Gracias al Centre d’Aide aux Familles Latino Américaines de Montreal, la periodista Cynthia Rodríguez reunió a mujeres inmigrantes que se afanan en transmitir a los hijos los secretos de la cocina familiar, plasmados en “Relatos y Recetas; historias y sabores de la inmigración latinoamericana”. Un libro que sirve para recordar a la nueva generación, el país de donde vienen sus padres

Elizabeth Araujo

Desde 1998 reside en Sidney una médico nacida en Cumaná, que cada diciembre se esmera en cocinar decenas de hallacas “como las hacía mi mamá”. Más que una forma de obtener ingresos extras, ella lo ve como un tributo a quien ya no está; pero es también un viaje a la nostalgia de la tierra que lleva años sin visitar, y cuyo vínculo físico se limita a mensajes de cumpleaños, una banderita tricolor en la mesita de noche y la colección de fotos gastadas en la pared con familiares que sonríen, sin saber que llevan años de fallecidos.

No es fácil vivir fuera de la tierra que nos vio nacer sin derramar una lágrima o compartir una sonrisa. Sea porque viaja en busca de un futuro mejor o por razones políticas, lo primero que se lleva alguien que abandona su hogar son los olores de la cocina familiar, el ritual navideño alrededor de la mesa y los secretos culinarios de la abuela, o de la mamá o de la tía con imaginación frente al fogón.

De eso sabe mucho Cynthia Rodríguez, una venezolana que, junto a su esposo, también periodista y su hija, tuvo la suerte de ver los spoilers de lo que vendría después que Hugo Chávez se juramentara sobre “la Constitución moribunda” y prometiera una revolución. Cynthia Rodríguez y Rafael Osío  recuerdan, desde su hogar en Montreal, que vivieron cosas nada agradables en los primeros años del chavismo, hasta que llegaron al punto en que comprendieron que sus sueños no estaban incluidos en el programa de la revolución bolivariana. “Sencillamente, nuestros planes no iban en la misma dirección, así que decidimos emigrar y entre las opciones de algún país en el fuéramos bienvenidos, escogimos Canadá”. Lo demás se dice rápido: unos amigos les aconsejaron lo que debían hacer legalmente para quedarse y, tras una visita a Quebec, terminaron flechados por la capital. Han vivido, tenido sus hijos y desarrollado sus oficios profesionales en Montreal, con apuros pero sin quejas.

UNIDOS POR EL OLOR Y EL SABOR

En Relatos y Recetas; historias y sabores de la inmigración latinoamericana en Montreal, Cynthia Rodríguez recopila recetas y experiencias migratorias de un grupo de mamás provenientes de diferentes países de América Latina.

“Como madres que vamos a criar a nuestros hijos en una realidad distinta a aquella en la que nosotras crecimos, creo que tenemos varias responsabilidades y una de ellas es transmitir a nuestros niños las raíces de nuestro lugar de origen”, explica esta antigua reportera del diario El Nacional, en Caracas, y cuya experiencia abarca también el área de promoción cultural. Rodríguez sabe que como inmigrantes en la tarea de integrarse (que es dura y nunca termina), “creo que tenemos dos principales vías para lograrlo: una, por supuesto, la lengua. La otra, es la comida. Por eso quise hacer un libro en el que las mamás pudieran compartir esas recetas de sus países de origen que tienen un valor especial para ellas en sus hogares y que sus hijos disfrutan aquí, en el país de acogida”.

EL ARTE DE ESCUCHAR

Tras visitar con frecuencia el Centre d’Aide aux Familles Latino Américaines de Montreal, Cynthia Rodríguez halló uno de los lazos que unen a la inmigración latinoamericana: la cocina. “La experiencia de emigrar, que, siempre es diversa y te marca mucho, te invita a descubrir cosas nuevas. Así que, entrevistando a esas mamás yo misma aprendí muchísimas cosas sobre mi propia travesía. Las escuchaba y pensaba: bueno, para ella todo es más sencillo. Mientras con otras lo que sentía era: guao, qué suerte tuve yo que no tuve que pasar por eso. Oír a esas mujeres te da una idea de cómo es esto de emigrar”.

