“Uno de los nuestros”, en el Departamento de Estado

 

VÍCTOR SUÁREZ –

Pedro Miguel, hijo de Peter y Enriqueta, casó con Fátima y tiene tres hijos, Clara, Pedro y Sara. Nació en Maracaibo en 1954. Hace 34 años escribió una tesis doctoral para la Universidad de Oxford sobre la estructura de castas en la Caracas Pre-Revolucionaria (1777-1811), y ya están diciendo por allí que el Secretario de Estado Mike Pompeo lo fichó como su principal asesor en asuntos patrios solo para que lidiara con la Caracas Post-Revolucionaria (2018-…).

“Experto en Venezuela”, han titulado varios portales caraqueños y bogotanos.

En febrero de este año renunció Thomas Shannon, Number Three del Departamento de Estado, de manera que la plaza de “Experto en Venezuela” había quedado vacante. Donald Trump despidió a Rex Tillerson en marzo y movió en su lugar a Pompeo, hasta entonces jefe de la CIA. Visto el endurecimiento de las políticas de EEUU contra el régimen de Maduro, el gran hueco dejado por Shannon podía ser fotografiado desde los drones furtivos que a veces logran colarse en el espacio aéreo protegido de la 2201 C Street, NW, en Washington DC.

En sus tiempos de recluta en los organismos de inteligencia, que se espelucaban constantemente durante la Guerra Fría, estuvo adscrito a los despachos que se ocupaban del seguimiento de Cuba y Angola. Posteriormente fue enviado a zonas tan peligrosas como Mozambique y Uganda, aunque también encontró sosiegos en Londres y Bruselas. En 2013 llegó a las montañas humeantes y minadas de Afganistán como segundo de a bordo y un año después fue ascendido a embajador justo antes del término oficial de la guerra de quince años contra los talibanes.

Pedro Miguel es un hombre educado en administración de crisis (“Uno de los nuestros”, diría John Le Carré; “A good fella”, diría Martin Scorsese), que ha estado prendado al servicio exterior de EEUU desde hace 36 años. Ahora ha vuelto a la casa matriz, en el Distrito de Columbia.

PENINSULARES Y CANARIOS

“Uno de los nuestros”, en el Departamento de EstadoLo de experto en historia colonial venezolana le viene por ese libro de 264 páginas que le publicó la editorial Cambridge University Press en 1985 (reeditado en 2002). En Venezuela, Pre-Revolutionary Caracas: Politics, Economy and Society 1777-1811 apareció en 1993, impreso por Monteávila bajo el título de Caracas antes de la independencia, traducido por Julieta Fombona Zuloaga.

1777 refiere al año de la creación de la Capitanía General de Venezuela, y 1811 al año de la proclamación de la independencia nacional.

Se trata de ese tipo de estudios académicos que han sido despreciados (y sepultados) por los tótems de la historiografía en razón de presuntamente haber tratado de pintar al período colonial como si hubiera sido el mismo paraíso terrenal que dicen alucinó a Colón cuando arribó a Macuro.

La reseña de la casa editorial señala: “Casi invariablemente, la Caracas colonial tardía ha sido descrita como una sociedad llena de tensiones y una colonia en desacuerdo con el orden imperial (español). Este estudio, por el contrario, muestra una colonia que creció, prosperó y maduró en los confines del Imperio. Presenta el final de la década de 1700 como la Edad de Oro de la sociedad colonial caraqueña y sugiere que no fue un accidente que este Renacimiento tardío haya creado un ambiente capaz de engendrar hombres seguros de sí mismos que llevaron a gran parte de Hispanoamérica a la independencia. Las causas de la lucha por la independencia y la violencia que la acompañó se consideran (en el libro) en el contexto de la crisis imperial provocada por la invasión de Napoleón (Bonaparte) a España. Los hallazgos de este estudio se basan en una variedad excepcional de nuevos datos sobre la economía y la sociedad de Caracas de fines del siglo XVIII, de los cuales una colección de 800 registros y voluntades testamentarias es lo más impresionante”. Esos documentos reposaban en el Arzobispado de Caracas.

En una antigua nota que encontré por allí se asienta que “El presente libro rechaza la mayor parte de este modelo (historiográfico) y presenta una alternativa francamente revisionista en la que Venezuela, lejos de estar preparada para la revolución, disfruta de crecimiento económico, flexibilidad social y estabilidad política. El autor muestra sus cartas desde el comienzo cuando habla de Caracas como “una sociedad colonial en desarrollo, inusualmente equilibrada y armónica”.

Para describir la estructura de castas en la provincia de Caracas (blancos, 24%; pardos, 44%; indios, 16%, y negros, 16%), McKinley se basó en el censo recogido por el historiador Juan V. Lombardi en su obra People and Places in Colonial Venezuela (1976)

El economista e historiador francés nacido en Nueva York, Nikita Harwich Vallenilla, que ha sido profesor de la Universidad Católica Andrés Bello y también ha dictado cátedras en el Saint Antony’s College de la inglesa Universidad de Oxford, donde Pedro Miguel se doctoró en Estudios Latinoamericanos, escribió en 1988 una nota crítica en la Revue Française d’histoire d’outre-mer:

“El libro de McKinley –sostiene- tiene el mérito de poner el acento en el delicado equilibrio entre lo económico y político que condiciona la evolución histórica de la provincia de Caracas en el curso de los últimos decenios del régimen colonial. McKinley, con justeza, subraya la importancia de cierto consenso en los niveles del “Pacto Colonial” que asegura una cierta estabilidad de las instituciones dirigidas por la élite de los criollos. El inconveniente –advierte- es que se trata de una situación idílica, tal como ha sido presentada, al menos en los niveles de las tensiones internas de la sociedad del Ancien Régime de la provincia de Caracas, donde un lector desinformado tendría gran dificultad para captar la intensidad de la lucha social escenificada en Venezuela durante la guerra de independencia, sobre todo en el período 1813-1814. Esta podría ser la crítica mayor que se puede hacer a la obra”.

