Mexicanos están destinados a convivir con los sismos

REDACCIÓN/ LETRAS LIBRES
En entrevista que justamente la revista digital Letras Libres publicó el pasado martes 19 de septiembre, día cuando se registró el atronador terremoto (razón por la cual no se menciona este último desastre), la doctora Xyoli Pérez Campos, jefa del Servicio Sismológico de México subraya lo impredecible de los sismos y el hecho de que la capital de este país por estar asentado en lo que era un antiguo lago, con una capa de sedimentos bastante importante, las ondas se amplifican enormemente

Conversamos con la jefa del Servicio Sismológico Nacional, Xyoli Pérez Campos, respecto al sismo del 7 de septiembre, sus comparaciones con el sismo del 85, el trabajo de la red de monitoreo y los desafíos de divulgación de información fidedigna y verificable.

Es muy sencillo obviar que vivimos en un país altamente sísmico. Grandes franjas de costa, la Ciudad de México, localidades dispersas por el territorio, todas resienten las vibraciones de un planeta indócil. A las 11:49 de la noche del 7 de septiembre de 2017 experimentamos un sismo de magnitud 8.2 que impactó con mayor severidad y daño a poblaciones en los estados de Oaxaca, Chiapas y Tabasco. Provocados por este trágico evento, circularon informaciones falsas y “predicciones” sobre temblores futuros.

Para la jefa del Servicio Sismológico de México, Xyoli Pérez Campos, la fuerza de un sismo está determinado con la magnitud: el tamaño, energía liberada por el sismo. La cercanía, la distancia al epicentro; y el efecto de sitio.

Sorprendidos e interesados por la proliferación de inquietudes traducidas en rumores, además de pendientes de un aniversario más del sismo de 1985, conversamos con la doctora Xyoli Pérez Campos, jefa del Servicio Sismológico Nacional. Le preguntamos por el sismo del 7 de septiembre, sus comparaciones con el sismo del 85, el trabajo de la red de monitoreo y los desafíos de divulgación de información fidedigna y verificable.

-El sismo del 19 de septiembre de 1985 fue devastador. El sismo del 7 de septiembre, aunque de magnitud mayor, no causó esa misma cantidad de daño. ¿A qué se debe?
-Fue un sismo más grande, en términos de tamaño, de energía liberada, de magnitud 8.2, que fue efectivamente es más grande que el de 1985. En las zonas epicentrales, tanto el del 1985 como el del pasado 7 de septiembre, fueron muy devastadores. Conforme se alejan del epicentro, los sismos son menos intensos. El movimiento del terreno es menos violento y genera menos daño. Para el sismo del 85, estábamos a menos de 400 kilómetros de distancia. Para este sismo, la ciudad de México está a más de 650 kilómetros de distancia. Esa diferencia en distancia hace que el sismo en la ciudad de México haya sido menos intenso a pesar de haber sido un sismo de magnitud mayor.

-¿La devastación entonces, tiene que ver con el epicentro?
-Tiene que ver con tres cosas. Uno, la magnitud: el tamaño, la energía liberada por el sismo. Dos: la cercanía, la distancia al epicentro. Y la tercera, es el efecto de sitio. Si al pasar por un sitio en específico las ondas no tienen mayor afectación siguen su camino, atenuándose. Pero si estamos, por ejemplo, en la Ciudad de México, en lo que era un antiguo lago con una capa de sedimentos bastante importante, las ondas se amplifican enormemente.

-Hablamos de magnitud. La escala de Richter ya no se utiliza más. ¿Cómo cambia la nueva escala de magnitud?
-El doctor Charles Francis Richter diseñó la escala en los años 30. La diseñó usando datos de equipos de los años treinta, para sismos que ocurrieron y fueron registrados en California. Después de este trabajo del Dr. Richter, cada agencia que reporta sismos y que calcula magnitudes calibró una escala a sus efectos locales, a su geología local. Y la escala se ha ido modificando porque los equipos ya no son los mismos. Responden diferente y se han ido adecuando. La escala actual no es la escala original aunque todas las escalas están calibradas a que sean equivalentes con la escala Richter.

-Entonces, 8.2, en términos de energía, ¿qué significa? ¿es traducible a algo?
-Sí, es traducible. En relación, por ejemplo, a las bombas de Hiroshima que sirve como referente, fue tres unidades de magnitud diferentes. Una primera unidad son 32 veces la energía. Una segunda unidad son 1000 veces la energía. Tres serían 32000 veces más que una bomba de Hiroshima.

