Malmetimientos

ATANASIO ALEGRE –

No sé si fue uno de estos sábados, previos a Navidad, cuando el papa Francisco cumplió ochenta años, pero de lo que estoy seguro es de que fue el sábado que antecedió a Navidad cuando un grupo representativo de cardenales asistió en la Capilla Sixtina a la misa en honor del cumpleañero bajo la invocación del salmo 118: “Este es el día que ha hecho el señor, alegrémonos”.

Como es sabido, el Vaticano está regido desde 2013 por un jesuita y los jesuitas, desde hace unos meses, por el padre Arturo Sosa, un jesuita venezolano, de quien se duda si es más jesuita que venezolano o al contrario. En lo que coinciden el papa Francisco y el Prepósito General de los jesuitas es en esa costumbre -buena o mala- que tiene la iglesia de hablar mal de los ricos y bien de los pobres, aunque las razones sean diferentes en ambos casos.

Hay quien insinúa que el candidato que debía haber resultado elegido como Prepósito General de los jesuitas podría haber sido el Padre Luis Ugalde, ex rector de la UCAB, uno de los lideres imprescindibles en la Venezuela actual. Pero como es conocido, la Orden de San Ignacio de Loyola fue fundada para la defensa del papado cuando surgió la Reforma luterana y tal vez en ello supere el padre Sosa al padre Ugalde en relación al progresismo que ostenta el primero. Pero sea como sea la cosa, lo que se sabe es que tanto el papa Francisco como el nuevo prepósito de los jesuitas, Arturo Sosa, son simpatizantes, cuando menos, de la llamada Teología de la Liberación, tan finamente entrelazada con el marxismo de salón que publicitariamente se ha ido incrustando bajo la influencia de la Escuela de Frankfurt en el pensamiento de los llamados progresistas. La sutil influencia del marxismo de la Escuela de Frankfurt -para dar idea de lo que digo- ha hecho mayor mella en quienes confrontan dificultades con su propia identidad. Tal es el caso de alguien tan disimuladamente a tono con los postulados progresistas como el Presidente Obama, quien durante los ocho años de residencia en la Casa Blanca cambió la expresión Merry Christmas por la de Happy Holidays; un detalle, pero un detalle que autoriza preguntas como esta: ¿A quién molestaba el tono religioso de la salutación navideña?

Claro que en esto, el nuevo Prepósito General de los jesuitas ha sido más explícito, si se tienen en cuenta sus primeras declaraciones en relación a la situación de su país poco después de su elección, en perfecta consonancia con su papel como mentor de Hugo Chávez. Su presencia, por otra parte -la de Sosa, digo- en los días pascuales en Venezuela no ha dejado dudas al referirse al dramatismo en que está envuelta la sociedad venezolana, la cual se resolvería si se conociera el calendario electoral del que depende la vigencia de la democracia, sin que importe, por lo visto, con qué tipo de Consejo Electoral o bajo qué inducción deberían llevarse cabo las nuevas elecciones. A no ser que sus palabras no encajen dentro del contexto en el que debieron ser pronunciadas. O que alguien se esté malmetiendo con ellas.

Lo del calendario, dado que los jesuitas suelen anticiparse al mismo, si se tiene en cuenta la forma como suelen adelantarse a los acontecimientos, parece ser otra de las preocupaciones del papa Francisco, ya que durante el plazo de cinco o seis años para la reformas que requería la Iglesia no parece haberse avanzado lo suficiente. Y lo que se ha llevado a cabo, ha resultado a contracorriente. Al menos en relación a la autorización de que los divorciados que han vuelto a contraer matrimonio puedan recibir el sacramento de la comunión, por cuanto cuatro cardenales conservadores -pero de indudable influencia- el alemán Joachim Meisner, el norteamericano Raymond Burke y el italiano Carlo Caffara, han elevado la voz en un escrito enviado personalmente al papa Francisco expresando su preocupación por la desorientación que esta medida puede crear en la Iglesia, con la advertencia de que “somos los administradores del misterio divino, pero no los modificadores del mismo”. El Papa ha guardado silencio, pero ha aludido en una de sus alocuciones a “la solapada resistencia,” en torno a las reformas. Habrá que tener en cuenta que en el Vaticano, la callada por respuesta es una forma espesa de diplomacia. De tal manera que ello explica la referencia del papa Francisco a algunos de su íntimos “de que alguien comience a pensar en él como el iniciador de un cisma en la Iglesia”. ¿Incomprendido en sus propósitos de alentar una reforma?

¿Y si el mundo no funcionara mejor sin religión?, dicen quienes quieren sustituirla por la justicia social. Aunque es una pregunta sin posible respuesta, sirve de aliento a quienes pretenden explicar el origen de la violencia en que nos encontramos inmersos. Pero eliminar la violencia, sustituyéndola por la paz -tal como fue la prédica durante esta Navidad del papa Francisco-, es una de las funciones fundamentales de la religión, siempre que esta no se convierta -o la conviertan- en el correlato de una ideología. Una situación, por cierto, con la que va a tener que habérselas muy pronto el nuevo Presidente de la nación más poderosa del mundo.

Pero dejemos las cosas de este tamaño, no sea que yo mismo comience a malmeterme, de acuerdo a otra de las palabras que comienzan a copar la escena, en asuntos que son de la incumbencia de los especialistas.

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atanasio9@gmail.com – De la Academia Venezolana de la Lengua

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