The Economist – Adiós a la democracia venezolana

The Economist - Adiós a la democracia venezolana
MICHAEL REID – THE ECONOMIST – 

Se supone que las constituciones, como los diamantes, duran. Pero esa no es la opinión de Nicolás Maduro, un exconductor de autobús escogido por Chávez para reemplazarlo como presidente en 2013. Ha ordenado una nueva asamblea nacional constituyente (ANC), que será elegida el 30 de julio. Este proceso es diferente al de 1999. En violación de la constitución de Chávez, ha sido llamado por decreto presidencial en lugar de referéndum.
Maduro dice que su propósito es derrotar el “fascismo” de la oposición. Sin embargo, la ANC será elegida bajo un sistema que podría haber sido ideado por Mussolini. Cada uno de los 340 municipios elegirá a un miembro de la asamblea, sin importar su tamaño (sólo las capitales de los estados obtendrán dos), lo que significa que las ciudades que apoyan a la oposición están infrarrepresentadas. Otros 181 miembros serán elegidos entre grupos comunales y ocupacionales controlados por el régimen.

Una última oportunidad para ejercer presión diplomática fracasó el mes pasado en una reunión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos, celebrada en Cancún. Maduro quiere esta asamblea porque ya no puede permanecer en el poder democráticamente. Los bajos precios del petróleo y la mala administración han cobrado un alto precio. Los alimentos y los medicamentos son escasos. Las enfermedades de larga duración, como la difteria y la malaria, están matando una vez más. La oposición ganó una gran mayoría en una elección legislativa en 2015. Desde entonces, Maduro ha gobernado por decreto y a través de la corte suprema títere. En las protestas diarias de la oposición que han ocurrido desde abril, 75 personas han muerto, muchas de las cuales han sido abatidas por la Guardia Nacional o por bandas armadas a favor del régimen.
El rechazo a la dictadura ha abierto brechas en su base política de Maduro. Luisa Ortega, fiscal general y chavista de larga data, se ha convertido en una crítica abierta. La asamblea constituyente “completará el desmantelamiento definitivo de la democracia”, dijo esta semana a un periódico peruano. Su aparente propósito es convertir a Venezuela en una dictadura a la cubana. Ya Maduro ha instituido un sistema de racionamiento al estilo cubano con paquetes de alimentos entregados por las fuerzas armadas. La asamblea, dicen los funcionarios, asumirá el poder soberano -y saqueará a la señora Ortega.

Los anfitriones mexicanos pensaron que tenían más de los 23 votos necesarios (de 34) para condenar a Venezuela en la OEA. Obtuvieron sólo 20, en tanto que los representantes diplomáticos de Maduro ganó a los vacilantes mini-estados caribeños con amenazas de cortarles el suministro de petróleo barato. El resultado, dice un diplomático latinoamericano, dependía de la presión que Estados Unidos estaría dispuesto a ejercer en el Caribe. No fue suficiente: Rex Tillerson, el secretario de Estado, se mantuvo alejado de Cancún pues estaba ocupado en la crisis de Qatar. Aunque Venezuela está más aislada que nunca en su región, Maduro podría reclamar una especie de victoria.
Incluso si se hubiera aprobado la moción, podría haber cambiado poco. Los únicos obstáculos potenciales a la jugada de Maduro proceden de su propio lado. Muchos chavistas se oponen a la asamblea constituyente. “El chavismo democrático es significativo en términos de sentimiento popular”, dice David Smilde, un especialista en Venezuela en la Universidad de Tulane (EEUU). Aunque ha habido protestas intermitentes en las zonas chavistas de Caracas, por lo general sobre la escasez de alimentos, la oposición no ha logrado vincularse con los disidentes del régimen en un movimiento de protesta verdaderamente nacional.

Las fuerzas armadas, que sostienen a Maduro en el poder, han vacilado pero no se han inclinado, al menos hasta ahora. Varios generales jubilados cercanos a Chávez criticaron la idea de una nueva ANC. Al menos 14 oficiales subalternos han sido arrestados desde que comenzaron las protestas. El 20 de junio, el presidente despidió al ministro de Defensa, general Vladimiro Padrino, del poderoso puesto de comandante operacional de las fuerzas armadas. Para algunos analistas, esto parecía una expresión de desconfianza.
La tensión está aumentando. El 27 de junio, un oficial de policía en un helicóptero zumbó sobre la Corte Suprema y el Ministerio del Interior. Una multitud progubernamental atacó al parlamento, y saqueos a gran escala ocurrieron en Maracay, a 100 kms al oeste de Caracas.
Maduro y su círculo carecen del aura de heroísmo que originalmente rodeaba a Fidel Castro. “Si la Venezuela chavista era una caricatura de la revolución cubana, Maduro es una caricatura de la caricatura”, dice un diplomático latinoamericano. No hay revolución en Venezuela, sólo mal uso del poder. Se puede derramar más sangre antes de que termine la tragedia.

Publicación original en inglés AQUÍ
Traducción al español por Actualy.es

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