Todos están muertos y la verdad yace también en el fondo del mar

Todos están muertos y la verdad yace también en el fondo del mar
MARIO SZICHMAN –
Hay cosas que, definitivamente, no se arreglan con alambres. La desaparición del submarino ARA San Juan indica que el presidente argentino Mauricio Macri ha entrado en aguas procelosas

El 15 de noviembre de 2017, el submarino argentino ARA San Juan, desapareció en aguas del Atlántico con 44 tripulantes a bordo. Tres días después, la armada de Argentina dijo haber detectado “siete breves señales de satélite”. Funcionarios de la armada indicaron que, al parecer, esas señales provenían del submarino desaparecido. Luego, fueron tejidas una serie de mentiras acerca de esas breves señales de satélite.

Los intentos de comunicación indicaban “que la tripulación intentaba restablecer contacto. Por lo tanto, intentamos localizar la fuente de esas emisiones”, dijo la Armada en su cuenta de Twitter. Agregó que esas llamadas se prolongaron entre cuatro y 36 segundos.

Todos están muertos y la verdad yace también en el fondo del marEl 22 de noviembre toda esperanza se borró. Quien mejor expresó el sentimiento de muchos de los familiares de la tripulación fue la señora Jesica Gopar, esposa de Fernando Santilli, uno de los marineros muertos. “Amanecí viuda”, dijo la mujer. Los voceros de la Armada argentina trataron por todos los medios de encubrir la verdad. Recién el 22 de noviembre admitieron que la mayoría de sus declaraciones eran una sarta de embustes. Apenas horas después de la última comunicación enviada por el submarino, se había registrado una explosión en las profundidades del Océano Atlántico, cerca del sitio donde se desplazaba la embarcación. Esa explosión precedió en varias horas a esas breves señales de satélite, que contaban con un elemento adicional: nunca existieron. Según The New York Times, esas llamadas “resultaron falsas”. Para ese momento, es probable que los tripulantes ya estuviesen muertos.

Todos están muertos y la verdad yace también en el fondo del marSÁLVESE QUIEN PUEDA
CNN encabezó su noticia sobre la explosión a bordo del submarino con este lead: “El miércoles 15 de noviembre, tres horas después de la última comunicación con el submarino ARA San Juan, se registró un extraño y potente sonido en la zona donde la nave habría desaparecido, en las aguas de Atlántico Sur. Recién este jueves, ocho días después, se informó de este hecho a los familiares de la tripulación”.

Las excusas, falsas explicaciones, o ilusorios consuelos, no son recientes en las fuerzas armadas argentinas. Una señora increpó al presidente argentino Mauricio Macri con estas palabras: “En lugar de gastar en otras cosas, ¿por qué no gastan en algo realmente importante, como es cuidar la vida de nuestros familiares?” Usar submarinos “que han estado en servicio desde comienzos de 1980”, dijo la mujer, “es jugar con la vida de nuestro pueblo”.

El ARA San Juan fue reparado durante el gobierno de Cristina Kirchner. ¿Investigarán si la nave se hallaba en buenas condiciones? Es muy difícil ahora que está en el fondo del mar. Pero, además, desde el fin de la dictadura militar de 1983, no hay mucho interés en reparar o reemplazar los anticuados aviones y barcos de las fuerzas armadas.

Fui reclutado para el servicio militar en un regimiento de infantería de la provincia de Buenos Aires, en 1966. Y aunque no se trataba de la armada, sospecho que los problemas y la mentalidad, eran similares. Los soldados no habían sido reclutados para servir a la patria, sino a los suboficiales u oficiales. Los más afortunados, eran usados como mandaderos de las esposas de los oficiales. Si tenían algún oficio, podían lucir sus habilidades reparando muebles, o joyas, o pintando viviendas de sus superiores.

Recuerdo que en una ocasión, un suboficial me preguntó si sabía manejar una cámara fotográfica. Era para fotografiar a un soldado que había resultado herido en las manos, al estallarle una granada. El soldado fue dado rápidamente de baja. No recuerdo que a ningún oficial se le haya ocurrido pedir una investigación por un hecho tan grave. En general, todo podía arreglarse con un alambrito. Tal vez si le ponían a las granadas algún alambrito, no estallarían.

Todos están muertos y la verdad yace también en el fondo del marAMARGO RECUERDO DE LAS MALVINAS
Si se recuerda lo ocurrido en 1982, cuando las fuerzas armadas argentinas decidieron invadir las islas Malvinas debido a los graves problemas en materia económica y social, se tendrá un buen ejemplo de cómo funciona la vida militar en ese país. Los problemas internos parecían insolubles, la solución estaba afuera y parecía mucho más fácil. Reconquistar las islas que los británicos habían bautizado Falklands, y cubrirse de gloria humillando al “viejo y apolillado león inglés” resolvería todas las contrariedades.

Los periódicos y revistas de Argentina se dedicaron a estimular el patriotismo y a considerar esa peligrosa aventura como un simple paseo militar. Sería bueno reproducir todos esos trabajos para mostrar cómo la necedad y la locura anidan en la mentalidad de muchos periodistas.

Mi recuerdo más perdurable de esa época proviene de un periodista argentino que trabajaba en una agencia noticiosa en Nueva York. El periodista era un patriota a tiempo completo. Había respaldado con entusiasmo el golpe del general Rafael Videla. Además, en su juventud había revistado en la fuerza aérea. La invasión de las Malvinas le pareció el broche de oro de los salvadores de la patria.

Cuando estallaron las hostilidades, la agencia noticiosa lo envió a cubrir el conflicto. Solo pudo llegar hasta una base militar en Ushuaia, en el extremo sur de Argentina. El periodista era un gran experto en cuestiones militares. Retornó del viaje demudado. Cuando le pregunté quién saldría ganador en el conflicto, me respondió con mucha seriedad y aflicción: “Hermanito, nos van a romper el c…”.

Mario Szichman, periodista y escritor argentino. Escribe desde Nueva York.
https://marioszichman.blogspot.com.es @mszichman


 

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