“Navegamos en mares de los fake news”

OMAR PINEDA
Para el periodista y escritor Fernando Núñez-Noda la redefinición y supervivencia del periodismo pasan por hacerle frente al fenómeno de la posverdad que, más que una tendencia, constituye “un arma en las guerras políticas”, capaz de generar disputas entre países. A fin de impedir que este vicio se cuele en el oficio, el analista de la información y exprofesor en la Escuela de Comunicación Social de UCAB, acaba de crear el portal www.verifiKado.com

 

La mañana del 15 de enero de este año los venezolanos se vieron sorprendidos por una transmisión en vivo por twitter: el inspector del Cicpc, Oscar Pérez, alertaba que efectivos de la Policía Nacional Bolivariana y de la Guardia Nacional, junto a civiles armados de los colectivos del 23 de Enero, habían descubierto su escondite en el km 16 de El Junquito y los tenían rodeados. Desesperado Pérez denunciaba que pese a transmitir su deseo de rendirse, les disparaban a mansalva a la casa donde él y su equipo permanecían. Este hecho sin embargo generó confusión en las redes. Hubo quienes calificaron la transmisión como una fake news, mientras otros le daban total crédito y abogaban por salvar las vidas de Oscar Pérez y sus compañeros, quienes luego se sabría que fueron asesinados a mansalva.

Este suceso puso en los focos la importancia de valorar una información, fenómeno que hoy cobra fuerza por la cantidad de noticias falsas que circulan a diario en redes sociales y que son divulgadas sin verificación. Es un hecho real: el fenómeno de las noticias falsas se ha instalado en el periodismo provocando un gran daño al oficio. Es por ello que, desde Florida, EEUU, donde reside un periodista venezolano y exprofesor de Comunicación Social de la UCAB se ha visto obligado a crear un portal que sirva de herramienta a los periodistas y lectores para verificar cuándo una información no pasa de ser un bulo.

—¿Qué inspiró la creación de VerifiKado?
—En la llegada del siglo XXI coincidieron dos eventos claves para esta historia: el resurgimiento de la Guerra Fría Este-Oeste y la masificación de internet en el mundo. Se reavivó una lucha ideológica creída caduca. Muchas democracias dieron un paso atrás frente al autoritarismo y el populismo, sobre todo de izquierda. Por su parte, Internet cambió el mundo informacional en todas las áreas y niveles. En la comunicación masiva permitió lo impensable para millones de personas: ser audiencias, interlocutores, emisores o conversadores, todo a la vez, global y local. Pero a la vez produjo un caos informacional; es decir, millones de personas produciendo o compartiendo información, en todas direcciones y grados de calidad. El periodismo ha recibido una carga difícil de manejar: millones de emisores que actúan como periodistas. Entre BBC y un blog amateur hay literalmente decenas de miles de medios, mensajes, comunidades, foros, blogs, vblogs, portales. Todas las combinaciones de emisor y receptor se cruzan, hay literalmente demasiado. Por eso el periodismo, la curaduría del periodismo, lejos de decrecer, tiene la oportunidad gloriosa de salvaguardar lo veraz y enseñar cómo reconocer y actuar en consecuencia con noticias falsas y todas sus variantes.

