“A veces me cuesta creer que ya no estoy en Venezuela”

Inmigración, Valeria Piquero, Noruega
ELIZABETH ARAUJO –
Psicóloga y madre de dos niñas, Valeria Piquero de Willassen nunca consideró la idea de irse del país, donde nació, estudió, se casó con un noruego y tenía una vida familiar y profesional tranquila, hasta que un episodio de inseguridad y el rumbo político que tomaba la sociedad prendió las alarmas. Ahora en Oslo se dedica a ejercer su profesión, y a una empresa de regalos on line que creó cuando las puertas no se les abrían.

Lleva siete años en Oslo, y no se queja de la seriedad, la precisión y el orden con los cuales funcionan las instituciones, además de la solidaridad de los habitantes de un país donde hay que convivir con la escasa luz natural y abundante nieve casi todo el año. Pero, aún cuando la está pasando bien, Valeria Piquero de Willassen no deja de pensar en la Venezuela donde nacieron ella y sus hijas, y donde su esposo logró con éxito dirigir una empresa de seguridad que garantizaba empleo a 44 personas. Un sueño que se quebró cuando el gobierno de Hugo Chávez empezó a contagiar a un sector de la población con la fiebre del revanchismo social y a venderle la “magia” del socialismo del siglo XXI. Fue entonces cuando esta psicóloga que se abría paso con una firma de productos farmacéuticos, optó por marcharse, no si antes consultarlo en familia.

Hija y hermana de médicos, Valeria Piquero no escogió Noruega por azar. Quiso el destino que tras una relación laboral a distancia conociera a quien desde hace 20 años es su esposo. “Lo conocí en AFS (American Field Service), donde trabajábamos, yo en Venezuela, como coordinadora nacional de hospedaje; y él en Oslo, como director de finanzas, hasta que decidió venir a Venezuela”.

Valeria Piquero y sus hijas debieron afrontar una cultura diferente, otro idioma y un clima a veces insoportable.

Dice guardar este recuerdo vivo de los días felices en un país como el suyo que a pesar de las inocultables dificultades la gente derrochaba amabilidad y a su manera trataba de labrar su futuro. “Sí, nos casamos, tuvimos dos hijas y vivíamos felices en El Cafetal, en una casa linda, con un perro y una gata. Yo trabajaba como psicóloga y tenía una empresa de productos dermatológicos y mi esposo tenía una empresa exitosa de seguridad”, alcanza a responder Piquero al regresar a los años “cuando empezó la locura de este nuevo camino que llaman el socialismo del siglo XXI, pero, a pesar de todo, todavía se podía vivir bien en Venezuela, aunque la delincuencia cada vez aumentaba”.

HACER LAS MALETAS
“En septiembre del 2009 acabábamos de llegar de vacaciones de Noruega cuando nos enteramos que el hijo de una buena amiga mía había sido asesinado por el hampa. Un muchacho de 18 años que yo conocía desde niño. Fue un golpe duro para nosotros y empezamos a pensar en irnos del país. Pasaron unos meses y a principios de 2010 me robaron en el carro con una pistola para quitarme el celular. Yo estaba con mi hija Sandra que contaba solo con 5 años de edad. Esa fue la gota que derramó el vaso y planificamos nuestro viaje “por un año” a Noruega.

Valeria Piquero asegura que su familia aún abrigaba la esperanza de regresar a Venezuela. “Pensamos que un año era una buena opción para que las niñas conocieran el país de su padre, para que desapareciera Chávez y así regresaríamos…”. Pero no ocurrió como lo planearon, y terminaron por alquilar la vivienda a unos amigos, a quienes les dejaron el perro y la gata. “Empezamos el primer año del resto de nuestras vidas en otro país”.

Hija y hermana de médicos, Valeria Piquero no escogió Noruega por azar. Quiso el destino que tras una relación laboral conociera a quien desde hace 20 años es su esposo.

Pasó el año de gracia que se dieron, y los Willassen Piquero comenzaron a aclimatarse a Noruega. Alquilaron un pequeño apartamento en Oslo, “yo estudiaba el idioma; las niñas, Sofía de 8 y Sandra de 6, empezaban un nuevo colegio y Arve, mi esposo, probaba con una nueva empresa de cámaras de seguridad, lo mismo que hacía en Caracas”. Valeria Piquero recuerda el invierno de 2010 como “mi primer invierno en la vida, con 37 años de edad en esa oscuridad inexplicable y a menos 20 grados, y justamente el invierno en Oslo más frío en muchos años”. Sin embargo la familia hizo su esfuerzo y al concluir el año, lamentablemente, Venezuela estaba peor.

“En julio del 2011 fuimos de vacaciones a Caracas, la noticia para la familia era esa: solo unas vacaciones, cuando en realidad íbamos a vender la casa, empacar lo que debían llevarse y poner en orden la empresa Novenca que para ese entonces contaba con 33 empleados, y que hoy, en 2017, solo quedan 4 empleados. Empacamos, nos despedimos una vez mas, regalamos la gata a unos amigos y trasladamos el perro a la casa donde funcionaba la oficina. Hicimos una venta de muebles, vendimos los carros, regalamos muchas cosas y otras las guardamos en casa de mi mama. Muy doloroso”.