-En las conferencias que dieron posteriores al sismo informaron que no se trató de un provocado por el choque de placas. Fue otro tipo de motivo. ¿Puede explicarnos cómo fue?
-Te lo voy a dibujar. La doctora Pérez Campos trazó sobre una tarjeta un diagrama muy similar a este sismos). Una es la placa de Norteamérica. La otra la placa de Cocos. La placa de Cocos se está metiendo por debajo de la de Norteamérica. Un sismo inter placa, de contacto o de subducción, ocurre en la zona de la interfase, donde las dos placas se friccionan una con otra. De tal forma que cuando ocurre el sismo, una se mueve hacia abajo y la otra se mueve hacia arriba. Los sismos inter placa, de contacto son los más grandes. El de Japón, el de Chile de 9.5, es de contacto, inter placa. El de Alaska de 9.0 también fue de ese tipo; el de Sumatra también fue de ese tipo. El sismo del 7 de septiembre ocurre acá, dentro de la placa. Algo dentro de la placa hace que se mueva y uno de los bloques que la compone cae, y otro bloque sube; pero al interior de la placa. Y es raro que haya sismos de magnitudes tan grandes como este que sean inter placa.

-Hay frases recurrentes que acompañan a los temblores. Una par de ellas, muy repetidas, es la que describe al fenómeno como “sismo oscilatorio o trepidaotrio”. ¿Esos son conceptos que la sismología utiliza?
-No, no son conceptos que utilicemos, ni siquiera se usa el término. No estamos seguros de dónde se originó, se escucha muchísimo y es común de México, pero no en otros países latinoamericanos o de habla hispana. Nosotros no usamos esos términos para referirnos al movimiento. Cada onda sísmica tiene su movimiento característico. Las ondas sísmicas producen movimientos horizontales y movimientos verticales, no suceden al mismo tiempo, porque primero se generan las ondas P, que generalmente se siente verticales. Y luego llegan las ondas S, que generalmente se siente horizontales. Luego llegan las ondas Love y las de Rayleigh, y unas se sienten horizontales y las otras verticales. Entonces no necesariamente sentimos todo el tipo de movimiento al mismo tiempo; puede ser que lo sintamos primero uno y luego el otro, pero el sismo generó todos los movimientos

-Para que un sismo califique como sismo, ¿tiene que haber una presencia de ciertos tipos de fuerzas? ¿O simplemente con registrarse ya es un sismo?
-Si es un movimiento, si tuvo una liberación de energía, es un sismo. Como la escala de magnitud es una escala logarítmica, hablamos de sismos de magnitud siete u ocho, pero hay sismos de magnitud uno, cero, menos uno, y son sismos muy pequeñitos cuya energía es muy pequeñita, pero también son sismos.

-¿Los sismos son un fenómeno mucho más común de lo que la gente cree?
-Sí, en el año 2016 se registraron 15.560 sismos. En promedio andamos reportando unos 40 sismos al día. Ocurren todo el tiempo. La gente de la costa no me dejará mentir, sienten sismos muy seguido. Hay más sismicidad de la que reportamos. Pero claro, los sismos grandes no son tan frecuentes.

Cada onda sísmica tiene su movimiento característico. Las ondas sísmicas producen movimientos horizontales y movimientos verticales, no suceden al mismo tiempo, porque primero se generan las ondas P, que generalmente se siente verticales.

-En términos del estudio de la sismología, ¿qué ha cambiado del sismo de 1985 a la fecha? ¿Cómo y cuánto ha avanzado la sismología?
-Ha avanzado enormemente. Esta mañana leí un artículo sobre el sismo de 1985, en el que mencionan que ocuparon para el estudio 117 réplicas que captaron con estaciones que instalaron en el momento; estaciones que registraban en papel ahumado. Imagínate: haber ido a campo en aquel entonces, cargando unos tambores enormes de rollos de papel, con los utensilios para ahumar el papel. Ya en el campo, tenían que ahumar el papel, ponerlo a registrar y al día siguiente quitar el papel con mucho cuidado para no quitar el tizne; lacar el papel para fija la señal y luego con mucho cuidado tratar de distinguir entre los trazos de la plumilla dónde había réplicas. Era un trabajo artesanal.

Ahora el equipo es del tamaño de una lata de refresco, con un registrador que es del tamaño de una tableta. Recibimos datos digitales que se pueden amplificar y analizar. Una de las preguntas que nos repiten es cómo se compara el número de réplicas el 85 con este. Si esa era la tecnología con la que se registraban los sismos entonces y la red nacional tenía muy pocas estaciones, la comparación no es justa. Porque seguramente en aquel entonces registraron muy pocas réplicas comparadas con las de ahora, pero por una cuestión instrumental, no necesariamente del fenómeno natural.

Otra cosa que este paso a los datos digitales nos ha permitido es entender muchísimo mejor la información. En aquel entonces el estudio de la fuente –el cómo se rompió, cómo se deslizó, qué tanto, para donde se fue la energía –,era muy rápido pero era una observación muy gruesa. Ahora se le ven los detalles más finos.

