El disimulo, una las artes de Diosdado Cabello

Omar Pineda

De vez en cuando a Diosdado Cabello le da por hacer las típicas fanfarronadas de quien advierte que no es tomado en cuenta, y alza el tono de sus amenazas para ver si a su alrededor le prestan atención. A falta de los chismes contra Capriles y Leopoldo López, con los cuales alimenta su nefasto programa en VTV, Diosdado refrita la demanda judicial contra The Wall Street Journal. 

Una de las portadas que dedicó el diario ABC al caso de la distribución de drogas en España, supuestamente confirmado por The Wall Street Journal.
Una de las portadas que dedicó el diario ABC al caso de la distribución de drogas en España, supuestamente confirmado por The Wall Street Journal.

Sabemos –él mejor que nadie– que la demanda no tendrá lugar porque requerirá en cualquier momento apersonarse en el tribunal, allá en el imperio, luego de que el bufete de abogados por él contratado haya hecho su trabajo. Cosa distinta es en Venezuela donde para Cabello le resulta un tiro al piso demandar a TalCual, La Patilla y El Nacional, dado que, a pesar de todas las irregularidades que se han presentado en el proceso, el tribunal no podría fallar sino a su favor. 

Es de conocimiento público que la información publicada por el diario español ABC y reproducida en los tres medios venezolanos, citando la procedencia de la noticia, no comporta delito alguno. Los medios –sean impresos, radiales o ahora en internet– suelen reproducir noticias y reportajes publicados por otros medios. Es una dinámica que signa el carácter vital de la comunicación. Ha ocurrido antes, pasa hoy y seguirá realizándose en el futuro. El artículo de The Wall Street Journal, publicado en mayo de 2015, no hacía más que confirmar lo que, para muchos, constituye una realidad que ahora se confirma con la detención de los narcosobrinos: que Diosdado Cabello es la cabeza principal del Cártel de los Soles. 

En su noticia el WSJ aseguraba que la fiscalía federal estadounidense investigaba a varios altos responsables venezolanos, incluyendo a Cabello, por “haber convertido al país en un centro global de tráfico de cocaína y lavado de dinero”. Sea verdad o mentira, el problema de Diosdado no es ese, sino otro: que ya no figura entre los pasajeros que se subirán al avión de la despedida. Porque esta revolución, eso que se llama vida, ya no tiene.

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