VÍCTOR HUGO D’PAOLA
Maduro se convierte en prisionero de su propia incapacidad y de un grupo reducido de militares que buscando controlar el poder, lo hacen a través de Maduro, presidente títere. Es muy difícil hoy un gobierno dictatorial abiertamente militar, la opinión internacional no lo aceptaría

El chavismo pudo haber sido no solo un fenómeno político, sino un movimiento transcendente con futuro más allá de su líder fundador. No ha resultado así. En vida y en sus mandatos presidenciales, Hugo Chávez fue demasiado personalista, él solo era la voz de su partido y su gobierno, nadie distinto al caudillo tenía vida política propia.

El asalto militar al poder se disfraza con gobernantes títeres que no vistiendo uniformes militares, estén dispuestos a ponerse al servicio de ellos

Nunca se preocupó por crear un equipo dirigente del estado, ni siquiera del partido suyo. Único líder, caudillo tradicional venezolano y estalinista de nuevo cuño que asumía la práctica histórica de lo que había sido el centralismo de los partidos comunistas del siglo XX. Cometió dos grandes errores que después Maduro repitió exagerándolos: la dependencia política del gobierno cubano, lo que significó alienarse a los 50 años de fracasos de una revolución, negación de la democracia.

El otro grave error de Chávez fue ir cediendo espacios de poder cada vez más determinantes a los militares, activos y en retiro, es decir un retorno al militarismo, que tanto daño le ha hecho al país durante su historia. Chávez y su gobierno fueron presidencialistas, centralistas y militaristas en un populismo, que en la experiencia de América Latina ha sido negativo en países que lo han sufrido.
Con Nicolás Maduro se agravan estos males, fue una pésima escogencia del casi moribundo Chávez, la de Maduro como sucesor en la presidencia de la República y en el liderazgo del movimiento chavista.

En Maduro, la desproporción existente entre lo que se propone y la capacidad suya para realizarlo. Su inferioridad es visible, evidente. La inteligencia y la cultura le son ajenas a este presidente, quien ante sus continuos fracasos, cree que la solución es radicalizar su política, llevándola hasta el extremismo fascista. Exagera el presidencialismo, aunque esta institución esté cada vez más devaluada, desconoce poderes legítimos como la Asamblea Nacional, producto de las elecciones de diciembre de 2015, se rodea para gobernar de una camarilla impopular.

Maduro se convierte en prisionero de su propia incapacidad y de un grupo reducido de militares que buscando controlar el poder, lo hacen a través de Maduro, presidente títere. Es muy difícil en los primeros años del Siglo XXI, un gobierno dictatorial abiertamente militar, la opinión internacional no lo aceptaría. El asalto militar al poder se disfraza con gobernantes títeres que no vistiendo uniformes militares, estén dispuestos a ponerse al servicio de ellos. En Venezuela, nadie puede negar que hay un gobierno dictatorial y éste no podría sostenerse sin el poder de fuego, armado y represivo de militares en funciones.

Maduro se convierte en prisionero de su propia incapacidad y de un grupo reducido de militares que buscando controlar el poder, lo hacen a través de Maduro, presidente títere.

El gobierno actual no solo es dictatorial, también es fascista, aunque todavía algunos chavistas lo ignoren. Este es uno de los problemas que afectan a muchos chavistas que se creen obligados a servir a Maduro y a una falsa revolución. Maduro, su camarilla y su gobierno, aun con sus relaciones con el despotismo cubano, no son verdaderamente una revolución, son una voluntad de cómplices que desesperadamente buscan mantenerse en el poder, conservar sus desmesurados privilegios ante un pueblo hambreado y cada vez más pobre.

Los chavistas han podido ser un movimiento que transcendiera su paso por el gobierno, como lo fue el peronismo y el sandinismo, ida y regreso. Cuando han perdido el poder se van a la oposición y más tarde recuperan el gobierno. Todo hace ver que el chavismo será “flor de un día”. Un solo líder que está muerto, no basta el culto a la personalidad de un difunto, la necrolatría. No ha surgido en sus filas un liderazgo nuevo, Maduro, Cabello y Rodríguez son caricaturas de líderes, de inanidad como políticos.

Esta situación muestra lo que está pasando en el chavismo, cada vez mayor descontento en sus filas, pérdida del respaldo popular, la división tocando a sus puertas. Unos, aspirando a volver a ser una opción transformadora y otros solo interesados en su acomodo político, en “salvar sus piscinas”, como dijo una vez el gran cineasta Orson Welles

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