Pensionados y jubilados en el exterior

Atanasio Alegre
ATANASIO ALEGRE –

Cuando en enero del 2016 los venezolanos residentes en el exterior fueron convocados en los diferentes consulados de adscripción para formalizar razonablemente simplificada la documentación correspondiente que les facilitara la percepción de la pensión, hubo quien pensó que las cosas iban por otro camino.

-Nos vamos a quedar sin pensiones, dijeron.

-Imposible. La revolución podrá tomar el giro que tome, pero ningún gobierno en la historia venezolana ha dejado de pagar las deudas, de honrarlas (una expresión tan elegante, como apropiada) y menos las contraídas por efecto de pensiones y jubilaciones.

Pagaron, o mejor dicho, autorizaron divisas para el pago de las pensiones del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) en el exterior con arreglo al nuevo procedimiento durante enero y febrero del 2016 y de ahí en adelante los venezolanos beneficiarios de pensiones en el exterior no volvieron a recibir contribución alguna.

En esta situación se encuentran, solamente en España. unos cuatro mil venezolanos.

La Unión Europea, como se sabe, ha endurecido de manera drástica el ingreso de personas de cualquier nacionalidad que no cumplan de alguna forma con una única condición: ser comunitarios, o sea, tener la nacionalidad de alguno de los países que forman dicha Unión. Hay una derivación hacia familiares en primer grado de consanguineidad, los cuales mediante el sistema de agrupamiento familiar, pueden optar a la residencia. Conseguir la nacionalidad española es un complejo proceso que cada vez se ha ido complicando más. Dicho en otras palabras están -al menos en España- quienes pueden estar por ley. En esta España que tan mal se las vio en la década de los cincuenta y subsiguientes hasta que pasó a formar parte de la Unión Europea y a la que tanto ayudaron las remesas enviadas desde el exterior por los emigrantes desde una y otra parte del mundo donde al español en mengua se le ofreció la oportunidad de sacar su vida adelante. No se arredraron ante el hecho de que aquel que había sido un mundo de rostros confiables se trasformara, de la noche a la mañana, en un desierto poblado de rostros extraños, tal como resumió Hannah Arendt la inmigración. De ese contingente de emigrantes, Venezuela albergó entonces alrededor de medio millón. Sabían trabajar y así lo hicieron. Algunos tenían como oficio el del pensamiento o alguna de las llamadas profesiones liberales y de esta manera enriquecieron tanto la vida profesional como la humanística de la sociedad venezolana. Hablo de quienes disponían de titulaciones universitarias.

Esto fue así hasta el año de 1983 cuando se produce la primera devaluación de la moneda venezolana y la estabilidad de que habían gozado los emigrantes, tanto laboral como política, comienza a deteriorarse. Y como el dinero cumple con esas dos condiciones que ya apuntaban los romanos que ni huele (non olet) y es nervioso, hubo quienes pensaron que era la hora de regresar.

Escribí entonces, ante el movimiento que comenzaba a producirse en los consulados, un artículo titulado Los españoles se van. Desde la Embajada de España en Caracas se alarmaron diciendo que se trataba de un artículo subversivo, si bien les hice ver personalmente con las cifras de que disponíamos en la UCV que si se producía una avalancha como era previsible de más doscientos mil regresados, iban a colapsar los servicios de la sanidad española, entre otros servicios públicos.

Donde tomaron la cosa en serio fue en el Ministerio de Relaciones Exteriores de España y las aguas, si no en su totalidad, al menos se amansaron al poner en marcha algunos convenios que compensaban a los residentes españoles en Venezuela con ayudas tanto desde el punto laboral como del de la Seguridad Social.

Ahora, ante una situación parecida, España ha podido atender los problemas sanitarios de quienes han regresado, pero no desde el punto de vista de aportar medios para su subsistencia.

Habrá que tener en cuenta, en todo caso, que al ser establecido el control cambiario en Venezuela, el pago de las pensiones a quienes se han hecho acreedores a ellas y se trasladaron fuera del país, quedó en manos del estado venezolano mediante las remesas correspondientes en dos sentidos: de quienes dependían del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales o de otro tipo de jubilación por parte tanto de universidades como de otras instituciones del estado. Eso hasta febrero de este año, en el primer caso y hasta finales del 2015, y en cuanto, al segundo, respecto a jubilaciones, se cumplió tal como había sido pautado. De ahí en adelante los consulados pueden dar fe de las quejas y solicitudes de quienes no han recibido el monto de la pensión que les corresponde, con las consecuencias de mengua que ello supone.

Pero, en cuanto al pago de las jubilaciones en las universidades y en otros instituciones del estado, no solo no han vuelto a recibir remesa alguna los beneficiarios durante este año, sino que está cerrado el acceso a la página web a través de la cual se tramitaban dichas remesas.

De modo que habrá que seguir presionando para que el actual gobierno venezolano se digne responder positivamente al clamor de quienes han levantado la voz mediante asociaciones ad hoc e instituciones como el Congreso de los Diputados de España para que los pensionados y jubilados venezolanos residentes en el Exterior tengan acceso a la pensión que les corresponde -y de manera especial, con ocasión de las fiestas navideñas- y que el gobierno cumpla con ellos como viene haciéndolo tan escrupulosamente, por lo visto, con los compromisos de la deuda externa.

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