Historia del atletismo venezolano, un libro que en realidad son dos

A la derecha, Sebastian Coe, presidente de la Federación Internacional de Atletismo, con los periodistas venezolanos Andrea Herrera y Cándido Pérez.
A la derecha, Sebastian Coe, presidente de la Federación Internacional de Atletismo, con los periodistas venezolanos Andrea Herrera y Cándido Pérez.

Esta es la crónica de cómo dos periodistas venezolanos hoy radicados en Málaga, Andrea Herrera y el autor de la nota, Cándido Pérez, lograron producir un libro que recoge la andadura del deporte de pista y campo en Venezuela, desde finales del siglo XIX hasta los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016: “Atletismo Venezolano: La historia que no cesa”.

CÁNDIDO PÉREZ –

Tal vez esté demás señalar que es difícil hacer una investigación hemerográfica en Venezuela, puesto que la Biblioteca Nacional, desde hace bastante tiempo, tiene descompuestas las máquinas con las que se pueden observar los negativos de los diarios ya microfilmados. Por fortuna, en la Academia Nacional de la Historia hay una colección de periódicos de principios de siglo, porque vale decir que el atletismo venezolano se inició, de manera silvestre, a finales del siglo XIX, cuando jóvenes que en el exterior habían tenido contacto con otros practicantes de este deporte.

En libro publicado por Gustavo Flamerich, se señala aquellos inicios de carreras y saltos, que se desarrollaban en los terrenos del Hipódromo de Sabana Grande, y también destaca la estupefacción de algunos al ver que damas, de posición social importante, tomaban parte en aquellas carreras.

Las primeras fotos de algunas competencias datan de cerca de 1903, y fue en el archivo de la familia Vollmer, donde guardan aquellas gráficas que, con el transcurso de los años se han ido difuminando, pero que gracias a la nueva tecnología se pudieron recobrar y así pudimos observar que, en el polideportivo de San Bernardino, que estaba ubicado donde hoy está situada la Comandancia General de la Marina, a los atletas, vestidos y calzados, en las carreras, impulso de la bala, salto alto y salto con garrocha, con jueces trajeados con ternos, además de sombreros de pajilla y bastón, supervisando a aquellos jóvenes en la práctica del deporte de pista y campo.

CAMBIO EN LA HISTORIA

Marcos Oviedo, secretario general de la Federación Venezolana de Atletismo, fue quien nos acicateó para emprender aquel trabajo que nos obligaba a permanecer horas, con guantes y tapabocas, revisando aquellos viejos periódicos de los que había oído hablar pero que no habíamos visto, como El Heraldo, además de El Universal y otros. Oviedo nos contó que una vez la FVA respaldó a una tesista para que hiciese la historia del atletismo venezolano, y aquel trabajo aseveraba lo que se mantenía desde hacía mucho tiempo: que la federación había sido fundada en 1948 por el periodista Andrés Miranda. Sin embargo, pensábamos que debía haber sido antes, puesto que sabíamos que la primera participación de un equipo venezolano en una competencia atlética había sido en 1938, en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Panamá.

Aquella búsqueda nos llevó a descubrir la entrada de Venezuela en el siglo XX, cuando en 1936 murió el tirano Juan Vicente Gómez. Aquellas páginas que se deshacían en nuestras manos nos enseñaron la efervescencia de aquel momento y la participación de todos los sectores del país en aquella nueva nación que emergía del oscurantismo.

El deporte no era ajeno a aquella situación e iniciaron el camino hacia su organización. El atletismo también y en aquella revisión nos encontramos que en 1937 se había fundado la Federación Venezolana de Atletismo y que su primer presidente había sido Leopoldo Márquez.

En El Universal estaba publicada el acta fundacional de la FVA y más adelante encontramos al equipo de atletismo que viajó en barco a Panamá para los Centroamericanos y del Caribe de 1938.

LAS PRIMERAS DORADAS

Atletismo venezolano - Anoldo Devonish
Asnoldo Devonish

En el año 1947, Venezuela participó en los Juegos Bolivarianos celebrados en Colombia, y fue en esa competencia en la que un atleta nacional había subido a lo más alto del podio para recibir una medalla dorada, era el jabalinista José Encarnación “Pachencho” Romero, que era premiado cuando su compañero de equipo, José Tovar, pasaba primero en los 400 metros planos.

Ya para estos tiempos había una importante participación de atletas surgidos de los Juegos Petroleros, entre ellos “Pachencho” Romero, como también el primer medallista olímpico venezolano, Asnoldo Devonish, quien logró bronce en salto triple en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952.

Devonish se fajó con el brasileño Adhemar Ferreira y el soviético Leonid Shcherbakov, pero el brasileño rompió el récord mundial para lograr el oro y, además hizo una buena amistad con el zuliano, quien era esperado por Ferreira en los siguientes Juegos Olímpicos del Melbourne en 1956, pero Devonish no asistió.

