Por una diáspora en movimiento

JUAN RAFAEL PULIDO (Chipilo) –

“El problema es encontrar una forma de asociación que vaya a defender y proteger con toda la fuerza común a la persona y los bienes de cada asociado, y en la cual cada uno, mientras se une con todos, pueda seguir obedeciéndose solamente a sí mismo, y ser tan libre como antes.”

Jean-Jacques Rousseau.

En grupo o individualmente, son innumerables las experiencias que los venezolanos en el exterior promueven desde sus particulares vidas, para mantener los nexos y compromisos con el país y para producir vínculos de carácter comunitario en un nuevo espacio territorial distinto al terruño de nacimiento.

Se integran – no sin dificultad – en el mercado de trabajo. Los obstáculos son también innumerables para vencer los nuevos desafíos: adquisición de un idioma, búsqueda de una vivienda, autorización para vivir legalmente en un nuevo territorio, escuela para los niños, inscripciones universitarias, seguro social, respeto de normas, leyes y sobre todo comprensión de los códigos culturales de la nueva sociedad. Y además, con un estricto apego a las normas y una comprensión rápida de las oportunidades que ofrecen los países democráticos en donde rehacen sus vidas, los venezolanos del exterior se apropian de los espacios públicos para la realización de manifestaciones cívicas y culturales.

Inventan variadas formas de actividades ciudadanas. Los encuentros asociativos son numerosos. Utilizan con imaginación y astucia las redes sociales como vector de acercamiento y de trabajo en colectivo, para compartir intereses en común sin importar las distancias y las fronteras geográficas. Todo ello con el objeto de “fabricar” la pertenencia a una comunidad de individuos que viven en la Venezuela extra-territorial de un mundo cada vez más conectado, interdependiente y por supuesto globalizado, que en mucho y felizmente facilita el reagrupamiento de los expatriados de la nación venezolana.

CRECER MÁS Y MEJOR: POR UNA DIÁSPORA ORGANIZADA

Un modo de crecer organizadamente y de construir una fuerza ciudadana relativamente unificada en el exterior, consiste en proponer proyectos -animados por el mecanismo asociativo- que permitan movilizar voluntades y que debido a su naturaleza inclusiva y de carácter unitario, permitan la participación de todos. Para ello hay que identificar los factores de “identidad”, los lazos de pertenencia a una cultura de origen que facilitan el acercamiento y el reforzamiento de vínculos de sociabilidad física y virtual entre los venezolanos del exterior. Reconocer los factores de adhesión a iniciativas que tienen un alto valor compartido es una exigencia para poder promover contacto social y avanzar en la inmensa necesidad de acercamiento y reconciliación alrededor de actividades colectivas.

En ese sentido en el asociacionismo como bien lo explica Alexis Tocqueville “… el individuo encuentra a la vez, en el ejercicio de su libertad, una ocasión para su elevación moral y unas defensas eficaces contra la invasión del poder central.”

¿CÓMO LOGRARLO?

Aquí proponemos un decálogo de ideas que son el resultado de la experiencia real vivida durante 14 años de actividad asociativa en Francia. Nada exhaustivo, solamente Indicadores de un camino posible pues cada nación tiene su especificidad. Las relaciones históricas con Venezuela son de un país a otros diferentes y la cantidad de compatriotas por país varía considerablemente. De manera que se trata de abrir un espacio de reflexión para mejorar nuestra condición ciudadana en tierras ajenas y nuestra propia capacidad para organizarnos mejor, combatir la indiferencia y unir esfuerzos con la convicción de que es posible otra Venezuela: una que tiene su prolongación extra-territorial en casi dos millones de venezolanos que desde fuera, también sueñan con un país de progreso y de justicia para todos sus ciudadanos. Poco importa el lugar donde vivimos, adentro o afuera, Venezuela es una sola y como dicen los juristas, única e indivisible. En todo caso, esa es nuestra aspiración.

Y no obstante, como bien lo indica el científico social Manuel Ferrer, el activismo de la diáspora es “…una experiencia que ha funcionado como escenario y punto de encuentro para que los migrantes venezolanos hayan abandonado —al menos temporalmente— su carácter invisible, avanzando en la organización de pequeñas estructuras informales de acción política, que han servido para la realización de toda clase de actividades tendientes a ejercer presión en contra del nuevo autoritarismo venezolano encarnado por la llamada revolución bolivariana”.

Adentro o afuera, la exigencia ciudadana por un país con libertad, justicia social y progreso para todos no tiene límites. La reconstrucción debe ser una empresa colectiva. Tener un norte común y una visión compartida para imaginar y pensar -desde ahora- una Venezuela mejor que conquiste el alma de toda la nación sin exclusión. Los demócratas de allá a quienes admiramos y los de la Venezuela extra-territorial, solidarios y activos, compartimos la misma esperanza: impedir que se pierda la República.

