La Stampa: Bandas armadas y miseria, la pesadilla de la guerra civil

Bandas armadas y miseria, la pesadilla de la guerra civil
Neumáticos quemados bloquean el paso en la Autopista Francisco Fajardo en Caracas. Foto/La Stampa
PAOLO MASTROLILLO – LA STAMPA –

A la puesta del sol, la plaza Altamira está iluminada únicamente por fuegos encendidos por el aluvión de protesta de los jóvenes contra el gobierno de Chávez. Botellas molotov en mano, pasamontañas en la cara, apenas han saludado a la última víctima de la represión, el estudiante de veinte años de edad Juan Pernalete, muerto por una bomba de gas lacrimógeno que le golpeó en el pecho. La policía bloqueó las calles, pero después de treinta muertes en el mes, esta noche al menos los dejan. Es la imagen de una Venezuela llegó a una encrucijada, entre la pesadilla de una guerra civil que ya se vislumbra y la perpetuación del chavismo como una dictadura militar, o una solución de compromiso político que nadie todavía es capaz de imaginar.
La aceleración del conflicto comenzó a finales de marzo, cuando el Tribunal Supremo, ligado al régimen, trató de privar de sus facultades a la Asamblea Nacional, el parlamento, donde la oposición tiene una mayoría de dos tercios. Dicen que lo hizo para otorgarle al presidente poderes necesarios para garantizar los préstamos solicitados a Rusia, necesarios para evitar el estado de quiebra de un país muy endeudado. Esa sentencia torpe del TSJ ha sido denunciada incluso por la fiscal general Luisa Ortega Díaz, y fue levantada unas pocas horas más tarde, pero la oposición la ha convertido en motivo de la revuelta. A partir de entonces la oposición se lanzó a las calles todos los días, con eventos que apuntan a forzar al gobierno a aceptar nuevas elecciones. Claro que Maduro va a perderlas, porque las encuestas más generosas no le dan más del 20% de los votos. Por esta razón, el régimen respondió con represión, y podría continuar o amargarla, para borrar las elecciones presidenciales que en teoría deberían llevarse a cabo el próximo año.

II

La pobreza está alimentando el crimen violento, el momento más grave de esta política. Todos los días mueren en Venezuela cerca de 80 personas asesinadas por el hampa, y Caracas se ha convertido en la ciudad más peligrosa del continente. A esto se suman los colectivos, grupos paramilitares que defienden el régimen disparando a los oponentes. Se los reconoce en la calle, cuando pasan zumbando sobre motocicletas de alta potencia sin matrícula. Están armados, y ahora no sólo son utilizados para reprimir las manifestaciones de los opositores, sino también para controlar los barrios”, donde el apoyo al chavismo se está desvaneciendo y crece el deseo de desbordarse en la capital para hacer estallar el descontento.

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