Golpes a mi puerta

Omar Pineda

Omar Pineda, desde Barcelona, España
No crean que Nicolás no acaricie también la idea de abandonar el país. Por razones distintas, desde luego, a las de los casi 2 millones de venezolanos que durante el régimen chavista optaron por rehacer sus vidas en otras tierras, tal y como lo recoge “La voz de la diáspora”, esa depurada investigación del sociólogo Tomás Páez, libro que ya es un indispensable testimonial de los años más oscuros que ha experimentado la Venezuela moderna. Pero en el caso de Maduro es otro. Cada vez que se asoma al “balcón del pueblo” en su despacho de Miraflores admite en secreto que el país está en ruina. Heredero del desastre que le dejó al morir el Gran Destructor Nacional, Nicolás sabe incluso que quienes dicen representarlo en la AN no hacen una defensa ardorosa de su gestión. Inclusive Diosdado Cabello ni se aparece en las sesiones. Ese es otro que tampoco duerme: la lucha interna en el interior del oficialismo es a muerte. Basta con ver los repentinos actos demenciales del alcalde de Caracas Jorge Rodríguez al frente de malandros que hace días asaltaron la Asamblea Nacional, para darse cuenta de quien quiere demostrar que es el macho alfa del PSUV.

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