Adentro o afuera, la nación sólo deja de existir cuando se renuncia individualmente a la condición de ciudadano, sin esa condición no es posible la conquista de un mejor futuro para Venezuela.

DECALOGO PARA UNA DIÁSPORA EN DESARROLLO

1.- Organizarse en ASOCIACION. En el caso de Francia (ley 1901) y de muchas naciones democráticas se permite con una gran facilidad la creación de este tipo de cuerpo intermediario indispensable para la organización y participación ciudadana. Un estatuto legal es necesario para actuar cumpliendo con las normas del país donde residimos y para tener el reconocimiento de sus instituciones. Por otro lado, una asociación es por excelencia un espacio de aprendizaje de la vida democrática. Un lugar para el debate plural de ideas y proyectos ciudadanos. Un instrumento para la realización de iniciativas individuales que son potenciadas por el aporte y el pensamiento colectivo. Efectivamente, en estos “cuerpos intermedios” dice Alfonso Osorio, “la asociación agrupa y unifica las capacidades de todo sus miembros sumando poder, inteligencia, habilidades… cada uno separado es insignificante”. Es también un espacio de compromiso ciudadano que nos permite recuperar en tierras democráticas, el protagonismo de nuestras vidas y el rechazo a refugiarnos en la indiferencia de la esfera privada de una forma de individualismo que llevado al extremo erosiona el interés por el bien común y las virtudes públicas. La libre asociación de ciudadanos es también el mejor medio para fomentar el liderazgo ciudadano necesario para la reconstrucción de la sociedad civil y la promoción de pertinentes y eficientes métodos para la participación de los venezolanos expatriados.

Sin olvidar que una asociación es un instrumento ideal para exigir y defender derechos y fomentar vínculos solidarios.

Dos ejemplos que ilustran la importancia de una asociación como la forma más idónea de actuar en colectivo en el exterior.

Primero: En el 2015 cuatro venezolanas agrupadas en la asociación Creativ’elles se unieron para traer a Emilio Lovera a Paris y más tarde y en el mismo año a Claudio Nazoa. Ambos eventos fueron un éxito: los dos humoristas venezolanos de presentaron -por primera vez -en un teatro parisino y la asociación demostró su capacidad de montar triunfalmente esa actividad. Hoy la asociación que organizó esos dos eventos continúa su trayectoria preparando nuevos proyectos en el dominio cultural.

Sagundo: el libro “La voz de la diáspora” de reciente publicación es una obra escrita por el sociólogo Tomás Péez que contó desde sus inicios con el aporte generoso de varias personas y asociaciones en distintos países que se unieron a ese proyecto de investigación. Hoy el sociólogo Tomás Páez es solicitado por la diáspora venezolana en muchos países para discutir el contenido del libro y sobre todo para clarificar y visualizar en debates ciudadanos nuestro rol presente y futuro en el exterior, de cara a una nación que solicita nuestro compromiso ciudadano para la restitución de la democracia y para la inmensa labor de reconstrucción del país.

2.- Una asociación requiere para su eficaz operatividad de una identidad: 1) un nombre 2) un logo 3) unos estatutos -personalidad jurídica-con un estricto apego a las normas y leyes del país en donde la asociación debe actuar 4) un equipo directivo 5) unos objetivos y 6) una plataforma virtual con su página web ,twitter y facebook para hacer visible su existencia a través de las redes sociales, pontenciar una red de compromiso ciudadano y sobre todo para la organización de actividades concretas. Sin actividad real, una asociación pierde su razón de ser.

3.- Organización de eventos culturales, profesionales y científicos. En este dominio muchas son las iniciativas que pueden desarrollarse. Los artistas venezolanos en el exterior son numerosos y pueden – ya lo han demostrado – mostrar con sus obras y reflexiones, una presencia en torno a la creación cultural venezolana fuera de nuestras fronteras.

Igualmente, desde una asociación sólidamente constituida, se puede propiciar la participación de científicos y profesionales en eventos relacionados con la ciencia, la tecnología y la innovación, fomentando así las relaciones bilaterales entre Venezuela y el mundo. Anticipar desde ahora -y hasta donde sea posible- las relaciones con gobiernos regionales y locales en especial en el dominio de la formación universitaria( estudios de posgrado) así como para los intercambios comerciales, la búsqueda de inversiones y tecnología.

