¿Tiene dos caras Ecuador para la emigración venezolana?

LUIS ESPINOSA
No es casual que las oleadas de migrantes lleguen de Cuba y Venezuela, las dos dictaduras socialistas de América Latina. Cuando un país destruye su economía el único producto que le queda para exportar son sus ciudadanos

 

La emigración es sobre todo un problema de derechos humanos, pero también debemos analizar la perspectiva económica para entender por qué a todos nos beneficia que vengan emigrantes al Ecuador. Cuando alguien pregunta qué atrae de Ecuador a los venezolanos que se ganan la vida como pueden en las calles de Quito, igual como en las otras ciudades principales, la respuesta casi siempre es la misma: el dólar.

Los emigrantes que llegan a este país huyendo de la dictadura de Nicolás Maduro, valoran mucho una moneda sana y estable, a diferencia de lo que ocurre con el bolívar venezolano que se deprecia día a día (lo que provoca una inflación acumulada del 250% en lo que va de este año). Una situación similar a lo que vivió el Ecuador antes de la dolarización.

Así de triste es la situación, y cuando algunas voces en Ecuador piden que se deporte a los venezolanos no tienen en cuenta la tragedia humana que hay detrás.

La gran mayoría de venezolanos que llegan al Ecuador se encuentran en la franja de 20 a 30 años de edad. Ellos vienen a trabajar en lo que puedan con el objetivo de tener un ingreso para poder enviar dinero a sus familias que se quedaron allá. Para una persona que envía, por ejemplo, cien dólares a Venezuela, no debe ser fácil mantenerse aquí con lo que resta de un sueldo de trescientos o cuatrocientos mensuales. Tampoco va a enriquecerse quien recibe la remesa, ya que si bien los dólares tienen un rendimiento en ese país donde el salario mínimo equivale a 25 dólares, el dinero que recibe no es suficiente para alimentar a una familia de tres personas ni para vivir mucho mejor; solo ayuda a sobrevivir. Así de triste es la situación, y cuando algunas voces en Ecuador piden que se deporte a los venezolanos no tienen en cuenta la tragedia humana que hay detrás.

Quienes se sienten incómodos por la presencia de los inmigrantes aducen que se ve afectado el mercado laboral, sin embargo para que exista tal perjuicio tendría que registrarse una variación significativa en el mercado de trabajo, lo que no pasa ni de lejos. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), la Población Económicamente Activa (PEA) del país bordea las ocho millones de personas, por tanto, si hubiesen 80 000 venezolanos con trabajo ni siquiera llegarían al 1% del mercado.

Además, no todos los venezolanos encuentran trabajo en el sector formal, igual que más de la mitad de ecuatorianos que trabaja en el llamado ‘sector informal’, una denominación irrespetuosa para todas estas personas que trabaja en en ello, por lo que prefiero denominarlo ‘plan B’ o ‘economía alternativa’.

Con respecto al argumento de que los venezolanos aceptan trabajos por salarios menores de los que se paga a los ecuatorianos, en teoría esto podría beneficiar a todos los consumidores porque las empresas bajarían costos y vender más barato sus productos.

En Economía importa tanto “lo que se ve como lo que no se ve” como decía Bastiat. Aquellos que aseguran: “hay una parte perjudicada” no miran que otra resulta beneficiada. El núcleo de este asunto es la productividad. ¿Cómo es posible que un extranjero recién llegado que no conoce a nadie, tampoco conoce el país ni sus costumbres ni tiene contactos es capaz de realizar una tarea de mejor manera que un ecuatoriano? Claramente, el problema no es el migrante sino el rendimiento del trabajador nacional. Visto así, la llegada de los extranjeros debería contribuir a mejorar la productividad, lo que sería bueno para la economía ecuatoriana.

Mucho se comenta que el envío de remesas desde Ecuador a Venezuela ha alcanzado la cifra de $900 millones. Si es que el monto fuera real, significaría que los venezolanos han creado mucho más que eso. Retomando el ejemplo anterior, para que una persona pueda enviar $100 a su familia, necesariamente debió haber generado de trescientos a cuatrocientos dólares. En este punto, la lección es que no hay que mirar únicamente lo que ellos envían sino ponerle mayor atención a lo que ellos generan para el Ecuador.

Los jóvenes nacidos a finales de la década de los 90 tienen el privilegio de integrar la generación que no vivió el drama del sucre, pues vieron la luz en una economía dolarizada. Por eso sería muy positivo que escuchen a los venezolanos cómo es la odisea de tener que vivir con bolívares y con una inflación de tres dígitos; es bueno que conozcan de primera mano cómo sin una moneda sana se destruye la economía de un país y es imposible que prospere.

La esperanza que tienen los emigrantes venezolanos de regresar a un país democrático, libre y próspero no se concretará inmediatamente tras una eventual salida de Maduro. El modelo instaurado por Hugo Chávez lleva 20 años destruyendo sistemáticamente la economía y atacando al sistema productivo; las consecuencias son a largo plazo. Entonces el problema de la economía venezolana es Maduro y un montón de problemas más. Ojalá caiga el tirano, hoy mejor que mañana, pero tomará bastante tiempo recuperar la economía.

No es casual que las oleadas de migrantes lleguen de Cuba y Venezuela, las dos dictaduras socialistas de América Latina. Cuando un país destruye su economía el único producto que le queda para exportar son sus ciudadanos.

Entre los emigrantes venezolanos y cubanos hay una diferencia. Los primeros huyen de la dictadura, intentando ser libres. En tanto, muchísimos cubanos han llegado como parte de un espurio y repugnante acuerdo, mediante el cual su gobierno ha cobrado por el trabajo que ellos realizan en Ecuador, en un régimen de casi-esclavitud. Eso es inmoral… sin embargo lo han aceptado porque la alternativa era quedarse en Cuba y cobrar menos.

Luis Espinosa es Profesor investigador del Colegio de Administración y Economía de la Universidad San Francisco de Quito 

Publicado en www.laconversacion.net

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