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—¿Se trata de un ajuste de cuentas con reporteros tendenciosos o es un club de periodistas para debatir sobre los alcances de las falsas noticias, bulos o fake news?
—Algo de ambos habrá. Pero nuestra premisa es sencilla: verificamos y validamos información noticiosa que circula por internet, especialmente por redes sociales. Usamos un algoritmo que relaciona la noticia circulante con todos los elementos verificados o verificables que consigamos en nuestras pesquisas, eso nos da un grado de certeza medido del 1 al 100. Por ejemplo, de 1 a 35% se considera una información falsa. De 36 a 74% se mantiene indeterminada hasta encontrar más insumos. Y de 75 a 100% se declara cierta. Nuestro ámbito, por los momentos, es el mundo de habla hispana en EEUU. (nuestra sede), de Hispanoamérica y España, así como cualquier grupo o individuo hispanohablante del mundo. En un año o menos, abriremos nuestra sección en inglés. No producimos noticias, ni reportajes y mucho menos opinión. Solo verificamos información pública que circula intensivamente por las redes hispanas y las cuantificamos, para poder luego hacerles seguimiento. Reducimos la opinión al mínimo, aunque a veces es necesario especular sobre posibles causas y efectos. Tampoco pretendemos publicar rankings de periodistas, voceros o medios. Los tendremos, pero como insumo privado. Sin mencionar a los “reporteros tendenciosos” es posible que citemos los trabajos o piezas que analizamos y refutamos. Pero en general vamos directo a la información y no a sus factores periféricos. No queremos ser vistos como unos calificadores del trabajo de otros.

—¿Son hoy las redes sociales el germen donde nacen y circulan los bulos periodísticos?
—Sin duda. Más de 3 mil millones de personas usan al menos una red social. Internet y los dispositivos móviles lo permiten. Son el escenario de la opinión pública y cubren todas las variedades: publicaciones, disertaciones, conversaciones, broadcast, medios… you name it! Hacia internet se ha movido la industria completa de las comunicaciones, o al menos todos los actores tienen un pie allí. Millones ahora pueden ser, además de lectores o espectadores: editores, escritores, fotógrafos, videógrafos, periodistas o seudoperiodistas, infociudadanos, community managers… la lista es larga. Lo que observamos detrás del mundo interconectado y el ciudadano empoderado es un gran caos donde se mezclan y confunden lo profesional y lo aficionado; lo verdadero y lo falso. A veces lo falso ocurre por error del emisor o del receptor, ya eso suma mucho al caos. Pongo un ejemplo: un líder político con buena intención muestra la foto de una violación de DD.HH. en su país hace un mes. Resulta que la foto es de otro continente hace tres años. Otro ejemplo: una revista satírica hace una extraordinaria imitación de la primera plana de un diario, la gente la comparte como auténtica… no hay mala intención pero sí caos, porque lo falso es esencialmente caos en el sistema informacional público. Pero ocurre que en ocasiones lo falso se fabrica, a propósito, con una agenda. La guerra por la hegemonía internacional (EEUU., Europa, Rusia, China, el G8, los No Alienados) y las batallas políticas regionales o locales han tomado internet como terreno de batalla para lograr hegemonía o eficiencia en la “guerra ideológica”.

