VÍCTOR SUÁREZ –
En diciembre del 71 estalló La Murga, la murga de Panamá, en el álbum “Asalto Navideño”. Aunque en Caracas sonaba mucho su nombre en la radio, la presentación en vivo en Venevisión (“Sábado Sensacional, Amador Bendayán) fue su catapulta de lanzamiento en Venezuela, con Héctor Lavoe a su lado.
En 1977 el Poliedro estaba full, Willie Colón (1950-2026) apareció muy flaco, en franelilla blanca estampada, cabello rulo y barba joven. Lanzaba el álbum «Metiendo mano», el primero en la voz de Rubén Blades.

En 1979 llegó tres veces a Caracas, una con Fania All Stars (voz solista en «Y yo sin poderte hablar»), otra con Rubén Blades (lanzamiento del disco más vendido, «Siembra)», y la tercera con Héctor Lavoe para presentar el álbum “Recordando a Felipe Pirela”, el bolerista de América.
El 6 de agosto de 1982, el Poliedro reventó: Soledad Bravo y Willie Colón presentaron el álbum «Caribe», un experimento que resultó un éxito. Soledad venía de otro mundo musical. Esa noche Willie abrió con «Oh, qué será», original de Chico Buarque, y Soledad le replicó con «Déjala bailar», obra del mismo célebre autor brasilero. Luego Willie le dio duro a la hispana criolla, con «Amor verdadero», pero esta no se amilanó: lo que maravilló al público y a la crítica fue el arreglo salsero que Colón le había hecho a «Son Desangrado», que el cubano Silvio Rodríguez había ideado para incluirlo a inicios de ese mismo año en su álbum «Unicornio» y con el que Soledad, de batola nacarada y timbre en el Himalaya, perforó la cúpula del Poliedro.
Willie Colón había formado parte del staff de Fania All Stars, en su primera visita al país el 7 de junio de 1974, pero su trombón estaba de tercero en la alineación, detrás de los virtuosos Barry Rodgers y Lewis Khan. El empresario Jesús Enrique Antón, ex dirigente sindical de Fetrasalud, había decidido realizar ese concierto en el Nuevo Circo, a pesar de que el Poliedro de Caracas había sido inaugurado tres meses antes. Anteriormente Antón había promovido el Primer Festival Mundial de la Salsa, en el antiguo Palacio de los Deportes, en cuya organización de los conciertos y la edición de una revista alusiva intervinieron los periodistas Rómulo Rodríguez (+) y Víctor Suárez.

Entrados los 80, Willie Colón ya tenía plaza establecida en el país, como director de orquesta y como cantante solista. “Venezuela fue el primer país que me aceptó como solista”, agradeció años después.
De pronto, en 1986, apareció en plan de actor en la telenovela «La Intrusa», un remake de «La Usurpadora», protagonizada por Mariela Alcalá y Víctor Cámara. Montó en ella el tema principal («¿Quién eres tú?»), compuesto por Luis Guillermo González, presentador y autor de bandas sonoras en RCTV. Y también cantó en escena una versión de “Manantial de corazón”, del gran Yordano.
EL BAKINÉ DE ANDRÉS ELOY
Su nombre había penetrado en el gusto local, ya sin la catapulta de Lavoe, a partir de una maroma musical que culminó en fracaso comercial. En 1977 lanzó el álbum «El bakiné de los angelitos negros», con una formación de diez cuerdas (cinco violines, dos chelos, un bajo eléctrico, un contrabajo, guitarra y cuatro puertorriqueño), para un total de 30 ejecutantes de alta factura. Colón estaba buscando alternativas a su música disruptiva que ya entonces consideraba «tradicionaI». La disc-music presionaba bastante. Trataba de romper los puentes que él mismo había construido diez años antes, a partir de su debut con el álbum «El malo». Quería más fusiones, aflorar más raíces, mayor complejidad. Fania se lo permitió. El bakiné estaba inspirado en el poema «Píntame angelitos negros», considerado en América hispana un himno contra la discriminación racial, original del venezolano Andrés Eloy Blanco. Fue la banda sonora de un programa de la televisión pública de Nueva York. La batería de trombones, trompetas, saxo y percusión era tan poderosa como la habitual de Fania All Stars. De allí salió, por ejemplo, “Camino al barrio”, con los solos magistrales del panameño Vitín Paz, considerado la mejor primera trompeta de todo el barrio hispano. El cumanés Andrés Eloy nunca había clamado tan alto como en este bakiné, el de los ritos ancestrales ante el fallecimiento de un _infante dipinto di nero_.
“Ese poco conocido disco es una muestra del riesgo que Willie estaba dispuesto a asumir para satisfacer su curiosidad por encontrar nuevos caminos, aún a expensas de las demandas que el éxito comercial imponía a su carrera”, estampó Rubén Blades en su ya antológico obituario.

