana Lopez-Alfaro.

Y last but not least…. Un millón de gracias a Edda Armas, por insistir, insistir e insistir…. por hacernos perseverar… por tu generosidad, y por ponernos en contacto con tanta gente dispuesta a hacer por los libros y la poesía….!

* David Malavé es médico psiquiatra y editor venezolano.

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