Jordi Évole constata que en Caracas nadie se muere de amor

Aplausos, Jordi, lo lograste!

 

VÍCTOR SUÁREZ –

La conga perseverante de Rocky Dijon y el bajo estrujante de Keith Richards, en Simpatía por el diablo de los Rollings Stones de 1968, dan cuerda al pretendido satanismo con el que se quería envolver al espacio penumbroso escogido para entrevistar al jefe del Palacio de Miraflores, quien se persigna a lo cristiano antes de someterse al inquisidor. “Me sentí como en (la prisión de) Guantánamo”, diría después.

En el programa Salvados, emitido anoche por el canal español La Sexta, las sombras de un par de guardaespaldas vestidos de negro no pudieron ser esquivadas por las cámaras. Un tercer fantasma merodeaba, el asesor económico del régimen, el español podemita Alfredo Serrano Mancilla, y se adosaba al círculo íntimo, el de Cilia Flores, la mandataria, y Ernesto Villegas, ministro de Información que a poco de la filmación de la función, hace un par de semanas, ha sido expulsado del ring a causa de una desventurada empanada engullida en cadena nacional de radio y televisión. Cosas del diablo.

Encantado de conocerte/ Espero que sepas mi nombre/ Pero lo que te desconcierta/ es la naturaleza de mi juego… pugnaba por decir Mick Jagger, pero no se le escuchaba porque el introito elegido era instrumental.

La joven periodista Alicia Hernández, que fungía de productora local para la ocasión, ofreció un diagnóstico increíble, aunque acorde con su naturaleza prematura y reiteradamente enceguecida. ¿Cómo era Venezuela antes del chavismo?, le pregunta Jordi Évole. Y ella, con todo el morro posible, contesta: “Igual que ahora, pero multiplicado a la enésima potencia”. Se refería a la calamidad general, al colapso del que hoy el gobierno tratar de escapar. Si bien el país era “un vergel en los años setenta”, antes del chavismo hacerse del poder, según el espejo maravilloso de Alicia, los males debieron ser terribles e inconmensurables.

Évole calla ante el disparate. A pesar de haber asegurado que esa entrevista había sido buscada durante años, que se había preparado unas cien preguntas y que antes de hacerla se había pateado las calles de Caracas durante cinco días, el presentador de Salvados lució a partir de entonces desinformado sobre la realidad que quería reflejar. O no estaba por la labor. A los señores de la calle les enfocan leyendo Ultimas Noticias, diario del régimen, como los cubanos que leen el Granma porque no hay más. A la señora que administra las cajas de comida a los dignos y callados pordioseros ciudadanos no le preguntan quién le ha otorgado tanto poder para humillarlos. Que decenas de personas se abalancen en las tiendas en busca de algo para comer, todos con un carnet de la patria en mano, no despierta en los productores ninguna inquietud, ni siquiera la sospecha de que ese sea el mecanismo mejor elaborado para el control social. Una señora baja los ojos: Con eso, uno sobrevive.

El diablo de Mijail Bulgakov y de Jagger andaba por San Petetsburgo, o por Petrogrado, o por Leningrado, o nuevamente por San Petersburgo, cuando vio que era el momento de un cambio, y mataron al zar y a sus ministros, y Anastasia gritó en vano. Ahora se cumplen 100 años de aquel disparo de cañón que escupió el Aurora y a Maduro le ha enviado el Partido Comunista de la Federación Rusa una medalla conmemorativa que el día previo a la emisión de la entrevista se engarza en la pechera. Ni siquiera Putin celebra el destello. Sólo él hace ofrenda y estatua a Vladimir Ilich. Solo Evo Morales en Bolivia celebra el centenario junto a Pablo Iglesias y a la Kruskaia Irene Montero. Solo en el barrio de Vallecas en Madrid algunos dinosaurios respetables aplauden la efeméride. Pero, en el barrio de San Agustín, en Caracas, se reúnen tres sexagenarios, suficiente edad para evaluar los daños. Al verlos discurrir, Jordi Évole se maravilla: El nivel de debate político en la mesa de ese bar es acojonante ¡Caramba, qué bien hablan los venezolanos! Iván, el dueño del bar, dice algo que seguro tenía ensayado, en tanto que argumento ideal para espantar moscas cotidianas. Es cocinero, regenta el lar que sirve de escenario, al fondo una pizarra anuncia lo que cuesta la comida del menú (Bs 20.000, 0.33 euros). “No soy chavista, pero no considero a Maduro dictador”. Dicta una clase que deja estupefactos a los españoles que rugen en las redes sociales: “Cuando aquí se forme un zafarrancho, aquí no habrá quien defienda al gobierno, todos se irán a una embajada”. Como Puigdemont vía Bruselas. Unos dicen que sí, otros dicen que no, el caso es que nadie se muere de amor.

