Participación de la población venezolana en el proceso de transición a la democracia

Participación de la población venezolana en el proceso de transición a la democracia - Alejandro Arratia
Debate sobre la transición en Venezuela. Auditorium de la Asociación de Prensa de Madrid. Foto/Cortesía Venezuelan Press
ALEJANDRO ARRATIA –
(Contribución al libro “Transición en Venezuela. Apuntes para la reconstrucción institucional”, publicado en Madrid por Venezuelan Press, a propósito de la celebración del Día del Periodista en Venezuela)

En Venezuela, la conquista de la Asamblea Nacional el 6 de diciembre de 2015 demostró el rechazo mayoritario al régimen. Se habló alegremente de “comienzo de la transición”. Una frase más. En los primeros días de abril de 2017, la dictadura malinterpretó la resolución de la OEA y se quitó la careta borrando de un manotazo la apariencia de autonomía de los poderes públicos. El repudio se mantenía sin menoscabo pero subsumido en la desconfianza y la desesperanza. Hoy, la protesta se reanima convocada por los parlamentarios y líderes de la ciudadanía, que en primera fila, a todo riesgo, pelean en la calle, recuperando la credibilidad en la dirección opositora. La complejidad y dinamismo de la situación actual acentúa la incertidumbre sobre la participación y el papel que jugará la sociedad venezolana en el proceso de transición; ni los temerarios augures de siempre se atreven a pronosticar, solo la conclusión del nuevo capítulo arrojará un poco de luz.

Sin la pretensión de jugar a las adivinanzas en asunto tan serio y complejo, razonaremos acerca de cómo debe ser la participación popular en el proceso de transición en Venezuela. El hambre, la inseguridad, la falta absoluta de oportunidades para los jóvenes, el rechazo a la corrupción, la destrucción física y moral del país producen una gran indignación y posibles protestas violentas, pero estériles. La participación para que sea fecunda debe estar como en el presente, inscrita en la política, incluida en la programación, dirigida por líderes reconocidos. Planes y dirección centralizada no deben ahogar iniciativas de la población en el ordeno y mando; todo lo contrario, potenciarlas.

La población tendrá un papel fundamental si es convocada a través de instituciones naturales: los estudiantes, sus centros y federaciones; los vecinos en juntas de edificios, urbanizaciones y barrios; los intelectuales y profesionales por sus colegios respectivos; los industriales y comerciantes por ramas y regiones. Es difícil encontrar algún sector de la sociedad civil sin un ente que defienda sus intereses. Invitar a los ciudadanos a través de esas estructuras es más exigente, pero efectivo, y dará mejores resultados que la rutina del llamado emotivo a reunirse cual masas ignaras en las autopistas para obtener el vídeo y la foto; gloria evanescente de la política espectáculo.

La misión de la oposición es derrocar el gobierno por la vía pacífica y electoral. Las elecciones presuponen una forma concreta de participación en los órganos y actividades comiciales y en la más sencilla y valiosa de las acciones cívicas: votar. Ahora bien, el régimen ha dicho meridianamente por todos los medios y demostrado hasta la saciedad con incontables triquiñuelas, que no habrá elecciones. En el dogma autoritario de los mandones, los últimos sufragios fueron celebrados el 6 de diciembre de 2015. Tal decisión, acorde con el carácter dictatorial del régimen, plantea llamar a la población a movilizarse para obligar al gobierno a realizarlas y, al mismo tiempo, estar realmente preparados para la probable burla del compromiso. Facilitar la implicación no es baladí y de acuerdo a la magnitud puede activar otros factores en el país y en la comunidad internacional. En síntesis, la participación organizada de los ciudadanos deviene indispensable y tendrá un papel determinante en la transición de la dictadura a la democracia representativa.

Mas su papel no es el único. Las Fuerzas Armadas tienen la obligación de pronunciarse a favor del respeto de las leyes y de la convivencia; mientras no lo hagan, el final de la dictadura resulta cuesta arriba. Asumir tal responsabilidad no es necesariamente el golpe de Estado. En contra de la democracia actúa en el ejército la intervención cubana, la ideologización, la partidización, la incorporación de bandoleros y la corrupción de los mandos. Sin embargo, los cuarteles dejaron de ser ajenos a la crisis del país porque la penuria también afecta a sus familiares y amigos, tampoco ignoran la incapacidad del abyecto grupo al mando.

La primera línea de acercamiento a las Fuerzas Armadas -a contracorriente de la tradición- relega (no proscribe) la conspiración secreta, y coloca el énfasis en la formulación pública de una política convincente de cambio, transición y establecimiento del gobierno democrático, explicitando las garantías de las FAN. Las formulaciones influirán en la misma magnitud que la oposición sea y parezca una opción de poder unida, seria y responsable.