EL TRIBUTO A FELIPE PIRELA
Una rareza, también de poco recorrido comercial pero sí de alta significación para los músicos y deudores patrios, ocurrió en 1979. Willie Colón produjo el quinto disco en solitario de Héctor Lavoe, “Recordando a Felipe Pirela”, bolerista maracucho que había sido asesinado en Puerto Rico en 1972. Se trata del único cantante al que Lavoe le tributó un álbum completo. En 1975 había imitado al cantante típico puertorriqueño Chuíto el de Bayamón (Jesús Sánchez Erazo) en la espectacular “Qué bien te ves”. En 1976 participó en el agasajo que la Fania le rindió a Tito Rodríguez (“Cuándo, cuándo”). En el homenaje en Caracas al Bolerista de América, por RCTV, cuando los violines de la sinfónica caraqueña entraron y Lavoe sobrio tomaba el micrófono para entonar “Sombras”, apareció un atildado Colón para hacer el dúo. Orlando Urdaneta animó esa fiesta que parecía un funeral en diferido.
A comienzos de los noventa, en Supersábado Sensacional, por Venevisión, triunfaba Yuyito, vedette argentina que ponía la torta cada vez que intentaba bailar salsa. Era un desastre, incapaz de sincronizar la cintura y los hombros a la hora de atacar el guaguancó. El cantautor maracucho Amílcar Boscán se inspiró en sus torpezas para escribir “Talento en televisión”. Se la entregó a Willie Colón y en 1993 apareció su tercera producción más vista en redes sociales (355 millones de reproducciones).
EL LLENO DE LA CARLOTA
En 1998 Colón logró otra marca, imbatible 28 años después. El 19 de julio, en el aeródromo La Carlota una multitud calculaba en 160 mil personas se congregó para disfrutar del “Festival en la base”, organizado por Amnistía Internacional y la televisora estadounidense MTV. La defensa de los derechos humanos era la divisa. Casi todas las expresiones musicales, dominantes entonces, airearon sus pergaminos en los atriles. Colón y Blades se reunieron allí por primera vez en un concierto 16 años después de su separación profesional. En noviembre y diciembre se realizarían elecciones parlamentarias y presidenciales, las ultimas bajo los cánones de la Constitución de 1961. La democracia se estaba despidiendo y la salsa estaba en el mismo proceso.
El cartel incluyó además a Aterciopelados, Los Fabulosos Cadillacs, Os Paralamas do Sucesso, Los Pericos, Desorden Público y Un Solo Pueblo.

