Mitos y verdades perviven en la inmigración en España

F/ABC - S. BERNARDO Un inmigrante presencia un desfile de las Fuerzas Armadas en Madrid.

La crisis no ha vaciado de inmigrantes a España, como se ha dicho tantas veces, ni la salida de extranjeros está detrás de la disminución de la población española. Así lo señala el informe Política de la inmigración y ciudadanía en el nuevo escenario: algunas propuestas, elaborado por Antonio Izquierdo, profesor de Sociología de la Universidad de La Coruña

La información, escrita por Feliciano Tisera, en el portal www.bez.es, revela datos de especial relevancia como el hecho de que “no llegan tantos inmigrantes a España como en los años punta, pero el flujo de migración se ha estabilizado en los cerca de 400.000 personas en cada una de las direcciones (es decir, nuevos residentes extranjeros y salida de residentes del país).

Estos datos echan por tierra la creencia de que se pierde población porque los extranjeros vuelven a sus países de origen. Muy por el contrario, hay menos extranjeros porque muchos inmigrantes adquieren la nacionalidad”.

“Han bajado los extranjeros porque se han naturalizado”, explica Izquierdo, profesor de sociología y autor del informe, publicado en la revista Panorama Social, de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), a bez.es. Un inmigrante no deja de serlo mientras no vuelva a su país de origen, pero si obtiene la nacionalidad deja de ser extranjero

TRES MIRADAS A UN ASUNTO COMPLEJO
inmigracionEl profesor Antonio Izquierdo, titular de Sociología Universidad de La Coruña, refiere que tras la crisis, las tendencias migratorias, cuajan en tres hechos: el stock de residentes extranjeros se reparte a partes iguales entre no comunitarios y ciudadanos de la UE (los segundos gozan de más derechos y ventajas); entre 2008 y 2015 en España ha habido a un tráfico migratorio denso e intenso, de tal manera que –y este es el tercer hecho– el saldo final, es decir, el depósito de inmigrantes según las cuentas del Padrón de Habitantes, no ha menguado respecto de 2008: así pues, la reducción de un 10% en el stock de extranjeros resulta engañosa, ya que ese vaciado de extranjería está vinculado, en buena medida, al proceso de naturalización por residencia, es decir, el cambio de extranjero a ciudadano español.

“Un inmigrante no deja de serlo mientras no vuelva a su país de origen, pero si obtiene la nacionalidad deja de ser extranjero”, explica Izquierdo, que tiene en cuenta el lugar de nacimiento para hacer este cómputo, ya que los extranjeros nacidos en España (es decir, hijos de padres extranjeros, sin derecho a obtener la nacionalidad automáticamente por nacer en España) son un número no tan relevante.

EL FALSO DESCENSO DE LA POBLACIÓN
Sin embargo, debido a informaciones difundidas a lo largo de la crisis económica que estalló en 2008 y a diversas interpretaciones de los datos, se ha asentado, según Izquierdo, la idea de que, como consecuencia de esa crisis, gran parte de los inmigrantes han retornado a sus países de origen, explicando así el descenso de extranjeros y de población.

De hecho, el propio INE reconoció que si en 2015 el número de extranjeros inscritos en los padrones bajó en 128.372 personas, el cambio de nacionalidad de extranjero a español fue del orden de 123.000 personas. Pese a ello, se hizo hincapié, tanto desde el INE como en informaciones de medios, que allí estaba el motivo del descenso de la población.

Sin embargo, según el cómputo del Padrón Municipal Continuo del INE, el stock de extranjeros (4,7 millones) estaba en 2015 -con el monto de la inmigración superando los 6,1 millones de personas- al mismo nivel que en 2007, antes de lo que el autor llama “la Gran Recesión”.

“El volumen de extranjeros ha disminuido en un millón respecto del techo que se alcanzó en 2011, y la cantidad de inmigrantes se ha reducido en 600.000 personas si se establece la comparación con el recuento de 2012, que registró el dato más elevado en toda la serie. A tenor de estos datos, el peso de los extranjeros es del 10% sobre el total de la población (2 puntos menos que en su cima en 2011), y el de la inmigración del 14%, habiendo cedido solo un punto respecto de la cúspide alcanzada en 2012.

ANTES EXTRANJERO, AHORA ESPAÑOL
En resumen, el vaciado de la inmigración apenas se nota, y el de la extranjería es el resultado, en su mayor parte, de una trasferencia a la ciudadanía”, reza el informe: hay una discreta disminución del stock de inmigrantes y una mayor reducción de la extranjería.

Si vamos más allá en el tiempo, vemos que durante el tiempo de la Gran Recesión, el que transcurre entre 2008 y 2015, prácticamente un millón de extranjeros han obtenido la nacionalidad española. “Esta es la principal explicación de la reducción en el número de extranjeros con permiso de residencia”, subraya el estudio.

DERRIBANDO MITOS
inmigrantesEl informe, basado en cifras de la Estadística de Variaciones Residenciales (Instituto Nacional de Estadística, INE), de la Estadística de Migraciones (INE), del Padrón Municipal (INE) y del registro de permisos de residencia del Ministerio del Interior, pretende derribar algunos mitos.

En España, pese a la dureza de la crisis, es posible sobrellevarla mucho mejor que en países de Latinoamérica, con mayor seguridad ciudadana, señala el autor del estudio

El primero, que tras ocho años de Gran Recesión, el depósito inmigratorio ha menguado considerablemente; el segundo, que el empleo es lo que atrae a los inmigrantes: los flujos han demostrado su vigor en los años más duros de la crisis, lo cual indica que no es solo, ni acaso principalmente, la llamada del empleo lo que atrae a los inmigrantes.

“La gente tiende a pensar en un inmigrante como alguien que vino a trabajar, y como extranjero a alguien que tiene costumbres extrañas, pero lo que impulsa a las gentes a emigrar es, junto a la necesidad material, la frustración de expectativas y la búsqueda de seguridad”, explica Izquierdo.

“En España, pese a la dureza de la crisis económica, es posible sobrellevarla mucho mejor que en países de Latinoamérica (pese a que los inmigrantes cobren de media la mitad que los españoles por el mismo trabajo), y respecto a la seguridad, el hecho de que aquí puedas caminar de madrugada en cualquier ciudad sin miedo, es algo que los latinoamericanos valoran muy positivamente”, señala Izquierdo, al destacar que “un flujo de 400.000 personas que entran y el mismo número que salen es muy potente, claro que no son los flujos de la cúspide, pero el flujo inmigratorio sigue en marcha”, explica.

En este sentido, Izquierdo cree que la permanencia de los inmigrantes de origen extranjero es uno de los ingredientes básicos en la renovación de la sociedad, la razón por la cual hay que gestionar las migraciones no solo como mano de obra, sino como una inversión cívica y social a largo plazo, con asuntos que hay que abordar como el paro entre los extranjeros y el rendimiento escolar de sus hijos.

Publicado originalmente en BEZ.es

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