Permitan agregar un comentario. En el mundo globalizado, tener la aquiescencia internacional indudablemente cumple un gran papel en el proceso de transición. Es apreciable la influencia de la presión de medios de comunicación, gobiernos democráticos, organismos multilaterales, foros internacionales, mediaciones “neutrales”, encuentros para discutir el programa consensuado de transición; todo ello contribuye a crear un clima propicio al cambio, pero será el desarrollo de la política interna -que incluye el sabio aprovechamiento de la solidaridad externa- la que determinará el curso de los acontecimientos.

EXPERIENCIA DE TRANSICIONES

Es posible planificar el derrocamiento del autoritarismo, ejecutar minuciosamente las tareas cruentas o incruentas que el caso exija y concluir en el relevo por otro régimen del mismo tipo o de un gobierno provisional que evolucione a la democracia representativa. Los innumerables golpes de Estado y las variadas insurrecciones que en el mundo han sucedido dan fe de las sustituciones planificadas.

En cuanto a la transición, la dinámica política y social funciona con mayor peculiaridad. Sin embargo, algunas organizaciones las diseñan previendo incluso estructuras y normativas legales. Tal ejercicio puede ser de mucha utilidad siempre que se proceda a consciencia de que las transiciones son menos susceptibles de programar, más perturbables por acontecimientos impensados e incontrolables, bien sea por la oposición o por el gobierno.

El Proceso de Transición a la Democracia (PTD) es el conjunto de situaciones políticas y sociales que en tiempo indeterminado conducen a la evolución del autoritarismo a un régimen de libertades. Los demócratas procuran que los medios de lucha sean pacíficos; por lo tanto, no promueven acciones de fuerza, ni pueden excluir la posibilidad de su ocurrencia. La transición se activa por un suceso extraordinario o porque las crisis del país y la correlación gobierno/oposición permiten presionar por la sustitución del régimen establecido. No existen modelos, cada situación es particular y demanda comprenderla en profundidad. Lo ocurrido en otras naciones representa información valiosa, la tendencia a calcar es altamente nociva. La misma advertencia vale para las experiencias propias, si es que se había tropezado en el pasado con la misma piedra.

El análisis muestra caminos y soluciones para superar el autoritarismo pacíficamente. La dinámica transcurre de manera no pre establecida, desemejante de un país a otro, obedece a un conjunto de causales independientes; factores políticos fundamentalmente, pero inseparables de las influencias de la situación económica, social y militar, tanto nacional como internacional. Además, en un momento determinado cualquier elemento podría erigirse taxativo. Ilustremos con tres casos referenciales.

España. En la década del ’50 del siglo pasado, el país comenzó a cambiar aceleradamente por la aceptación internacional del régimen y las ayudas económicas. La influencia de esos dos agentes externos encierra una paradoja: aquello que contribuyó a vitalizar el gobierno, fortaleció las bases de la extinción del franquismo.

Hungría, Checoslovaquia, Polonia y en general Europa del Este. Los intentos nacionales de liberación sumaron en cada caso años de conspiración y heroicas rebeliones frustradas por la intervención de las tropas del Pacto de Varsovia. La transición contó con un hecho histórico nunca previsto, la implosión de la URSS; en términos del análisis, una variable ajena al control de los líderes nacionales.

Chile. La transición en este país comenzó en 1977 con las políticas de libre mercado y la reducción de los poderes del Estado. La represión continuó, pero en esos años la férrea mano de Pinochet tuvo limitaciones para imponerse solo por la violencia. Ni el dictador ni los economistas a su servicio, ni la oposición, podían imaginar ese resultado. Transcurrieron once años de acuerdos y confrontaciones hasta que el triunfo del NO en el plebiscito del 5 de octubre de 1988 obligó a celebrar elecciones democráticas.

Las ciencias sociales no disponen de teorías consistentes de las transiciones, pero los ejemplos a través de la historia constituyen libro abierto de complejidad y originalidad, por lo que el estudio de las experiencias tiene mayor relevancia.

FASES DE LA TRANSICIÓN

En el análisis de las transiciones estamos desarrollando como recurso metodológico la precisión de tres momentos: el de relativa tolerancia que no modifica la esencia del régimen, aunque las circunstancias lo obligan a tenues modificaciones en la represión con el propósito de superar debilidades, lograr cuotas de legitimación, conquistar aceptación internacional o mejorar el ambiente para el éxito social de los virajes en la economía. A esta fase le siguen el momento considerado frontera entre los acontecimientos precedentes de resistencia clandestina o abierta contra el autoritarismo y el subsiguiente desarrollo de la etapa de transformación en democracia.

