El capitán no tiene quien le reciba

Diosdado Cabello en la rodada
OMAR PINEDA –
Hay una imagen que nos acosa cuando hablan de lo peor de Venezuela: la de Diosdado Cabello. Ahora se sabe –los secretos del chavismo saltan los muros del PSUV– que el capitán golpista, uno de los funcionarios más corruptos de la “revolución”, es visto en su propio partido como un líder de piedra. Voltea y ve que son pocos los que le siguen. Cualquiera lo constata al ver cómo rueda su desprestigio entre la gente y la poca emoción que su presencia suscita entre los suyos. Incluso en esos bastiones de “defensas de la revolución”, llamados colectivos, hoy devenidos hampones que se dedican en sus ratos libres a robar a pequeños comercios, las órdenes de Cabello son letra muerta.
Nos lo confirma, con la mitad de una sonrisa que llega a la burla, alguien que estuvo a su lado en gran parte del mandato chavista en la Asamblea Nacional, y que hoy, fuera del país, describe con anécdotas al hombre que está perdiendo poder, aunque no por ello no deje de ser peligroso.

Dada su mentalidad de sicario Diosdado no fue incluido en la Mesa de Diálogo y ha fracasado en los intentos de reunirse con diplomáticos acreditados en Caracas. Reducido, como parece estarlo, al espacio semanal en VTV donde airea chismes y diretes de los líderes de la oposición, y aislado por un cordón sanitario que el mismo Maduro le ha puesto en Miraflores, Diosdado no es la sombra de lo que fue y no sabe ya cómo detener el tiempo. Sus amenazas con el mazo de plástico en la mano acaban por caricaturizarlo aún más. Pero, ojo, esta persona que dice haberle conocido asegura que mantiene su cuota de poder sobre algunos oficiales de las FAN y sus rabietas retumban aún en los tribunales, algo que se comprueba en la demanda que lleva contra Tal Cual.

Pero ya no es el hombre fuerte que sembraba el terror. Otros actores ocupan su espacio, y por más que invoque al “comandante” –el mismo que lo despreció en la herencia–, no atina en coronar una aventura personal. Por ahora, para espantar los espantos, Diosdado monta su show, amenaza con el mazo y se dedica a chismear.

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