Isabela Méndez, un amor con el teatro y Barcelona

ELIZABETH ARAUJO/ Fotos ALEJANDRO ASCANIO (www.alepho.net )
Actriz, cuentacuentos, escritora, dibujante y cantautora, esta venezolana que desafía desde que el día que nació una atrofia bilateral del nervio óptico por lo cual mira apenas 10% de lo que todos vemos, se mantiene desde hace 14 años en los escenarios, sin lamentos y con alegrías. Este 11 de mayo celebra en “La Casa de los cuentos”, en el barrio barcelonés de Gracia, 30 años de trayectoria escénica con un espectáculo que reúne todas sus facetas de artista

 

La sala contiene la respiración y ese instante de silencio que precede a la actuación le llena de energías. Parada frente a un público cuyos rostros no distingue con exactitud pero que ella siente si están incómodos o relajados, Isabela Méndez inicia su aventura en una propuesta donde la poesía, el baile, la canción, la imitación de voces diversas y la narración apasionada se adueñan del escenario. Una propuesta que junta sus dos pasiones: la actuación y Barcelona, quizás la clave de que esta caraqueña menuda y vivaz, que alguna vez brilló en telenovelas y en el teatro de su país, afirme a través del espectáculo que no ha dejado nunca de ser feliz.

–¿Qué le motivó salir de Venezuela?
–El deseo de aprender, de crecer, salir de mi zona de confort. Soñaba con explorar el método del Actor’s Studio, o de Strasberg. En el Taller del Actor había estudiado desde los 16 a los 19 años el método de Stanislavski con Enrique Porte y Santiago Sánchez. Tras la muerte de mi querido y recordado Enrique, Diana Peñalver enseñó allí un tiempo y tuve la suerte de estar en algunas de sus clases y ver su enfoque grotowskiano, que fue para mí un regalo. Sin embargo yo estaba prendada de Stanislavski y, transcurrido el tiempo decidí salir de Venezuela, aposté por la escuela de Lee Strasberg, con sede en Nueva York.

–¿Había tenido oportunidad de trabajar en el teatro venezolano?
–Las tuve, todas. Venezuela es y será mi madre generosa, frondosa, plena. Me ofreció un mundo amplio, diverso, un paisaje repleto de culturas y a la vez muy criollo. Venezuela y el Arte son mis más antiguos amores. Fui una estudiante de teatro de una rigurosidad que al mirar hacia atrás me impacta: era tremendamente exigente y amaba serlo. El teatro se convirtió para mí en lo más sagrado, entrar en una sala de teatro me generaba sentimientos y sensaciones extraordinarias, y a ello dedicaba mi vida. Aunque mi primera audición profesional para televisión la hice a los 16 años y firmé mi primer contrato, en teatro comencé a audicionar un poco después. Muy pronto estuve inmersa en el teatro profesional, actuando con gente que admiraba, bajo la dirección de gente como Javier Vidal, Orlando Arocha, Luigi Sciamanna, Gilberto Pinto, Santiago Sánchez, Ricardo Nortier, en El Teatro Nacional, La Sala Ana Julia Rojas, La Horacio Peterson, El Theja, La Sala Rajatabla. Tuve la bendición de que mi labor fuera reconocida y premiada, he topado con compañeros que se han convertido en familia, con directores que han sido amigos, maestros. He sido muy afortunada.

 

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–Actriz, narradora oral, cantante y escritora ¿No le parece un currículum formidable para aterrizar en Barcelona y no en Madrid o en Miami?
–Mira, tras haber cursado un año intensivo en la escuela Lee Strasberg, y haber vivido del canto, mientras hacía teatro en Nueva York, a pesar de que en la Gran Manzana contaba con amigos entrañables, lo cierto es que no tenía a nadie de mi sangre. En Barcelona estaba mi hermana, con su esposo de entonces. Vine a visitarles y se me movió el suelo, me di cuenta de que quería estar cerca de ella, y la escala en Barcelona se me antojó más humana que la de Nueva York. El ritmo era mucho más suave. Tener cerca el Mediterráneo, tantas historias, la arquitectura de Gaudí. Todo conspiró y decidí venirme. Luego, con el tiempo, descubriría las ventajas y desventajas de tal decisión. Miami no me llamó la atención y en cualquier caso hubiera sido imposible ya que yo no conduzco debido al tema visual.