Entonces Iván le dice a Évole lo que no le dirán jamás en los palacios ni en la lobreguez de sus andares.

– (Chávez, Maduro, merengues del otro siglo…) Me enseñaste a leer pero no quieres que lea; me enseñaste a escribir pero no quieres que escriba; me enseñaste a hablar, pero no quieres que hable. Si hablo y escribo soy de derechas. Si hablo y leo, soy un traidor.

No se sabe si en La Sexta TV eliminaron el segundito que decía: ¡Iros a la mierda!

Es lo mismo que piensa, sin que Évole les ausculte, 85% de los venezolanos.


Maduro atrapado en las redes

OMAR PINEDA –

Como era de suponer, fue trending topic en las redes sociales durante una hora, pero nadie salvó a Nicolás Maduro en la entrevista de Jordi Évole, anunciada con gran expectativa en España y Venezuela, y que causó revuelo por el tono, si se quiere, solemne, aunque polémico, que mantuvo el periodista de La Sexta ante un personaje que no hacía más que repetir tópicos que lo definen como un mandatario con escaso bagaje político.

Los usuarios de Twitter que intervinieron en #MaduroEnSalvados reaccionaron en una línea que iba del cuestionamiento a la burla, dado que el presidente venezolano se mostró a veces desarmado ante la pasividad de Évole, a quien no le sirvieron como respuestas los lugares comunes que el mandatario reitera en sus actos públicos.

Paciente, como quien espera que el adversario caiga por sus mismas contradicciones, Jordi Évole generó en los tuiteros las respuestas que seguramente quiso ofrecerle al hombre que se define como obrero y demócrata. Un ejemplo de los desaciertos de Maduro, lo ilustró el periodista venezolano Nelson Bocaranda (@nelsonbocaranda) al comentar: “Maduro dice que una dictadura es aquella que no permite la libertad de expresión y así niega que eso pase en Venezuela”. Mientras que alguien, identificado como Kim Jong-Un (@DictadordeCorea) criticaba al presidente que dijo sentir dolor cuando cayó muerto el chico de La Carlota (David Vallenilla), “a los que no saben, él se había burlado llamándolo drogadicto hasta que supo quien era”. El usuario @Sueco resumió que “el cuarto de hora de conversación de los tres venezolanos con Évole tiene más valor que todo lo que se ha dicho de Venezuela aquí en los últimos cuatro años”, refiriéndose al aparte de tres parroquianos en un bar de San Agustín, en Caracas. Toni Mejías (@TonielSucio): “Están tan acostumbrados a preguntas pactadas y/o respuestas mecánicas y vacías, que cuando tienen en frente una persona que cree realmente en lo que dice, quedan en evidencia”.

Sin embargo, hubo reacciones como la de Sergio Gregori (@SergioGregoriM) quien acotó “Évole muestra el caso de unos manifestantes que atacan con violencia un organismo público. ¡Una base militar! Aún así, Maduro explica que el policía que ejerció la violencia está preso. ¿Qué pasaría en España si se ataca una base militar así?”. A Bartolomé MariMayan (@Bartolomemari) no le agradó la entrevista: “Lo he intentado ver, pero es infumable. Menuda mierda de programa. Sin rigor, sin verdad y sin vergüenza”. No salió en defensa de Maduro, pero la reacción del dirigente de Podemos Ramón Espinar (@RamonEspinar) parece apuntar en ese sentido: “¿Se prestaría Mariano Rajoy a una entrevista como #MaduroEnSalvados sobre las últimas informaciones de la UDEF en la Comisión del Congreso?”; a lo que Javierrrrrrr (@javierincera1) le responde: “javierrrrrrr‏ “Se atrevería Pablo Iglesias a una entrevista con Jiménez Losantos? Pues eso”. Por cierto, AndoniColín‏ (@larruskain18699) dijo que “el nivel de debate en un bar de Caracas es mayor que en el Congreso de los Diputados. Ver para creer”.

Finalmente un Jordi Évole‏ (@jordievole) satisfecho resumió su experiencia con una frase: “Un lujazo haber podido entrevistar al presidente @NicolasMaduro. Y gracias por la amabilidad de todos los venezolanos con los que conversamos. El próximo domingo, más Maduro”.


 

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