Harwich Vallenilla puntualiza que el libro de McKinley trata con pertinencia el problema de la provincia de Caracas en tanto tal, pero no toma en cuenta el carácter localizado del estudio emprendido. “La sociedad jerarquizada de la provincia de Caracas no es más que la solapa de la realidad venezolana de finales del período colonial. Frente a la provincia de Caracas se encuentra la gran extensión de Los Llanos, donde, a todo lo largo del siglo XVIII, se forma otro tipo de sociedad que, precisamente, rechaza toda integración en el sistema de castas y sirve como una salida para las tensiones. La cordialidad interracial de las cumbes (villorrios de chozas de negros cimarrones, esclavos escapados de las haciendas), que evoca con pertinencia McKinley en el caso de las regiones costeras de difícil acceso, se encuentra en la población semi-nómada habitante de los llanos, cuya resistencia a la penetración económica, a todo lo largo del siglo XVIII, de los grandes propietarios de tierra de la provincia de Caracas, constituye el preludio de la lucha social que provoca el proyecto político de integración nacional después de 1811”.

El aporte documental del ahora embajador McKinley probablemente haya sido motivo de debate en los tiempos de su publicación, en 1985, aunque hubiera sido traducido al español ocho años después. Imagino a mi antiguo profesor de Historia Federico Brito Figueroa tirándose de los pelos ante tal caracterización de la sociedad colonial caraqueña. De ese tema hoy se habla poco, a menos que alguien adopte la desmesura de Hugo Chávez con el Bolívar Zambo como un añadido pertinente al acervo cultural venezolano. Es posible que el propio autor haya olvidado lo que investigó entonces.

OJO DE GARZA BLANCA

Uno de los nuestros
En Brasilia con el presidente Michel Temer, en enero de 2017.

Al Secretario de Estado Michael Richard Pompeo, de ascendencia italiana, tal vez importe muy poco lo que al fin y al cabo es apenas un par de líneas en el currículo de Peter Michael McKinley. El bachillerato lo hizo aquel en una academia militar y el título de abogado lo obtuvo en Harvard. No tiene obra conocida, aparte de su diputación por Kansas en las filas del partido Republicano. En un par de tuits, Donald Trump anunció, con un año y dos meses de diferencia, su elevación a los supremos cargos de jefe de la Agencia Central de Inteligencia y de la política exterior de Estados Unidos.

Lo que sí le podría importar sobremanera sería la actuación próxima de McKinley en el grupo de sus asesores principales en el Departamento de Estado.

Moderado, conciliador, negociador, con capacidad de liderazgo, baila lo que le pongan aunque la salsa no se le da muy bien, y también habla portugués y francés…, presume su perfil de jet set. “Es un diplomático hábil con un estilo discreto ampliamente respetado”, dijo a la AFP Michael Shifter, presidente del centro de análisis con sede en Washington Diálogo Interamericano.

Ha sido un funcionario que ha rotado por todas las esquinas diplomáticas del mundo. Conoce especialmente a América Latina. Viene de Brasil, como calibrador activo de la interminable crisis post Lula da Silva-Dilma Rousseff. Antes había estado en Colombia (2010-2013) y Perú (2007-2010). Su primer cargo en el exterior fue en Bolivia entre 1983 y 1985. En La Paz conoció a Fatima Salces Arces.

No ha sido carnaza de escándalos durante su amplia trayectoria profesional.

-Épale, que conoció de la vida de asilado político de su paisano Manuel Rosales desde que el filósofo zuliano llegó a Lima en noviembre de 2007; que investigó el caso de la financiación chavista a la candidatura presidencial de Ollanta Humala y de las continuas e injustificadas transferencias de divisas a su esposa Nadine a través del empresario peruano Julio López, dueño del finado diario venezolano The Daily Journal y de otras empresas de maletín radicadas en Venezuela que también operaban a expensas del erario público; que le hizo seguimiento al caso de las Casas del Alba y a la actividad de la red de grupos de agitación financiadas por Chávez en Perú; y hasta estuvo al tanto de la financiación del gobierno venezolano a la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), nodriza que posteriormente dio origen al partido Podemos en España.

-¿Cómo sabe usted eso?

-Sus detallados informes al Departamento de Estado aparecen en las filtraciones publicadas por Wikileaks.

-O sea que este maracucho conoce al pelo el modus operandi…

-Claro que Yes.

Víctor Suárez, periodista venezolano. Escribe desde Madrid.

 

1 Comentario

  1. De nuevo Victor Suarez nos ofrece una impecable y sabrosa cronica, de actualidad y relevancia. El bueno de McKinley, maracucho casado con la boliviana Fatima, esta en el ajo con Mike Pompeo.

    Como decian los antiguos diplomaticos, chapeau Victor tanto por la redaccion como por la investigacion. (faltan los acentos, cosas de la maquina)

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