“Los indeseables”, próxima serie de Netflix

ELIZABETH ARAUJO
No es una serie de Netflix, pero algún día lo será y posiblemente lleve un título similar. Poco importa, porque para entonces los nicaragüenses habrán abierto los ojos y puesto fin al reinado de los Ortega, esa familia de aves rapiñas, que este fin de semana coronó su ambición de un cuarto mandato presidencial. Un triunfo exprés, puesto que el mismo Ortega se ha encargado de decapitar sistemáticamente a la oposición aplicándoles tenazas legales, al punto que no concurrieron al proceso electoral, ya que la mayoría de sus líderes fueron proscritos y sus organizaciones partidistas ilegalizadas. Quienes lo enfrentaron no eran más que partidos títeres que sirven de comparsa para legitimar el proceso.
Como versión tropical de los maquiavélicos Frank y Claire Underwood, de la serie “House of Cards”, Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo se han convertido en una pareja fatal, cada vez más enriquecida con el tesoro público, la complicidad de una burguesía timorata y la corrupción de unas fuerzas armadas que, como la venezolana, solo piensa en dólares, lujo y mujeres.
Devenido héroe máximo, entre los nueve comandantes del Frente Sandinista de de Liberación Nacional, que pusieron fin a la dictadura somocista, Daniel Ortega, tras perder tres procesos electorales, alzó su vuelo y como águila hambrienta desmanteló la estructura democrática que recién se instalaba en Nicaragua, y ahora, después de 15 años, los Ortega se hacen una vez más de la presidencia.
Para que todo esto de facilitara, en 2011 la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia declaró en contra de la Constitución que Ortega podría reelegirse para el período 2012-2016. En 2014, la Asamblea Nacional, en poder de los sandinistas, reforma la Constitución, y aprueba la reelección permanente. Así la estrategia de Ortega ha consistido en eliminar a la oposición, y alimentar a partidos satélites. Para completar la guinda de su reinado el 31 de julio pasado nombró como compañera de fórmula a Rosario Murillo. Para muchos, una mala imitación al que desarrolló el PRI en sus mejores tiempos. Mantiene una alianza clara y decidida con la burguesía nacional, a cambio de que no aspiren al poder político, y con los diversos sectores populares que están incorporados al partido, a quienes mantiene cercanos mediante dádivas y concesiones.
Como Frank y Claire Underwood, Daniel Ortega y Rosario Murillo se consolidan en el poder donde sueñan con no abandonarlos jamás. Alerta, Venezuela.

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