En este contexto y sobre todo por el uso de laboratorios de guerra informativa y psicológica, la información noticiosa falsa es un arma ofensiva clave. La información falsa tiene muchas ventajas: es fácil de producir, todo lo que no tiene lo inventa; anticipa qué efectos quiere lograr; se adapta a cualquier formato; apela a las emociones que mueven a los receptores, es decir, no son neutrales sino vienen con una intención empaquetada. Suele ser sorprendente, digna de compartir. No hay campaña de guerra sucia que no incluya noticias falsas para que las crea su rival. Lo del Papa apoyando a Trump, cuyo origen se trazó hacia Rusia, fue un empujón clave para éste y una piedra más en el camino de Hillary Clinton. Por cierto, a la candidata demócrata la bombardearon con campañas de #fakenews pero también de “medias verdades”. Por ejemplo, una reunión que sí ocurrió donde afirmaban que la Clinton había dicho algo que no dijo. Mientras la candidata se agotaba combatiendo estos fuegos, ya media audiencia estaba convencida que algo raro había ocurrido. Y es que la información falsa es componente esencial de la llamada “post-verdad”. En nuestro Pequeño Diccionario de Noticias Falsas en VerifiKado decimos: “POST-VERDAD. Wikipedia la define como “(también llamada política “post-factual” o “política post-realidad”) es una cultura política en la que el debate se enmarca [en las] emociones (…) y en [el rechazo a] las refutaciones fácticas. La post-verdad [relega] la verdad a una preocupación de importancia secundaria en relación con la apelación a la emoción.” Típico de regímenes, movimientos o líderes autoritarios es un conjunto de contenidos, valores e interpretaciones que no se validan por la ciencia o los hechos forenses, sino por la autoridad de quien las emite”. En la post-verdad las noticias falsas, bulos y demás tienen, por así decirlo, la complicidad de las audiencias. Diversos estudios de públicos revelan que buena parte de quienes creen una historia falsa lo hacen a sabiendas de que es total o parcialmente falsa. Por ejemplo, muchas personas que creyeron que el Papa había apoyado a Trump, negaron la veracidad del desmentido papal y otros simplemente siguieron afirmándolo así no lo creyeran. La noticia falsa es un arma en las guerras políticas. En Venezuela la situación es aún más patente. El régimen venezolano tiene una política informativa en la cual la noticia falsa es componente rutinario sobre gestiones, “logros”, explicación de hechos y reporte de las acciones de los rivales. Los laboratorios de factura cubana con la tradición de la KGB y la Stasi, tienen en el G2 una fábrica permanente de bulos, rumores, matrices de opinión y campañas completas de información manipulada, tendenciosa o simplemente falsa. La amenaza contra la democracia y la libertad está más que clara. En Venezuela no hay libertad de expresión excepto en internet y por eso que quieren llenarlo de información tendenciosa o falsa. Y a eso se suman muchas agendas, por ejemplo, medios ajenos a la lucha ideológica que simplemente quieren ganar dinero monetizando el amarillismo, la caza de clics y los hoaxes. Es increíble el sensacionalismo que este afán de clics produce. Lo demás es caos: personas que comparten parodias o noticias parodiadas como reales; administradores de grupos cuyo criterio para compartir piezas de internet es que existan; gente empoderada al ser seguida y compartida, solo eso… Ahí va la idea. De modo que hay peligros reales que nos llevaron a crear VerifiKado: la perversión de la libertad de expresión, las pésimas decisiones que se toman a partir de información falsa, el triunfo de agendas antidemocráticas, la mercantilización de la falsedad y la pérdida de respeto y credibilidad del periodismo. Prácticamente no hay defensas de la ciudadanía contra este bombardeo. Allí tiene un rol clave e histórico el buen periodismo. Nosotros queremos estar en esa vanguardia. VerifiKado lucha por mantener lo veraz como un importante pilar de la libertad y de la prosperidad.

—¿Qué diferencia una fake news de los tubazos a veces sin comprobar que excitaba al viejo periodismo?
—El “tubazo”, preciso o impreciso, es honesto en su conexión con hechos y no fabricaciones. De alguna manera, quiere ser veraz. En cambio la noticia falsa es casi siempre un engaño, una agenda de hacer creer. El bulo, el hoax, constituye un tercio de las noticias que analizamos. Otro tercio de los #fakenews tiene anomalías de datos o de presentación aunque sin intención de ser falsas. Y el tercio restante contiene noticias ciertas que no se creen. En esos mares navegamos.

—En el corto tiempo que lleva Verifikado ¿cuál ha sido el bulo más “exitoso”, que ha logrado ser desmentido a tiempo?
—Aquel de que ACNUR había otorgado estatus de refugiados a los venezolanos en Colombia, el 12 de marzo. La mala interpretación de un comunicado de la agencia de refugiados de la ONU en un tuit que se viralizó, motivó una ola de repeticiones. Medios de tradición y otros muy populares cayeron por igual, pregonando que la ONU había dado el mencionado estatus a los migrantes venezolanos. Desde el principio mantuvimos que no, que el comunicado era un exhorto a que los países receptores de migrantes venezolanos les dieran apoyo y tomaran la iniciativa en la aceptación del estatus, que cada país debe aceptar. Fue un día largo porque fuimos casi los únicos (junto a un par de blogs) en ir contra la corriente. Al día siguiente ACNUR aclaró la confusión y nos sentimos reivindicados. Desde entonces hemos tenido una tasa de 100% de acierto en nuestros índices y dictámenes. Preferimos dar una noticia como indeterminada (36 a 74%) antes de declararla cierta o falsa sin tener el sustento fáctico.