4.- Organización de talleres para dar a conocer la cultura venezolana (lengua, música, danza, arte culinario, béisbol, etc….). Estos talleres pueden ser además una manera de obtener recursos para el funcionamiento de la asociación. Y en cierta medida, si se hacen bien, pueden convertirse en una forma de producir empleos para los compatriotas que organizan y transmiten el conocimiento. A través de estos talleres se puede transmitir a los descendientes hijos de venezolanos que viven en el exterior la memoria histórica y cultural de la nación en forma de servicios educativos. En perspectiva intentar -como lo hacen los mexicanos y otras naciones- la creación de “La Casa de la Cultura Venezolana”. El ejemplo más visible y formidable de este tipo de iniciativas institucionales lo tienen Francia e Inglaterra respectivamente con la inmensa red de Alianzas Francesas y con las agencias culturales británicas British Council.

5.- Organización de conferencias y discusiones alrededor de la actualidad venezolana. La diáspora venezolana tiene en su seno numerosos profesionales y especialistas, expertos en materias diversas, dispuestos a compartir y transmitir conocimientos y experiencias. Desde una asociación y con el debido tacto y respeto de la vida privada, se puede levantar un censo -banco de datos- de la comunidad venezolana en el país, ciudad o región donde la asociación fue creada. Es enorme el capital en “materia gris” que tiene la Venezuela extra-territorial y que debe ser inteligentemente solicitado para una etapa cercana de regeneración del país.

6.- Organización de reuniones con las diferentes instituciones estatales del país donde se reside, a nivel nacional y local, con el objeto de informar y producir múltiples intercambios. La relación y el diálogo con el país en donde vivimos, tiene que ser permanente y en la búsqueda incesante de construir intercambios durables para ambas naciones. Igualmente se deben identificar en cada país, las instituciones privadas y públicas que tienen o desean tener una relación- económica, comercial, académica, cultural o política- con Venezuela. Desde una asociación con personalidad jurídica es relativamente más fácil y eficiente una actividad promotora en dirección de instituciones y empresas potencialmente interesadas en Venezuela.

7.- Organización de reuniones con grupos no gubernamentales y representaciones variadas de la sociedad civil, en las cuales el tema de la defensa de los derechos humanos debe estar en el centro de nuestras exigencias.

8- Organización de encuentros con medios de comunicación locales para informar sobre la realidad y el acontecer venezolano. El periodismo sin fronteras cuenta con comunicadores venezolanos en prácticamente todas la principales capitales del mundo que han tenido un rol importante en la difusión de una información veraz. Construir vínculos con estos profesionales de la comunicación social y abrir los espacios de la vida asociativa a la labor periodística es de vital importancia.

9.- Organización de eventos deportivos y encuentros ciudadanos festivos para estrechar lazos. Hay una inmensa necesidad en el “exilio” de construir acercamientos y los modos de crear vínculos son muy variados. En el exterior el modelo de sociabilidad entre venezolanos no es el de la vecindad urbana o familiar del país de origen. En Francia somos aproximadamente 10 mil venezolanos “perdidos” en la inmensidad de 60 millones de galos. La dispersión de los venezolanos en la geografía de la nación de adopción modifica la relación de conexión entre los venezolanos de la diáspora. De manera que la nueva proximidad espacio-tiempo pasa y se construye a través de las redes sociales y en nuestra capacidad asociativa a producir eventos de sociabilidad física: el arepazo, las fiestas de navidad, los picnic para celebrar la llegada del verano, los variados conciertos, los encuentros literarios, artísticos y deportivos, las conferencias, las manifestaciones ciudadanas son incompletos ejemplos del potencial de asociatividad emprendedora de nuestra comunidad.

En la distancia, “la venezolanidad” es un poderoso factor de convivencia social “que son modos de resolver y enfrentar el problema de la extrañeza” sin que ello signifique encerrarse en una dinámica que nos aísle de la nueva sociedad y de las potencialidades que puede representar interactuar con un modo societal y cultural distinto en innumerables aspectos al nuestro.

10.- Organización de manifestaciones en defensa de los derechos fundamentales en Venezuela. Es justo y necesario establecer un vínculo solidario con nuestro país, que vive un momento difícil de su historia como nación. Son incalculables las manifestaciones y las actividades de solidaridad promovidas por los venezolanos en el exterior. Muchas de ellas organizadas con discreción o sencillamente poco mediatizadas. Es verdad que en un país donde brutalmente se persigue el pensamiento disidente el miedo tampoco tiene fronteras.

La diáspora busca con sus acciones ciudadanas, incidir a través de una participación efectiva en asuntos de interés público como el derecho a votar desde el exterior en elecciones nacionales (presidenciales, referéndum o plebiscito). De la misma manera, como es lógico y razonable, en la defensa de intereses particulares que derivan de su condición de expatriados. Venezuela tiene alrededor de 6% de sus habitantes repartidos en el mundo -casi dos millones-sin ningún tipo de representación política en el parlamento venezolano. Exigir esa representación es hoy un objetivo que hay que colocar en el centro de las reivindicaciones de los venezolanos en el exterior.

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