De la imbecilidad como argumento ideológico

Elizabeth Araujo

elizabeth-araujoDistraigo la atención, ya no para reflexionar acerca de los desastres que a diario comete el gobierno de Maduro, sino para expresar mi asombro por el saboteo, protagonizado por un centenar de encapuchados –o enmascarados– que impidieron la presencia del expresidente Felipe González en la Universidad Autónoma de Madrid.
Para quienes pudimos ver por televisión las escenas violentas de los jóvenes que gritaban “Felipe fascista”, pero actuaban precisamente como tales, nos dio cierto deja vu en la forma de actuar de los colectivos chavistas que, a esa hora precisamente en Caracas, bloqueaban con un camión la entrada de la Asamblea Nacional.

Justamente por haber sido testigos en Venezuela de peores desmanes cometidos en nombre de la revolución bolivariana, este acto de clara identificación ultraizquierdista, nos puso a reflexionar acerca de lo dañino que han sido los vínculos de Podemos, y de la agrupación anticapitalista CUP, en Cataluña, con el chavismo, antes y después de la muerte del Gran Destructor Nacional.
Lo del pasado miércoles constituye una peligrosa deriva totalitaria que ha disparado las alarmas en una Europa atenta a los ascensos del populismo, sean de izquierdas o de derechas, más aun cuando un personaje como Pablo Iglesias lo consideró un “síntoma de salud democrática”, mientras el portavoz del Partit Demócrata Catalán en el Congreso, Francesc Homs, lo calificó como una simple protesta estudiantil, al tiempo que acusó la presencia de Felipe González en la Universidad como una “provocación con patas andando”. Para que lo sepan: hay imbéciles regados en todas partes. Lo peligroso es que esos imbéciles lleguen alguna vez al poder.

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