—Describa cinco elementos que permitan advertir la presencia de una falsa noticia?
—Rescato 5 elementos comunes: a. Al buscarla en Google no aparece. Viene por redes y grupos (Whatsapp, newsgroups, cadenas) pero no por las autopistas periodísticas de las agencias y los medios profesionales. b. Cuando aparece en Google días después, suele estar publicada en medios desconocidos, desde blogs con decenas de usuarios hasta “portales” con miles. Una revisión aleatoria de esos blogs nos muestra: a) Uniformidad en el contenido y b) Una matriz de opinión implícita. c. Como lo dicho es falso se puede hacer más espectacular, de modo que siempre tiene un toque de sensacionalismo. d. Lo que afirma no se corresponde con hechos conocidos o no es corroborado por fuentes confiables. Pero lo disfraza bien con información cierta de relleno. e. El contenido suele no coincidir con los títulos y sumarios. En grande la promesa. En pequeño la agenda. f. Hay falsificación de “media”: fotos retocadas, mal atribuidas, intervenidas, videos falseados, etc. Si uno pone atención encontrará disonancias.

—La importancia que hoy se le concede a este fenómeno ¿tiene que ver con lo costoso que resultan las demandas judiciales más que con un tema de corrección política?
—Ambas y mucho más: la redefinición e incluso la supervivencia del periodismo y la comunicación social; la lucha contra matrices y campañas fabricadas con objetivos geopolíticos. El mercantilismo desviado de los cazaclics que los hace torcerle el cuello a los hechos y vender “noticias ficcionadas”, a veces para que se ajusten a las fotos que tenían en stock.

—¿Recuerda usted un bulo noticioso que haya hecho tanto daño?
—No hallaría por dónde empezar. Son tantos. Yo diría los relacionados con la “fábrica rusa de noticias falsas”.

—The New York Time y The Washington Post lograron demostrar las “mentiras verdaderas” del candidato Trump, quie, aún así, ganó las elecciones. ¿Por qué en este caso de tantas mentiras juntas no se devolvieron electoralmente contra quien las alentó?
—Es la esencia misma de la “postvedad”: creer sabiendo que es falso o saber que es falso pero que no importe. Otro aspecto de la postverdad es el volumen como validador: “si mucha gente lo dice, lo pasa, lo conversa… tiene que ser verdad o tener algo de cierto”.

—Se ha dicho que en Venezuela lo único que hace bien el gobierno es inventar hechos y escenarios que, pese a su falsedad, pone a correr a la oposición ¿Se trata aquí de una conseja goebbeliana o a la ingenuidad de los adversarios para desactivar estas mentiras?
—Ambas. La primera es goebbelina reprocesada en la URSS y su esfera, y la segunda es ingenuidad pero también complicidad por omisión, aquello de decidir qué hechos son ciertos por elección o conveniencia, independientemente que lo sean, por supuesto.

—¿Están enseñando las escuelas de periodismo para dotar a los futuros reporteros de herramientas para no caer en las falsas noticias o es mejor dejarle esta tarea a las empresas periodísticas?
—No creo, aunque debería incluirse en el pensum como una conexión entre ética periodística y mejores prácticas. Si alguna facultad de Comunicación Social está interesada en desarrollar esa materia, VerifiKado está dispuesto a colaborar con metodologías, estudio de casos y heurísticas para detectarlas y desmontarlas.
Omar Pineda es periodista venezolano. Escribe desde Barcelona

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