Mis navidades de 1957

ALBERTO ARANGUREN* –

Después de que mi padre sufriera años de cárcel y seis años de destierro en México por ser enemigo de la dictadura de Pérez Jiménez, en 1957 le dieron visa para que regresáramos del exilio. Pero al llegar a Venezuela, le impusieron que tenía que presentarse una vez por semana en la temida Seguridad Nacional, en donde con frecuencia lo dejaban detenido por varios días o semanas y le decían a mi madre que no estaba ahí, que se había ido. Muchas mujeres que recibían esa respuesta, no volvían a ver nunca más a sus maridos, pues habían sido asesinados y enterrados en sitios desconocidos, de manera que cada vez que eso sucedía, empezaba el calvario de mi madre, corriendo de un lado a otro preguntando sin recibir respuestas y temiendo durante todo ese tiempo que mi padre hubiera muerto torturado o de un tiro en la cabeza. Así, que en ese diciembre de 1957, para evitar que mi padre fuera detenido por la Seguridad Nacional en las navidades, mis padres decidieron que fuéramos a visitar a unos hermanos de mi madre que vivían en Maturín, estado Monagas. En especial, al menor de ellos, recién graduado de médico, a quien le habían dado un trabajo en Aguasay, un pequeño pueblo perdido en medio de la nada y al que para llegar se hacía a través de un camino infernal por donde solo transitaban vacas y carros de doble tracción con mucha dificultad. Aguasay era como la mayoría de los pueblos pequeños de Venezuela durante la dictadura, no había agua potable, ni escuelas ni ningún otro servicio público, solo ese pequeño dispensario médico que acababan de abrir como una concesión especial.

Bueno, pasamos el 24 de diciembre de 1957 en Maturín junto con todos los tíos y regresamos a Caracas a recibir el año nuevo con mis abuelos que vivían en el centro de Caracas, entre las esquinas de Salas y Balconcito, donde después de los tradicionales abrazos de fin de año, nos acostamos a dormir. En la madrugada nos despertaron los aviones alzados de la Fuerza Aérea que pasaban por arriba de nuestra casa y les disparaban desde el cuartel San Carlos por un lado y desde Miraflores por el otro. Mis padres se emocionaron pensando que el gobierno había caído, pero tuvieron que esperar 22 días más para ver cumplido su sueño. Aunque yo era un niño, todavía se me hace un nudo en la garganta al recordar a mi madre llorando en la madrugada del 23 de Enero de 1958 cuando en la radio suspendieron las transmisiones y solo se oía música de Aldemaro Romero mientras mi madre decía entre sollozos y risas:

–¡Cayó Pérez Jiménez! ¡Cayó la Dictadura! ¡Por eso han suspendido las transmisiones!

Pronto se escuchó el ruido de un avión que pasaba por encima de la ciudad y mi madre volvió a decir entre risas y lágrimas de felicidad:

–¡Es la Vaca Sagrada! ¡Es la Vaca Sagrada! ¡El cochino ha huido! ¡El cochino ha huido!

Tenía razón, quince minutos más tarde anunciaron que Pérez Jiménez había huido en el avión presidencial a Santo Domingo. Popularmente la genta llamaba la “Vaca Sagrada” al avión de Pérez Jiménez y como los vuelos comerciales salían de Maiquetía y no pasaban por Caracas, el ruido del avión que había pasado por encima de la ciudad no podía ser otro que el de Pérez Jiménez que había partido desde La Carlota. Pronto empezamos a oír ruidos en la calle y al asomarnos mi hermana y yo a la ventana, vimos gente que corría y gritaba:

–¡Cayó el cochino! ¡Cayó el cochino! ¡Mueran los esbirros! ¡Mueran los esbirros!

La pesadilla había terminado, ya mi padre no volvería más a la cárcel, ni podría morir asesinado por la dictadura.

Hoy vivimos una nueva pesadilla, mucha gente de este grupo (jubilados y pensionados venezolanos en España), desesperada y ya sin fuerzas ni dinero, no saben qué hacer, pero tengo el presentimiento de que, como en mis navidades de 1957, pronto todo se acabará y al comienzo de 2017 una nueva luz iluminará nuestras vidas y la de nuestros hermanos que viven y sufren en la Venezuela de hoy. Es mi deseo y el de mi familia para todos. ¡Que pasen una Feliz Navidad y tengan un próspero año 2017!

* Alberto Aranguren es pensionado venezolano residente en Madrid

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