Nombrar períodos y diferenciar tiempos es el ordenamiento intelectual de los hechos pasados; en la práctica, las transiciones tienen una dinámica extremadamente compleja, pues los actores toman decisiones considerando múltiples variables intervinientes. La narración histórica podría reflejar que la acción es lineal y ascendente, pero no hay que dejarse engañar, es sinuosa, con retrocesos y avances a veces imprevistos determinados por fuerzas a favor o en contra del cambio. Por lo tanto, el límite divisor de las fases puede ser un acto súbito, incluso inopinado, que en la praxis dinamiza el proceso y en la teoría ayuda a comprender la evolución de los acontecimientos.

En épocas y escenarios diversos es posible encontrar PTD estimulados por un acontecimiento pacífico (éxito electoral de la oposición) o violento (golpe de Estado exitoso o fracasado); también por evolución: la situación política llega a un grado de maduración que permite acelerar y profundizar acciones para la sustitución del autoritarismo. El ritmo inicial variará según el carácter del proceso: impetuoso, estallido de una crisis política, económica, social o militar; relativamente lento, resultado de que el equilibrio de fuerzas ha venido evolucionando.

23 DÍAS QUE CONMOVIERON A VENEZUELA

Segunda Junta de Gobierno en enero de 1958. Se incorporan dos civiles, los empresarios Eugenio Mendoza y Blas Lamberti. A la derecha, el secretario Edgar Sanabria.

Hablemos ahora de la experiencia venezolana que marcó el comienzo de la democracia tras la caída de la dictadura del general Marcos Pérez jiménez (MPJ). En 1958 la transición adviene de la sinergia de actividades civiles y militares confluyentes en el torrente anti-dictadura. El 1º de mayo de 1957, la Iglesia Católica en carta pastoral del Arzobispo de Caracas pregonó su desacuerdo con el régimen. Partidos, gremios y sociedad civil mostraban recuperación y dieron forma a la Junta Patriótica (JP): Acción Democrática (AD), Unión Republicana Democrática (URD), comunistas (PCV) y socialcristianos (COPEI).

El régimen entró en crisis, la oposición asumió de facto cuotas de control social, agitaba en la calle y funcionaba “legalmente” en espacios gremiales. La recesión económica limitó el margen de maniobra oficial y atizó el descontento en la población y en las Fuerzas Armadas (FAN). El gobierno decidió realizar elecciones para presidente. Al poco tiempo las sustituyó por un plebiscito y a los cinco días proclamaron vencedor al dictador habilitándolo “constitucionalmente” para el periodo 1959-1963. El 29 de diciembre la JP exigió a las FAN cumplir el deber de velar por el acatamiento de la Constitución.

Civiles y militares conspiraban en paralelo, solo en enero de 1958 lograron coordinación de propósito y acción: miércoles 1, alzamiento en Maracay[1] dirigido por los coroneles Hugo Trejo y Martín Parada, aviones bombardean Caracas. Jueves 2, huelga de prensa. Jueves 9, zarpan cinco destructores y anclan las naves. Salen el ministro del Interior, Laureano Vallenilla Planchart, destacado operador político, y Pedro Estrada, jefe de la Seguridad Nacional. Viernes 10, el gabinete renuncia; designado Ministro de Defensa el General Rómulo Fernández. Domingo 12, publicado y distribuido el Manifiesto de los Intelectuales firmado con nombres propios -valiente y audaz demostración de confianza en la lucha-, lo mismo hacen casi todos los colegios y gremios profesionales. Lunes 13, el General Rómulo Fernández presenta en nombre de las FAN un pliego a MPJ: exige cambios en la política, reorganización del Gabinete, mayor participación militar. MPJ asume el Ministerio de la Defensa, el General Fernández es detenido y expulsado del país. Lunes 20, huelga de prensa. Martes 21, estalla la huelga general. Miércoles 22, MPJ reprime e intenta negociar. La Marina y la guarnición de Caracas se sublevan. Fuego cruzado con los atacantes del Palacio de Miraflores. Días de sangrienta lucha callejera: 300 muertos, más de 1.000 heridos. Jueves 23, una de la madrugada, constituida la Junta Militar de Gobierno (JMG). 2:15 sale de Miraflores el dictador rumbo a República Dominicana.

La fase termina el 23 de enero de 1958: “clásico” golpe de estado (el momento frontera o límite explicado supra) con una novedad histórica, los altos mandos agruparon las corrientes conspiradoras bajo su dirección. La ausencia de caudillos y logias militares permitió el carácter institucional, caso único en 128 años de azarosa vida republicana.

Un día más. La JMG quedó estructurada con representantes de los componentes de la FAN y dos coroneles fieles a la dictadura. El viernes 24 el movimiento popular en la calle impuso la recomposición de la Junta. Los oficiales afines a MPJ fueron sustituidos por dos hombres del sector productivo que simbolizaban la presencia del bullente universo ciudadano.

