Trump
El presidente electo de EEUU en su comparecencia ante la prensa

Cada vez que abre la boca o lanza maldiciones en tuits, el presidente electo de EEUU trae a mi mente la imagen del fallecido Hugo Chávez. Para quienes han soportado el infierno de la “revolución” bolivariana, saben a qué me refiero. Para los que no han visitado Venezuela, tienen razón: exagero. Primero, hay que guardar las distancias. De este lado hay el magnate exitoso que esta semana será el jefe de la primera potencia mundial.

A cambio, y a pesar de hacer uso del mismo histrionismo y la ignorancia para gobernar, Chávez no pasó de ser el personaje folclórico de un país tercermundista que pudo superar la pobreza y hoy yace en la miseria.

Trump y Chávez no dejan, sin embargo, de parecerse. Digamos que en su trato despótico a la prensa, su atasco mental para conocer los cambios de los tiempos y ese afán por sembrar conflictos con otros gobiernos.

De Chávez sabemos que hizo todo con torpeza y crueldad; de Trump la gente espera lo peor. Y aquí no vale decir, como nos respondían nuestros vecinos, que los estadounidenses se lo buscaron.

De lo que haga este machista e ignaro desde la Casa Blanca dependerá en parte que el planeta siga siendo un escenario atribulado pero con esperanzas a mejorar, y no una nueva versión de la Edad Media en pleno siglo XXI.

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