Víctor Suárez 
Madrid, 12-5-2026 

En su primer año al frente del Vaticano, el Papa León XIV aún está definiendo su estilo. Tras el pontificado de Francisco I, las maneras de Robert Prevost parecen envolver un estilo de gobierno “más lento, tradicional y sinodal, menos autoritario”.  Cuatro veces ha salido de Roma, ha opinado sobre Gaza y Ucrania, improvisa muy poco, ha recuperado Castel Gandolfo como remanso personal, ha aguantado las punzadas de Trump y le ofreció a Maduro un plácido exilio. Se espera que este 15 de mayo se conozca su primera encíclica (Magnifica humanitas, dedicada a la era de la revolución digital), coincidente con el 135 aniversario de la Rerum Novarum, de León XIII. Entre el 5 y el 12 de junio visitará Madrid, Barcelona e Islas Canarias. 

León XIV con Marco Rubio.
Trump le lanza una daga al Papa, el Papa le responde, el secretario de Estado Marco Rubio vuela al Vaticano para sofocar la humareda.

Lo que sí ha estado haciendo con premura es una limpieza general de la Capilla Sixtina y de sus recovecos milenarios. “La reorganización que León XIV está llevando a cabo de la Curia romana y de las grandes diócesis (internacionales) sigue en marcha: de aquí a finales de año, seis prefectos de Dicasterios (cargos de rango ministerial), al haber alcanzado los 75 años, deberán presentar sus renuncias: habrá que encontrarles sucesores”, dice Jean-Benoît Poulle, historiador y vaticanista en la revista francesa Le Grand Continent. 

Quien se mantiene atornillado, a pesar de haber sido su adversario y competidor en el cónclave del año pasado, es Pietro Parolín, Secretario de Estado desde hace 13 años, pero que en 2030 se jubilará al cumplir 75. Ejerció la nunciatura vaticana en Venezuela. 

El tablero no deja de moverse. Emergen nuevas piezas en la Casa Pontificia, gabinete ejecutivo del Vaticano, su círculo más íntimo. Como prefecto de la Casa designó a Petar Rajic, de 67 años, de nacionalidad bosnia y canadiense. Como viceregente a Edward Daniang Daleng, de 49 años, de origen nigeriano y tan agustino como el pontífice. Desde mayo del año pasado ha relucido, pero sin confirmación, el nombre de la chef peruana Verónica Sánchez Molina como cocinera papal. En noviembre del año pasado el sacerdote peruano de 37 años Edgard Rimaycuna Inga, fue designado “capellán de Su Santidad”. Como secretario particular adjunto comisionó al sacerdote toscano de 41 años Marco Billeri. Estas parecen cuestiones domésticas. 

De mayor importancia para la jerarquía es la remoción de uno los dos adjuntos de Pietro Parolín en la Secretaría de Estado. El venezolano Edgar Peña Parra, maracucho de 66 años, ha sido sustituido por el italiano Paolo Rudelli, quien venía de ocupar la nunciatura en Colombia. Esta posición “Asuntos Generales” (considerada el Ministerio del Interior de la Santa Sede), es la que se encarga del engranaje central de la Curia. El Number Two del Vaticano, en términos realengos. Al tercero a bordo en esa sección, que se encarga de las relaciones con los Estados, al británico Paul Richard Gallagher, que se encuentra en ese puesto desde 2014, le adjuntaron un adjunto, el rumano Mihaita Blaj. 

En otra sección, la prefectura del Dicasterio para los Obispos fue nombrado el italiano Filippo Iannone, posición que el mismo Papa había ocupado entre 2023 y 2025. Es quien selecciona a la mayoría de los nuevos obispos de la iglesia universal. Ha habido cambios en el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral. Continuidad en el Dicasterio para el Clero. Han sido remozadas las nunciaturas en Washington, Nueva York y Londres, y además ha sido reorganizada la diócesis de Roma. 

A quien no se le ha visto ni de visita es al otrora gran soporte del finado Francisco, el caraqueño Arturo Sosa, jefe de los jesuitas. 

MARACUCHO FUERA DE JUEGO 

Entre la plaza de San Pedro y la nunciatura italiana, situada en Vía Po Nº 29, median cinco quilómetros de adoquines, que en el endiablado tráfico romano se cruzan en 15 minutos. De allí salió el nuevo prefecto de la Casa Pontificia, Petar Rajic, y llegó el nuevo nuncio Edgar Peña Parra.  

El venezolano había sido nombrado como “ministro del Interior” del Vaticano en 2018, el segundo latinoamericano en ocupar esa posición tras el argentino Leonardo Sandri, quien a su vez había sido Nuncio en Venezuela en 1993. El arzobispo maracucho se había convertido en un hombre de extrema confianza de Francisco I, hasta el punto de haber sido el último en hablarle en vida y sellado la puerta de su aposento al momento de la expiración. 

Monseñor Peña Parra
Monseñor Peña Parra fue ordenado por Benedito XVI, estuvo hasta el final al lado de Francisco I y culminó su estada en el Vaticano apenas sin cumplir un año del pontificado de León XIV.