–Precisamente, usted abarca una diversidad de espectáculos que la gente le retribuye con aplausos. Pero pocos saben que padece una enfermedad que le impide ver cerca del 70% ¿Cómo se la ingenia para subir al escenario y hacer que no se note su condición, muy desventajosa para alguien que interactúa con el público?
–Sí, yo nací con atrofia bilateral del nervio óptico. Nunca vi más de un 50%, ni en mis mejores tiempos. Por ser una condición del nervio óptico y no de los ojos, no hay forma de corregir a nivel ocular. Eso es malo y bueno. Malo, porque no hay gafas o lentes que me ayuden; y bueno porque así tuve que aprender a remar con lo que había. Mi condición visual es atípica. Son contados los casos en el mundo, así que saber cómo progresa es difícil. Con los años he ido perdiendo agudeza visual, y también he debido adaptarme a ello. Como los camaleones, voy cambiando de piel y de hábitos, y sigo remando. Actualmente veo cerca de un 10%, lo que quiere decir que mi ceguera es de un 90%, según el tipo de luz, los contrastes de los colores y la distancia entre lo mirado y mis ojos puedo ganar agudeza. Eso varía mucho según el entorno y el agotamiento del momento. Ahora bien, yo aprendí a leer los ambientes mejor que mucha gente, porque en mí han despertado otros instintos y mi intuición suele estar alerta. El escenario resulta para mi un entorno amable, seguro, es como una matriz en la que curiosamente puedo dar a luz. Siento la respiración y la energía del público. Quizá por eso me gustan los espectáculos de pequeño formato, así puedo acercarme y ver las caras de la gente. El arte es mi medio, allí me siento en casa. Lo desafiante y complejo es la calle. Eso sí que es a veces inmensamente difícil.

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–Ahora lleva ya 14 años en Barcelona lo que, a la hora de los balances asume que la ciudad le ha dado algo que la retiene. ¿Qué significa Barcelona para usted?
–Barcelona ha sido un amor difícil de conquistar, afortunadamente siento que hoy estamos enamoradas. Un amor que ha crecido paulatinamente. Cada inmigrante tendrá su vivencia; en mi caso, el proceso fue duro, difícil. Primero me topé con barreras legales que no esperaba ya que en EEUU yo pude concursar por una visa especial para artistas y facturar con absoluta normalidad pero aquí no existe nada similar, así que mis papeles demoraron mucho en salir y perdí una extraordinaria oportunidad de hacer televisión. Hice un casting muy importante para el que quedé seleccionada en una teleserie catalana. Estaba yo recién llegada, y no pudieron contratarme de ninguna manera. Eso fue un golpe duro. Durante ese año y medio trabajé de mesera (cosa muy difícil cuando se ve poco, realmente lo sufrí), cuidé a algún niño, hice artesanía, di un par de conciertos… pero me topé con que no podía vivir de la música como lo había hecho en Nueva York, los bares no pagaban casi nada, la diferencia entre NY y BCN en ese aspecto era lamentable. Durante ese tiempo mi escape creativo fue escribir de modo frenético.

–Y llegaron otros desafíos…
–Un día, la vida que siempre es generosa, me hizo tropezar con el formato de los cuentos, gracias a una buena amiga. Descubrí que allí podía crear, crecer, decir, cantar, hacer humor, poesía, caracterizar, conmover, que era un formato fácil de mover y que había muchos circuitos que funcionaban de manera informal. Empecé a estudiar, a ver espectáculos de cuentos, a buscar y a escribir repertorio, a conocer gente del gremio y allí me lancé. He recorrido buena parte de España como invitada a festivales y circuitos de Narración Oral… De eso hace ya más de 13 años. Transcurrido un periodo me vi en la necesidad de narrar en catalán, debo confesar que no me hacía ninguna gracia, porque “contar” en otra lengua implica una desnudez, ya no de la piel, sino de los huesos. En otra lengua sentía que me quedaba sin recursos, sin giros lingüísticos, sin doble sentido, sin acentos, es mucho más arriesgado contar que actuar, porque el cuentero tiene un guión mucho más abierto, permeable al público y sus intervenciones, y así debe ser, no es algo fijo, eso hace que la vulnerabilidad sea más pronunciada. Pero finalmente di el paso, y estoy feliz de haberlo hecho, me ha permitido crecer, arriesgarme, descubrir, le debo mucho a los cuentos.