Rafael Romero, su primo y sobresaliente velocista, nos contó que Devonish había sido acosado por la Seguridad Nacional y que por eso no se presentó a la importante competencia.

Y fue cierto que Asnoldo fue perseguido por la temida SN, policía política de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, pero no era por problemas ideológicos; ocurría que el zuliano había conquistado a una dama que era la amante de un jerarca de aquel cuerpo policial.

LOS “SUPERDOTADOS

La década de los 60, del siglo pasado, fue un período grandes cambios. En Venezuela se había formado un grupo de atletas, para la guía de los entrenadores Ladislao Lazar, Miroslav Dobrin y Emerico Sustic, que se les recuerda como los “Superdotados”.

Lazar, Dobrin y Sustic habían llegado de Europa del Este, hartos de la guerra y del comunismo soviético y aunque tenían sus roces políticos, trabajaban con mucho profesionalismo para preparar aquel grupo que estuvo compuesto, entre otros, por los velocistas Horacio Esteves, Rafael Romero Lloyd Murad, Arquímedes Herrera, Clive Bonas, Arístides Pineda, además de Juan Ruperto “John” Muñoz, Jimmy Maldonado, Héctor Thomas, Hortensio Fucil, Ramón Bastardo, Roberto Caravaca, Daniel Cereali, Gisela Vidal, Benilde Ascanio y Carmen Brea, entre otros.

Horacio Esteves consiguió correr los 100 metros en 10 segundos exactos y fue reconocido por la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) y fue récord nacional, hasta que el tiempo tomado electrónicamente desplazó a aquellas marcas conseguidas con cronómetros manuales.

Rafael Romero, hijo de “Pachencho”, conquistó la primera medalla dorada para el atletismo en unos Juegos Panamericanos, con su actuación en los 200 planos en los juegos de Sao Paulo.

Luego de aquel grupo que dejó una huella imborrable el atletismo tuvo horas bajas, y volvió a resonar internacionalmente cuando una joven, Yulimar Rojas, también triplista como Devonish, recibió una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro en 2016.

Yulimar Rojas - Atletismo venezolano
Yulimar Rojas – Atletismo venezolano

UNA BREVE VISITA A MÓNACO

El libro Atletismo Venezolano: La historia que no cesa se concretó, en primera instancia, por el respaldo de la Fundación IAF (International Atletics Fundation) y por ello debimos llevar 32 ejemplares a la sede de la Federación Internacional, con sede en Mónaco, antes del 30 de junio.

Enviamos el borrador del libro a una imprenta digital en Barcelona (Fullcolor Print Color SL), claro, con pago por adelantado en euros. Con el temor y la desconfianza revoloteándonos en la cabeza llegamos a Madrid, donde nos alojó Teresa Lara, una amiga ganada en el deporte y que había sido presidenta de la Federación Venezolana de Vela.

Para nuestra sorpresa, acostumbrados como estamos a los incumplimientos de toda clase, las cajas con los libros llegaron el día prometido. Al día siguiente viajamos a Niza. Llegamos, cargados de libros y con poca ropa y justo el día de un juego de la Eurocopa de Fútbol entre Inglaterra y Finlandia, lo cual tenía aquella ciudad patas arriba, un taxista bien pilas habló con policías y con quien se le atravesó y de contramano llegamos al hotelito, para salir dos días después a Mónaco.

Cuando salimos, con aquel peso que representaban los 32 libros (algo más de 40 kilos) en los carriones, nos enteramos que había una huelga de transporte y era una huelga seria, sólo estaban trabajando dos autobuses de una línea privada, uno iba para el aeropuerto y otro para Mónaco. En el bus que nos montamos para trasladarnos al principado iba gente de todo tipo, unos iban a la playa, otros al mercado, además de finlandeses que aún estaban celebrando por su sorpresivo triunfo sobre Inglaterra. Dando tumbos con aquellas maletas al fin llegamos, y con mucha amabilidad fuimos recibidos por el presidente de la IAAF, Sebastian Coe, un personaje de gran prestigio en sus tiempos de atleta activo, además de haberse ganado el título de Sir, por su trabajo como presidente del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Londres.

La premura para recibir el libro se debía a que la gente de la IAAF salía en julio de vacaciones y en agosto debían estar en Brasil para los Juegos Olímpicos.

Ese libro que entregamos en Mónaco y que le firmamos a Coe se convirtió en otro, puesto que, saltando muchos obstáculos, hasta zika, Andrea Herrera fue a Rio de Janeiro y cubrió la actuación del atletismo y la medalla de plata de Yulimar Rojas.

Un segundo tiraje de 1.000 ejemplares salió en Venezuela (Impresos Gabriela), por ello es que hay dos libros con el mismo título, pero con algunos cambios en el contenido.

La Federación Venezolana de Atletismo lo reparte gratuitamente a quien lo solicite.

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