VOLVER A EMPEZAR
Los Willassen Piquero regresaron definitivamente a Noruega, con una mente más abierta hacia una sociedad que les había abierto las puertas, y donde ya empezaban a aclimatarse. “Yo empecé a buscar trabajo con guarderías, tiendas, etc. y no se me ocurría por supuesto la posibilidad de trabajar como psicólogo, no solo porque creía que era imposible revalidar el título sino porque pensaba que la barrera del idioma me lo impediría. Como no lograba conseguir trabajo, monté una empresa para vender regalos por internet. Utilicé los productos de Romero Britto y además las esculturas de un venezolano llamado Gerardo Fernández. La página se llama flottegaver.no, que significa en noruego regalos maravillosos. La empresa fue bien pero no vendía suficiente para tener un sueldo normal”.

Inmigración, Valeria Piquero, Noruega
“Mis padres y mi hermana con su familia siguen en Venezuela, pero no se por cuánto tiempo”.

Difícil de rendirse, como ella misma se define, Valeria Piquero se entera, a través de un amigo venezolano, que no era tan difícil hacer la reválida de su título de Psicología, y se propuso cumplir con ese proceso. “Pero, la primera carta que me llegó fue rechazando la petición y tenía un plazo determinado para hacer la apelación. Metí en la apelación todas las cartas de profesores que pude conseguir, además me dedique a comparar mis estudios con los de aquí en Noruega, materia por materia en el área de psicología y además incluí el postgrado. Después de varios meses, ¡¡yes!!, me aprobaron la carrera de Psicología”.

En la actualidad, Valeria Piquero de Willassen trabaja como psicóloga en Oslo. Posee su consultorio y dispone de una cartera de pacientes, en particular personas que hablan solo español o inglés. “Aunque no tengo todos los pacientes que quisiera, es muy satisfactorio poder trabajar con lo que estudié. Además es muy bueno poder ayudar a la gente; porque es natural que las personas prefieran una terapia en su propio idioma. Adicionalmente esta venerzolana incansable no ha dejado su empresa de regalos on line.

VENEZUELA EN EL CORAZÓN
Muy lejos de su país de origen, Valeria Piquero asegura no arrepentirse del paso que dio junto a su familia. “Mudarse a otro país es súper difícil, pero no imposible y poco a poco uno se va adaptando más y más. Pero, sin dudas, uno extraña a los familiares que se quedaron en Venezuela y a los amigos, “porque las costumbres llega un momento que uno las va perdiendo, no es que se le olviden sino que uno se acostumbra a otra manera de pensar y vivir. Hay otra cosa interesante y es cómo los amigos se transforman en familia. En situaciones como estas, uno necesita más a los amigos aquí y los hace parte de tu vida, del día a día”.

Cuando se ha hecho esa larga travesía, y el país natal es visto con dolor, por la situación política, económica y de seguridad que atraviesa, al emigrante se le forma un nudo en la garganta, porque los recuerdos siguen intactos y los aprecios con familiares y amigos, lejos de debilitarse se fortalecen. Aún así, no sin nostalgia, Valeria Piquero de Willassen no cree posible regresar a Venezuela. “Mi temor es que el país que yo extraño y conozco ya no exista y claro que es duro aceptarlo y es doloroso vivir ese duelo pero uno trata de ver lo positivo que uno tiene en el nuevo país, la nueva vida, que los hijos están contentos y eso reconforta”.

Inmigración, Valeria Piquero, Noruega
Noruega, el país que Valeria Piquero escogió para continuar su vida, es ahora su nuevo hogar.

Como todo aquel que pertenece –quiéralo o no– a esta oleada que han denominado la diáspora venezolana, la psicóloga Piquero constata una realidad inocultable: muchos de sus familiares están en el exterior. Un hermano y su familia, residentes en Barcelona; primos y tíos repartidos en Panamá, Estados Unidos, Canadá, Japón y Reino Unido. “Mis padres y mi hermana con su familia siguen en Venezuela, pero no se por cuánto tiempo… El hecho es que la familia se separó, se desmembró”.

“A veces me cuesta creer que ya no estoy en Venezuela, cuando hace tanto frío y hay oscuridad todo el día y me pregunto ¿qué hago yo aquí?; cuando uno entra en una sala de espera del médico y dice “buenos días” y nadie contesta. Lo único que reconforta es pensar que aquí uno puede confiar en la gente, nadie dice mentiras, la gente es puntual, honesta y eficiente, las cosas funcionan. Pero sigo extrañando Venezuela. Ojalá que mis hijas no tengan que emigrar, y si lo hacen que no sea obligado, como nos tocó a nosotros y que además puedan siempre regresar al mismo país que dejaron. ¿Quién iba a decir que lo que vivieron mis abuelos con la Guerra Civil española lo íbamos a vivir nosotros también?

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