Sofía Imber, genio y figura hasta los 92

Del libro La señora IMBER, genio y figura de Diego Arroyo Gil con prólogo de Boris Izaguirre. Editorial Planeta 2016

Sofía Imber

Periodista de amor profundo al oficio y exitosa promotora cultural, la fundadora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, Sofía Imber falleció este lunes 20 de febrero a la edad de 92 años. Deja un legado de acción cultural valioso para el país e irrepetible, que infortunadamente se ha mantenido exiliado por decisión de los gobiernos de Chávez y Maduro.

(…)” Infinidad de historias se suman en nuestra amistad y puedo conceder algunas de ellas, pero siempre matizando que Sofía es mucho más que una amiga para mí. Es mi país, el país que me educó, que me hizo creer y avanzar en la democracia y que me sirve de referencia en todos los momentos de mi vida, como escritor, como articulista y como hombre de televisión y radio. Sofía ímber y sus obras me han dado esa solidez. Y sé que también a miles de venezolanos.” Boris Izaguirre.

Mi nombre es Sofía Imber y tengo 91 años. Hay quienes dicen que son más, quizá porque ven el estado físico en que me encuentro y consideran que este cuerpo es aún más viejo; quizá porque creen que todas las mujeres mienten sobre su edad y que yo entro en esa categoría de”todas las mujeres”. No. Tengo la edad que tengo, 91 años.
Lo sé por mi madre, Ana Barú, quien siempre me dijo que yo nací el 8 de mayo de 1924 en Soroca, entonces ciudad de Besarabia, luego de Rusia, hoy de Moldavia. Casi todo lo que sé de ese lugar lo sé porque me lo contaron, pues tengo pocos recuerdos. Apenas si todavía guardo en la memoria la figura de Kostik, el cochero de mi familia, el primer hombre del que me enamoré o, en todo caso, el primero que se me hizo necesario en la vida. Todo lo demás es un relato verbal que escuché desde antes de tener uso de razón y que me ha acompañado siempre como una historia de persecuciones, pérdidas y muerte. Siendo judía mi familia, tuvimos que escapar de aquellos lados del mundo cuando comenzó el asedio sobre nuestra raza.
Llegué a Venezuela siendo todavía muy niña, en 1930. El sanguinario general Gómez estaba vivo, pero para nosotros, que veníamos huyendo de todos los horrores, este era un país de paz. Mi madre, mi hermana y yo desembarcamos en el puerto de La Guaira.

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