–En 14 años habrá emprendido toda suerte de actividades para sobrevivir ¿Es fácil para una artista que no es catalana llegar al público con una cultura expresada básicamente en su lengua?
–No es fácil, por eso siempre que algún amigo me pregunta qué me parece que se venga a vivir a Barcelona, le digo que lo haga solo si está dispuesto a aprender catalán y a quererlo. No basta con aprenderlo, creo yo. Decidí contar en catalán y poco a poco me fui enamorando del idioma, quizás porque soy actriz y los actores nos enamoramos de nuestros textos, defendemos y entendemos nuestros personajes, escuchamos cómo hablan entrelíneas, los vemos dormir, los imaginamos en el mercado, en la calle, y si todo eso es en catalán, acabas por prendarte de la lengua. Eso es lo que ofrezco en el escenario y recibo a cambio amor a raudales.

–¿Cuáles son las facetas que más le gusta explotar como artista?
–El arte me seduce, me arrulla, me reta, me inspira, me llena de fuerzas. Amo estar en escena, cada vez estoy más prendada de los espectáculos de pequeño formato en los que tengo a la gente cerca y puedo improvisar, por eso adoro los cuentos. Me encanta el humor, caracterizar voces y acentos. Escribir me fascina, cantar me hace volar, dibujar me apasiona aunque me resulta complicado y doloroso por el tema visual. Me gusta hacer títeres, artesanía modelada y pintada por mí (con lupas), y encuentro que tejer es una manera maravillosa de crear, tender puentes, abrigar y escuchar como las abuelas nos hablan en la pata de la oreja.

–¿Cuáles anécdotas, sean simpáticas o situaciones embarazosas, recuerda que haya sorteado como artista extranjera?
–En un espectáculo de cuentos comencé por contar en catalán y luego pasé al castellano, un chico del público le comentó a la novia que yo para ser catalana actuaba muy bien el acento latinoamericano… jajajaja. Esto me lo contó en el intermedio una amiga que estaba a su lado. Al final, cuando dije que era venezolana, el muchacho no se lo creía, pensaba que estaba actuando. Tuve que acercarme a él y convencerle y nos reímos mucho. Opiniones hay variadas, pero en general, la gente asocia mi tipología con la de una española, y si encima hablo en catalán, no hay más que decir. Otras veces creen que soy argentina, cosa que deja en evidencia que en numerosas ocasiones no distinguen los acentos. Durante los 3 meses que estudié en Inglaterra todos mis compañeros árabes creían que yo era árabe… en Estados Unidos creían que era griega o italiana, y una amiga argentina dice que me veo indígena… En fin, lo que queda claro a la hora de hacer un casting es que en cuanto a mi tipología parece no haber nada claro.

–¿Cuáles proyectos le esperan?
–El 11 de mayo celebraré en “La Casa de los cuentos”, en el barrio de Gracia, 30 años de trayectoria escénica con un espectáculo que reúne algunos de mis cuentos más exitosos, una función que me tiene ilusionada. También estamos ensayando una obra de teatro que dirige Sol Ángel Borrero, la asistencia de dirección la hace Greymar Hernández y en escena estaremos Ernesto Montero y yo. La obra es hermosa, habla del exilio. De resto sigo escribiendo, de vez en cuando publico en YouTube e instagram videos de mi proyecto LA PLURAL, en el que caracterizo distintos personajes. Estoy a la espera de un monólogo al que Irma Borges le está dando forma, creando espectáculos de cuentos y con ganas de publicar mi próximo libro de poesía y microrrelatos.

Elizabeth Araujo es periodista venezolana. Escribe desde Barcelona, España

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