-En cuestión de monitoreo, ¿el país está bien cubierto, o hay zonas de silencio que no estén bien monitoreadas?
-Si pensamos que el objetivo es detectar los sismos grandes, tenemos una buena cobertura. Tenemos 63 estaciones propias.

-¿Nuestra red de monitoreo es comparable con la de otros países, por ejemplo Japón o Chile?
-Japón tiene 1,200 estaciones en su territorio, en una red. Tiene más de una red, son como tres redes, y aproximadamente 1,200 equipos por red. Entonces no, no nos podemos comparar con ellos. Con Chile, sí: en términos de instrumentación, de espaciamiento entre estaciones, de operación incluso, nuestra red es más o menos similar. De hecho tenemos una buena colaboración con ellos.

-Y con los avances tecnológicos, ¿qué ha cambiado en cuestión de detección? ¿Qué tecnológicos, qué esperan?
-En los últimos diez años ha avanzado muchísimo y esto tiene que ver con la capacidad de cómputo y con el avance tecnológico de los instrumentos. Antes lo que se guardaba en otros lados y en todos los servicios sismológicos y en todos los experimentos era solamente el pedacito de dato que correspondía al sismo de interés. Desde hace más de diez años, unos 15 veinte años, se empezó a guardar todo el registro continuo, es decir, todo lo graficado. Esto ha permitido a los investigadores desarrollar nuevas técnicas de estudio del interior de la Tierra y de detección de eventos.

En el año 2016 se registraron 15.560 sismos. En promedio andamos reportando unos 40 sismos al día.

-Hasta el momento van casi cien víctimas en las comunidades de las costas. ¿Qué serviría ahí, mejores normas, una red de alertas…?
-Desafortunadamente la alerta no ayudaría a las comunidades cercanas a la costa. La alerta se basa en que el sismo ya pasó. Y un sensor cercano al sismo lo detecta y avisa a lugares lejanos. Todas las alertas sísmicas están basadas en ese mismo concepto. No sirven para la zona local, sirven para zonas alejadas, por eso sirven para sitios como la Ciudad de México. En las comunidades de Juchitán o San Mateo del Mar, todas estas comunidades cercanas a la costa, el sensor de alerta habría percibido el sismo prácticamente al mismo tiempo que las personas. La alerta, para las comunidades cercanas a los epicentros no es la solución. Lo que sí es importante es la práctica constructiva, los reglamentos de construcción. En la Ciudad de México hay un muy buen reglamento de construcción, que fue revisado después del sismo del 85, y está a punto de entrar en vigor una nueva revisión con más datos. Pero, como este es un tema a nivel municipal, en la gran mayoría del país los municipios no tienen un código de construcción adecuado para su municipio. Entonces en el mejor de los casos, en algunos municipios o en algunos Estados incluso han adoptado el código de la Ciudad de México. Pero en muchos otros, no se tiene nada.

Y ahí viene otra parte importante. Una cosa es el reglamento, pero ninguna norma te sirve, o ninguna ley sirve de nada si no se lleva a la práctica, se vigila, se cuida, se observa, no solo la parte constructiva, sino el uso de suelo. Un edificio es calculado para un uso. Si ese uso se ve modificado, pues no hay garantía de que el edificio soporte la nueva carga. No se trata solo del reglamento, también importa la práctica en la construcción y el uso que le damos a los servicios.

-Hablando de todos estos detalles. El sismológico hace un esfuerzo de divulgación. ¿Qué nos hace falta para irle ganando terreno a las supersticiones o los malos saberes?
-Yo creo que nos hace falta permear en muchas esferas y muchos niveles. Yo creo que los medios de comunicación pueden ser unos grandes aliados para llevar información científicamente sustentada, en ser muy precisos en el lenguaje. Un ejemplo muy claro es la distinción entre “magnitud” e “intensidad”. Si la persona que está comunicando entiende que intensidad no es lo mismo que magnitud, y que el sismo fue más grande en magnitud, pero la intensidad en la ciudad de México fue menor, no solo por los daños que vimos sino porque instrumentalmente fue menor, –el sismo del jueves fue cinco veces menor que el del 85– ya no tendríamos nada más que decir. Así se expresa y punto. Pero si usamos indistintamente las palabras que no son lo mismo, generamos confusión: “¿Cómo?, ¿Si fue más intenso? No, no fue más intenso: fue menos intenso pero más grande en magnitud”. Otra esfera que me parece muy importante es la juventud. Quizá habría que revisar cómo se están tratando estos temas a niveles básicos y medios, asegurarnos que los conceptos estén bien empleados. Porque los niños pueden llevar la información a casa y al final pueden ser los que salven a la familia, porque comunican no solo la parte científica sino también cuestiones de protección civil.

Publicado en Letras Libres

Deja un comentario