Venezuela en siete palabras

F/Reuters / Cabello, Chávez y Maduro en el Palacio de Miraflores
MAX RÖMER –

Plantearse escribir sobre Venezuela una columna coherente, es cosa compleja. Una batería de puntos permitiría enlazarlos como si de un dibujo numerado se tratara. Así pues, que eso haremos en esta columna.

DICTADURA

Una imagen (la que ilustra este artículo) determinó lo que sería la herencia de Chávez. A su siniestra, nunca mejor dicho, Nicolás Maduro, su sucesor, el encargado de la revolución, al que los venezolanos debían votar. A la diestra, su gran aliado, el teniente que le dio fuerza y respaldo en todo lo que el comandante quería: Diosdado Cabello.

Una foto bien producida. La Constitución, los pies de El Libertador, la bandera de ocho estrellas con su caballo corriendo hacia la izquierda, el busto de Bolívar, un vaso de agua impoluto y lleno buscando demostrar transparencia, una taza de café y un grupo de lápices recogidos en un cubilete, como quien ha hecho su tarea. Todos con caras circunspectas. Solo el comandante de camiseta roja. Los otros dos, en mansa obediencia, como pensando en su momento, en el que deberán actuar.

La imagen ha acompañado los designios del comandante hasta el pasado día 5 de enero cuando Nicolás Maduro destituyó a su vicepresidente, Diosdado Cabello, y nombró a Tareck El Aissami, exgobernador del Estado de Aragua y hombre fuerte del chavismo en materia de política interior. Una designación que ha traído una oleada de informes, notas de prensa y reflexiones sobre el futuro del chavismo en manos de este otro hijo de la revolución con aparentes vínculos con el mundo de la droga.

Pero, allí no termina la vida política de Diosdado Cabello. Al contrario, es el flamante vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela -PSUV-, es decir, el propio gestor de los “soviets” a la venezolana. Ningún cargo de pacotilla. Lo que viene es reciedumbre y dureza contra la oposición y, por supuesto, contra todo aquel chavista que se resbale de su posición.

El tándem Maduro, El Aissami y Cabello lo que promete es un cuadro de mandos militares y de combate contra cualquier intento que pudiera desestabilizar al gobierno chavista bajo el nombre de “comando antigolpe”, un batallón armado que hasta prácticas militares ha hecho este pasado fin de semana.

Único bastión de la oposición. El lugar de resistencia

El único bastión institucional de la oposición es la Asamblea Nacional. El presidente saliente del brazo legislativo, Ramos Allup, tuvo la fuerza de mostrar pecho, más de una vez, al presidente Maduro. Puso de vuelta en su bancada a los chavistas acostumbrados a hacer lo que les daba la gana en el hemiciclo. Ahora le toca el turno de presidir a los diputados al abogado y también diputado, Julio Borges, otro hombre fuerte de la oposición. Conocido por su aguerrida y determinada forma de plantear los desmanes de la revolución, por encabezar la lucha desde la oposición siempre desde el ámbito jurídico y, por ser quien pone la cara -literalmente- cada vez que se arma una tángana en el antiguo congreso.

Bajo su presidencia se verán subrayados los problemas venezolanos, se demostrarán los entuertos de las políticas monetarias y de seguridad y, sin duda, se buscará que el gobierno de Maduro rinda cuentas del desgobierno que mantiene a Venezuela en el abismo. También se buscará que el concepto “abandono del cargo” por parte de Maduro se materialice a pesar del “comando antigolpe” que resguarda los intereses del presidente venezolano.

Estanflación

En el sector de la economía, el petróleo sigue rondando los 50 dólares por barril (aunque el prepuesto para 2017 lo estima en 30), la inflación alcanzó el 784% en el año 2016 y se espera que alcance el 1660% según el FMI, el gobierno eliminó los billetes de más alta denominación para sustituirlos por otros de mayor valor facial y, para remate, elevó los salarios un 50% que, ni sirven para paliar la inflación y, por otro lado, generan más inflación que tampoco puede compensarse con el bajo nivel de ingresos por vía petrolera. Una situación que se conoce como estanflación, es decir, que hay recesión económica e inflación a la vez. Una triste realidad la de los venezolanos que hacen colas para tratar de paliar sus necesidades básicas de alimentación.

Sin acuerdos ni diálogos posibles

La oposición y el gobierno no alcanzan acuerdos, aunque intermedie el Vaticano y algunos expresidentes hispanohablantes. ¿Por qué? Porque lo que propone el chavismo es insostenible en materia de dignidad, máxime cuando los presos políticos son denominados por el gobierno como políticos presos, lo que hace que el debate más allá de la semántica, se convierta en una burla para quienes han tratado, sí tratado, de aplicar el articulado de la Constitución para revocar al presidente Maduro mediante referéndum.

Se liberaron a algunos al finalizar el 2016. Una muestra de intenciones que duró muy poco. Ya en 2017 hay nuevos inquilinos políticos en las cárceles venezolanas… una cucharada del comando antigolpe.

Inseguridad

Más de 28 mil asesinatos durante 2016, lo que ubica a Venezuela como el segundo país más violento del mundo. Un sitial nada envidiable y que nos devuelve al punto 1 de esta lista. ¿Cómo es posible que sea Tareck El Aissami el vicepresidente si no pudo cuando estuvo como ministro de relaciones interiores con el crimen? La respuesta es simple: se necesita de ese terrorismo interno para el control político y social. Un toque de queda permanente que mantiene a la ciudadanía en vilo, asomadas a las ventanas esperando la vuelta de la calle de sus familiares.

Mafia alimentaria

La política alimentaria y distribución de medicamentos y el control por parte de los militares está dando de sí. Han organizado un mercado paralelo para cobrar precios altísimos por los diferentes alimentos. Así, la política alimentaria del presidente Maduro, que funciona con el estamento militar destacando un rubro a cada general, ha agudizado la escasez de comida. ¿Consecuencia? Más corrupción e intercambio de favores entre los militares que se traduce en más desabastecimiento para el pueblo.

Poderes secuestrados por la presidencia

La dependencia de los poderes del poder ejecutivo. El Tribunal Superior de Justicia, en contubernio de poderes, ha citado al presidente Maduro para que rinda su informe anual de 2016 ante ese organismo, eximiéndolo de hacerlo frente a la Asamblea Nacional, tal y como dicta la Constitución. Formas de interpretación libres del texto jurídico por excelencia y que, sin duda, se suma al primero de los puntos de este dibujo, dictadura.


Publicado originalmente en Bez.es

Max Römer Pieretti es consultor de comunicaciones corporativas, institucionales y políticas

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