El vaticanista Jean-Benoît Poulle considera este movimiento como “un ascenso que se asemeja más a una condecoración por servicios prestados que a un cargo de gran responsabilidad, a pesar del siempre delicado asunto de las relaciones con el gobierno italiano que pasa por sus manos”. Pero en infovaticana.com el también vaticanista Marco Tosatti y Specola acuña que tres destinos para Peña Parra había sido barajados, de los cuales dos habían sido rechazados, mientras que la opción de la Nunciatura en Italia representaría una solución de compromiso que permitiría su permanencia en Roma. “En este contexto, el eventual traslado de Peña Parra a la Nunciatura italiana sería interpretado por algunos observadores como una pieza más dentro de un proceso más amplio de redefinición del equilibrio de poder en la Curia romana, además de una degradación de su cargo”. 

DOS CADÁVERES EN VILLA GEORGINA 

En abril pasado Peña Parra se posesionó de Villa Georgina, actual sede de la nunciatura, un palacete que ocupa 20 mil metros cuadrados de jardines en zona céntrica romana que fue donado a la iglesia en 1949 por el industrial turinés (judío converso) Isaías Levi, como muestra de gratitud por la ayuda prestada a los judíos durante la guerra 

En su testamento, confiado al Papa Pío XII, Levi decía: «Dejo a Su Santidad mi villa en Roma… Esta villa es lo más querido que poseo. Está enriquecida con plantas valiosas que cultivo con el máximo cuidado, es rica en agua con fuentes y ninfeos, fragmentos antiguos, escaleras e invernaderos para flores. La construcción es la mejor que se pudo lograr en nuestro tiempo». 

Ya la había descrito el laureado escritor Alberto Moravia en su primera novela (Los Indiferentes, 1929), que fue llevada al cine por Francesco Maselli en 1964, con Claudia Cardinale y Rod Steiger como protagonistas. 

Pero fue en 1959 cuando la Nunciatura fue finalmente establecida en ese lugar por Juan XXIII, desde la antigua sede de Villa Anziani en la VÍa Nomentana.

Cuando el arzobispo zuliano llegó a la Santa Sede en 2018, Roma estaba envuelta en una trama tipo Indiana Jones que tenía a todos los noticiarios vibrando más que diapasón con hipo.

En un anexo del palacete, mientras trabajaban en una remodelación, obreros habían encontrado restos humanos enterrados en el piso. La iglesia llamó a la policía para que investigara, la policía llamó a las autoridades civiles, las autoridades llamaron a los forenses, los forenses se pusieron sus trajes radioactivos, y en ese agitado andar ya estaban YVKE Mundial y todas las radioemisoras y televisoras italianas encaramadas en el muro de Villa Georgina tratando de avistar un dato con sotana.

Citaron a declarar al Nuncio nacido en Suiza Emil Paul Tscherrig, y a todos los empleados y temporarios de la subsede vaticana.

De pronto, exigiendo que hicieran pruebas de ADN a los restos rescatados, emergieron los familiares de una joven desaparecida en 1983, Emanuela Orlandi, ciudadana vaticana cuyo padre había trabajado como jardinero en el mínimo territorio de ese país que estaba a 5 quilómetros de allí. Luego se presentaron, con la misma petición, los allegados de otra chica, también menor de edad, de nombre Mirella Gregori, que un mes antes, 35 años antes, se había ido detrás de un joven que una noche le había tocado el telefonillo para invitarla a salir.

Redes de trata de esclavas blancas, bandas de secuestradores y criminales que le entregaban tales prendas a curas birriondos, venganzas de las mafias turcas y búlgaras que habían fallado en el atentado contra el papa Juan XXIII, burdeles de alta clase. Todas esas teorías estaban en boga, incluyendo secuelas del deceso de Juan Pablo I en 1978. Para entonces hervía en todas las esquinas el silogismo “Todos los curas son pederastas”. El escritor Mario Puzzo había muerto y no podía ayudarles a resolver, Umberto Eco también, Dan Brown lamentó no poder escribir otro Código Da Vinci.

Los laboratorios forenses determinaron, luego de pruebas de carbono-14, que los huesos hallados eran de dos varones y que databan (con toda precisión) de alguno de los tres primeros siglos después de Cristo. 

Desaparecidas en Roma

Ahora, 43 años después de la desaparición de las dos jóvenes, una investigación parlamentaria sigue abierta, y a monseñor Peña Parra aún no se le ha visto en foto tomada bajo el soberbio frontón de Villa Georgina. Allí está inscrito en latín “Inter Sidereos Roma Recepta Polos” (“Entre cielos estrellados Roma es recibida”, procedente de “De reditu suo” – “De su retorno” -, original de Rutilius Namatianus, poeta imperial romano del siglo V). 

Como si preparara baúles para marcharse a Ushuaia, en la punta antártica argentina, al despedirse de sus colegas vaticanos el prelado maracucho dijo: “Estoy feliz de ir a Italia”.

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