“El libro surgió de lo que vi en los encuentros de las mamás de CAFLA. Oírlas hablar de sus historias personales activó esa especie de “app” que todo periodista y editor lleva preinstalada, que te hace decir: “esto hay que escribirlo”, “esto es un libro”. En otro de esos encuentros tuve la oportunidad de probar comida hecha por varias de ellas y me di cuenta de que les entusiasmaba mucho hablar de la cocina. Así vino la idea de hacerlo. El resto fue proponerlo al organismo y ellos lo recibieron inmediatamente con los brazos abiertos, les encantó desde el principio. Contamos también con el apoyo de Tuta&Coco, la empresa de Gabriella DiStefano, artista venezolana residenciada aquí en Montreal, que hace piezas de arte a partir de dibujos de niños. Ellos se encargaron de ilustrar el libro con las creaciones de los hijos de las mamás entrevistadas y de todos los aspectos gráficos y de impresión, así como de la versión del texto en francés. Tuvimos luego el desafío de encontrar los fondos para la imprenta (el resto del trabajo fue voluntario), pero contamos con la suerte de obtener una donación del vecindario donde opera CAFLA. Fue un proceso armonioso que tomó un par de años, pero logró enamorar a cada uno de los involucrados y eso fue clave para el producto final”.

 Rodríguez señala con modestia que no ha inventado nada. Simplemente se sentó a escuchar los relatos de madres colombianas, ecuatorianas, hondureñasy de otros países o a otras venezolanas, quienes les revelaban por qué ponían ají en un arroz o que las pupusas salvadoreñas no son más que las arepas venezolanas. La periodista se adelanta a responder a quienes podrían indicarles que cualquier recetario se podría encontrar en internet.

 “Sí, es cierto que muchas de las recetas que figuran en este libro pueden hallarlas en Internet. Pero no la experiencia que narran las mamás entrevistadas. Pienso que leer a estas mujeres cómo narran historias personales diversas y luego poder preparar la receta que ellas se trajeron de sus países de origen es una experiencia única. Adicionalmente, algunas de las recetas plasmadas en el libro son versiones muy personales de la receta original, como sucede por ejemplo con mi aporte: las arepas de plátano que me hacía mi hermana. Creo que estas recetas reunidas hacen de este libro pequeño tesoro culinario”.

 LA HORA DE AGRADECER

Relatos y Recetas; historias y sabores de la inmigración latinoamericana es también, según Cynthia Rodríguez, un agradecimiento. “Lo hice como regalo para una organización sin fines de lucro, CAFLA (Centro de Ayuda a las Familias Latinoamericanas), que se encarga de ubicar a quienes llegamos aquí y no manejamos tanto el idioma o no sabemos exactamente qué hacer o dónde ir. A través de sus programas, colaboran sobre todo con las madres de niños de entre 0 y 5 años (para prevenir el aislamiento del que muchas de esas madres recién llegadas son víctima) y con los adolescentes en escuelas públicas (con quienes trabajan en el tema de la deserción escolar, entre otros). Está dirigido en principio a todo el que quiera tener una idea de cómo es emigrar a Montreal como familia y también a quienes les interese hacer un vuelo por la cocina latinoamericana más cotidiana, lo que los latinos comemos a diario en nuestras casas”.

 La autora dice que su libro puede ser leído obviamente como un particular recetario, pero advierte que al mismo tiempo pretende conservar el legado implícito de cómo la receta de una abuela, de una tía o un familiar que no está en Montreal termina recreándose en la cocina.

 “Yo lo veo un poco como una manera de sentarnos a la mesa con la familia que dejamos en el país de origen cada vez que cocinamos sus recetas. Eso para un emigrado vale oro puro”.

Para Cynthia Rodríguez, más que la idea de recuperar un legado se trata de transmitir esos secretos culinarios familiares a la siguiente generación. La directora de CAFLA, Cecilia Escamilla, quien también dejó plasmado su testimonio confiesa cómo su hija, que creció en Montreal, le pedía siempre que le cocinara pupusas (una especie de arepa salvadoreña) y ahora las prepara para su hijito. Para ella, ese es el tipo de experiencia  que creo que este libro ayuda a preservar. “Si ese intercambio cultural además viene sazonado con ajo, cebolla y ají, endulzado con papelón y perfumado con cilantro, nos damos cuenta de cuánto tenemos en común como mujeres, como cocineras y como mamás”.

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