Doce horas de música continua. Y cuando llegó la aurora llena de goce fundidas estaban tu alma y la mía, como concluye el verso en “Idilio”, la mágica composición del boricua Alberto Titi Amadeo Rivera en 1938 que Colón convirtió en éxito tal que la grabó en 1993 (en todo el mundo para entonces solo había 14 millones de usuarios de Internet y 130 páginas web) y a la fecha actual acopia 366 millones de visualizaciones en línea.
En La Carlota, a Rubén Blades le ocurrió un percance mientras interpretaba “Plantación adentro”, de Tite Curet Alonso. Perdió la letra, se saltó el estribillo. Camilo Manrique falleció, camará. Esa canción la habían estrenado juntos 20 años antes en el Poliedro. De inmediato, sin sobresaltos, Colón mandó a parar los metales y ordenó a los cueros bajar el volumen del toque. Al poco se emparejaron y Blades recobró el tempo. Casi nadie se enteró de nada.
Esa noche parecía que mucho rescoldo quedaba de sus viejas disputas. Pocas miradas, un par de abrazos diplomáticos. No volverían a compartir tarima nunca más.
Eso sí, Willie aguantó las casi dos horas de concierto. En sus tiempos lustrales, Lavoe le exigía, le arreaba un enérgico “guapea, Willie Colón”, cuando parecía que languidecía el solo de trombón. Otros músicos a veces también se tomaban esa licencia, pero quizá en otro sentido.
EL GUAPO, EL MALO…
El escritor y periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos tiene una teoría acerca del sentido de la “guapería” en Willie Colón .
Según él, Antonia Pintor, la abuela puertorriqueña que lo crió, le habló desde el principio de la importancia de “la guapería”.
–Willie: en el mundo el que no guapea, no sale adelante, mijo.
“Guapear, en el Caribe, dice Salcedo Ramos, es frentear a los que vienen a montarla. Si en el colegio un niño más grande te atraviesa el pie para que te caigas, tienes un problema y debes resolverlo. Puede que al guapear pierdas la pelea, pero eso sí: te ganarás el respeto y nunca más volverán a joderte.
“Willie siguió el mandamiento al pie de la letra, y se hizo respetar en el duro sur del Bronx.
“Su abuela le enseñó otra acepción del verbo “guapear”: plantarse firme ante las dificultades. Tratar de convertirlas en un reto. Si hay hambre, guapeas; si se demoran las oportunidades, guapeas. Fue lo que él hizo. Cuando empuñó el primer trombón descubrió que a punta de música podría transformar su realidad. Eso también fue guapear.
“Entonces se volvió un virtuoso, y así llegó a la cuarta acepción del término: guapear es también mostrar una solvencia casi ofensiva en lo que se hace. Cuando Willie hacía música, su enorme música, su inolvidable música, llegaba a unas alturas que a los demás les quedaban muy lejos.
“Y por eso, cuando Willie se saca de la manga uno de sus solos sublimes y los demás le pedimos que guapee, lo que estamos haciendo es celebrar su incomparable genio creativo”.
El escritor y periodista venezolano César Miguel Rondón, que ha estado tras de la huella de Colón desde inicios de la década del setenta, no cree en “solos sublimes”. En su programa en YouTube, en la emisión con motivo del fallecimiento del duro del Bronx, señaló que Willie no tenía una gran formación musical, como Mario Bauzá, Tito Puente o René Hernández, por ejemplo, pero era osado y ambicioso. “En el concierto en el Cheetah en el 71, dijo, era el tercer trombón de las Fania All Stars, y lo fue porque era el menos virtuoso de los tres (junto con Barry Rodgers y Reinaldo Jorge)… Era un trombonista solvente, hacía muy bien el trabajo, afinado, pero no es que era… (en ese instante Rondón levanta las manos y eleva las cejas como diciendo “la verga de triana”).
EN TARIMA A PESAR DEL NAUFRAGIO DE LA SALSA
Esa multitud congregada en La Carlota, el doble de la que asistió al concierto de Fania en Zaire y cuatro veces más que la del Yankee Stadium en 1973, indicaba que el nuevo sonido del Caribe había labrado un arco que inició el mismo Colón en el gueto del Bronk, y que ahora rendía carteles a toda vela, con Colón de nuevo al frente, en Caracas. A partir de allí la salsa, como industria, se replegó.
Sin embargo, Colón no naufragó. Durante los siguientes 30 años se mantuvo en tarima.
En 2008, se presentó en el Aula Magna de la UCV (La foto es de Carlos Hernández). Ya le había declarado la guerra al régimen chavista, pero sin abandonar la plaza. Lo hizo después, con Maduro sucesor.
LA CONQUISTA DE MADRID
En octubre de 2011, con motivo del Día de la Hispanidad, en Madrid, le vi por última vez. Cerraba la quinta edición del festival VivAmérica en una Plaza de Cibeles desbordada. Jornada extraordinaria que amalgamó todos los colores latinos con todos los sabores de la Madre Hispania. No le habían visto en acción desde 1985, en ocasión del festival “Llegó la salsa”.

Cuando los españoles asistentes, la mayoría, escucharon este verso, sintieron al unísono que Colón era de los suyos:
Sé que nunca fuiste mía/
Ni lo has sido ni lo eres/
Pero del mío un corazón/
Un pedacito tu tienes.
Entonaba “Gitana”, una de las obras más celebradas del músico y cantante flamenco “Manzanita” (José Ortega Heredia, fallecido en 2004).
Esa noche bailé como nunca, al aire libre. Fue mi primera celebración en grande después de haber salido con vida de una exitosa triple intervención quirúrgica sin la que no hubiera podido seguir contando y cantando.
Gracias, Willie.