¿Por qué reiterar en la enumeración de los hechos? Porque en Venezuela la clase política conmemora religiosamente el aniversario del 23 de enero dejando a un lado fragmentos claves para la comprensión. Hay que poner de relieve que el PTD comenzó con el afloramiento de orientaciones maduradas en la clandestinidad producto de la reflexión sobre el comportamiento partidista en los años precedentes; que el movimiento tuvo dirección unificada y orientación política permanente; que la sinergia de partidos, Iglesia, sociedad civil y Fuerzas Armadas fue determinante.

DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

El 23 de enero de 1958 surgió un gobierno provisional y era entonces urgente invitar a la reorganización de partidos, entes de la producción y agrupaciones de la sociedad civil. La provisionalidad se caracteriza por la búsqueda del consenso, las relaciones de cooperación, la discusión y educación sobre la nueva era. El gobierno procuraba la estabilidad mediante ajustes institucionales y del sistema legal, así como reestructuración de los poderes estatales y acuerdos en política económica y social.

Las transiciones son un juego de muchos participantes donde ninguno satisface el 100% de sus expectativas. La desmesura es un peligro latente, imposible prever las situaciones no deseadas: el golpe de Estado, la huelga que desemboca en una confrontación imprevista, la rebeldía de una fracción de las fuerzas armadas. La Junta de Gobierno controló las alteraciones de la paz y de la ruta de consolidación de la democracia: el Coronel Hugo Trejo, pese a gozar de apoyo popular, fue nombrado embajador en Costa Rica, exilio obligado; el Ministro de la Defensa amenazó con un pliego subversivo, tuvo que renunciar y abandonar el país; oficiales expatriados entraron clandestinamente y dirigieron un alzamiento feroz, muy cruento, fueron rechazados.

El liderazgo democrático mantenía el timón con mano firme y conciliadora. El 31 de octubre AD, COPEI y URD refrendaron el “Pacto de Punto Fijo”. Un día antes de las elecciones los tres candidatos estamparon su firma en la Declaración de Principios y el Programa Mínimo de Gobierno. El domingo 7 de diciembre, Rómulo Betancourt (AD) fue elegido Presidente.

El maximalismo y las confrontaciones violentas las provocaron civiles y militares resistentes al modelo incipiente de sociedad abierta. Aquella experiencia venezolana confirma las teorizaciones sobre los PTD en cuanto formas pacíficas de superar los regímenes autoritarios. En la fase final priva una idea: alcanzar el estado de plena libertad y estabilizarlo. En Venezuela prevalecieron las elecciones y el acatamiento de los resultados. El 13 de febrero de 1959 se instaló por segunda vez en la vida republicana un gobierno producto del voto universal, directo y secreto (1959-1964). La integración del Gabinete fue fiel al espíritu político: 2 ministros de AD, 3 de URD, 2 de COPEI y 7 independientes. Acontecimiento portentoso en un país históricamente vapuleado por golpes de Estado. Concluyó la transición y dio comienzo a la consolidación de la democracia representativa que se estabilizó por cuatro décadas, hasta 1998.

ADENDA

En el decenio de 1990 la implosión del comunismo desnudó el delirio de la sociedad autoritaria y feliz. En Latinoamérica, el iracundo dictador Fidel Castro reunió de emergencia despojos de la izquierda y reinventaron el populismo “blando”. La reunión de Sao Paulo dotó al castrismo de falsa identidad: Democracia con mayúsculas y calificativos a la carta. En Venezuela, el esperpento sobrevive disminuido y cercado por la población que en cuatro décadas de libertad adquirió arquetipos políticos resistentes a la autocracia.

La dictadura comunista acabó con la industria petrolera[2], en 18 años despilfarraron descomunales ingresos, su verdadero soporte y “carisma”. Perduran apalancados por la disparatada argumentación populista-revolucionaria-de-izquierda; fuerzas armadas; cuerpos represivos; estructuras judiciales y electorales; parte de la población; facinerosos organizados. La intervención cubana vertebra los diversos sectores. Pese a todo, el cuento revolucionario cargado de ofertas a futuro malgastó capacidad de convencimiento, no cumplieron y exhiben incapacidad para mantener un gobierno apenas decente y eficaz; en tales circunstancias la población jugará un papel determinante en la transición venezolana de la dictadura a la democracia representativa.

(Texto publicado con autorización del autor)

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[1]Maracay, ciudad de importante concentración militar desde principios del siglo XX. Capital del estado Aragua, localizada a 100 Kms al oeste de Caracas.

[2]Venezuela. Reservas de crudo 300,88 millones de barriles, el 24,8% del total mundial (las mayores reservas del mundo). Pobreza: 82% de la población. Pobreza extrema: 52% (Estudio conjunto de tres universidades: UCV, UCAB y Simón Bolívar)

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