Trump y el nuevo canciller español podrían sacar del juego a Zapatero

El maletín cambia de manos, símbolo del intercambio de carteras ministeriales en España. García Margallo le entrega la Cancillería a Dastis.

OMAR PINEDA

El mundo acaba de despertar. No era un mal sueño. Donald Trump viene de dar il sorpasso y el 20 de enero de 2017 entra por cuatro años como inquilino de la Casa Blanca. Dueño de su propio destino, y del país que va a encarar como Presidente, el magnate y mandatario de Estados Unidos cita en sus primeras declaraciones que Cuba y Venezuela siguen en la agenda.

Preguntado en un espacio televisivo acerca de la nueva realidad que se presenta al mundo, el expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, insinúa que esta sorpresiva realidad conlleva el riesgo de zarandear el mapa geopolítico mundial, y espera, no obstante, que el nuevo presidente de EEUU valore con sentido de la realidad la situación de América Latina.

Visto que su foco de atención actual está en Venezuela, donde aparece como un actor importante en el lento y accidentado proceso de diálogo Gobierno-Oposición, respaldado por el Vaticano, Zapatero no descarta que la nueva administración de la Casa Blanca avive el fuego que él ha ayudado a extinguir, y el país que ha batallado contra 18 años de gobierno chavista acentúe su polarización.

José Luís Rodríguez Zapatero en Caracas.
José Luís Rodríguez Zapatero en Caracas.

Pero el rostro bonachón de Zapatero –por el que en cierta ocasión la prensa española llegó a semejarlo con el “Bambi” de WaltDisney– ya venía desdibujándose antes de la elección presidencial de EEUU. El motivo: la bajada del autobús ministerial que hizo el presidente Mariano Rajoy a José Manuel García-Margallo, como titular en la cartera de Asuntos Exteriores y de Cooperación, y sustituirlo por Alfonso Dastis, hasta hace días representante diplomático de España en la Unión Europea, y tildado de bruselense por excelencia, con poca o ninguna experiencia en Latinoamérica.

De hecho, el mote de “anti Margallo” con el que lo define una nota publicada en El País, dice ya bastante de la suerte que corre la mediación de Zapatero en Venezuela, dado que era el ministro Margallo (con anuencia de la mano zurda que a veces suele mover Rajoy), quien oxigenaba al expresidente del Gobierno español a desarrollar con una habilidad que no pocas veces enviaba señales equivocada a la MUD, para que actuara con licencia y sin demora, en la búsqueda de una salida “honorable” para el gobierno de Maduro y la oposición en una mesa de diálogo, un proceso que, al día de hoy, se recalienta por su lentitud, al punto de que ha agotado la paciencia de dirigentes como Henrique Capriles y del presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup.

¿Significa esta nueva realidad, surgida en menos de 72 horas, que los avances –si es que los ha habido– obtenidos gracias a la intermediación de Zapatero se irán al desaguadero? Es posible que nadie esté en posición de asegurar una hipótesis de lo que será el desenlace del tema del diálogo en Venezuela.

Por lo pronto, según análisis publicados en la prensa española, en las prioridades del nuevo ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Alfonso Dastis, no figura el tema Venezuela. Se dice que, más allá de normalizar los intercambios de visitas, a Dastis le corresponde dar nuevo impulso a la imagen de la política exterior española, particularmente en la UE, en parte por el año que pasó el país con un gobierno en funciones y que debilitó el nombre de Mariano Rajoy como actor principal en la comunidad europea. Otra de sus anotaciones en agenda sería sacar el máximo partido a la presencia de España en el Consejo de Seguridad de la ONU. Diciembre será el último mes que estarán en ese organismo. Es verdad, como dijo García-Margallo con tono lastimero al pasar la cartera a su sucesor, que la maquinaria diplomática española seguirá funcionando, pero no en la dirección indicaba por la brújula de García-Margallo. El año de incertidumbre política que vivió España le provocó una rotura a la imagen de España. El bruselense Alfonso Dastis se ofrece, utilizando el símil de Susana Díaz en el PSOE, para coser la diplomacia de la “madre patria”. Y si Latinoamérica no figura en la agenda del nuevo Canciller con la misma intensidad que le dio Margallo, los viajes de Rodríguez Zapatero hacia Venezuela podrían también disminuir. Más aún cuando el hombre que acaba de llegar a la Casa Blanca no oculta sus intenciones de ponerle fin a la tragedia “castrochavista”, como gusta decir el expresidente colombiano Álvaro Uribe. Entonces, ahora sí será verdad aquello de Zapatero a sus zapatos. Además, a José Luis le espera en Madrid una misión inevitable que no es una balada, sino una canción desesperada: intervenir en la recomposición del nuevo liderazgo del PSOE.

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