MIREYA TABUAS –
Imagínense los muchos que sueñan con ser piloto de avión o neurocirujano, imagínense si los dejamos que cumplan su deseo de practicar por un ratico la profesión que no estudiaron porque «pobrecitos, ellos querían».
Sé que algunas personas defienden al «esquiador» (valen las comillas) venezolano que nunca había visto la nieve. Al esquiador que ni siquiera podía estabilizarse en sus esquíes al comenzar la carrera. Al esquiador que tuvo sus 5 minutos de fama haciendo el ridículo a nivel mundial.
He leído que dicen cosas como: «Pobrecito, era su sueño, lo cumplió, es digno de admiración» y les parece tan bonito eso, tan cuchi. A mí no. A mí me parece un acto corrupto. Me parece además un acto irresponsable e irrespetuoso para los que se han matado durante años practicando duro para tener un puesto en la competencia.
Además creo que perseguir sueños sin tener la formación no solo es una mamarrachada y una vergüenza, sino una irresponsabilidad enorme y un peligro. Imagínense los muchos que sueñan con ser piloto de avión o neurocirujano, imagínense si los dejamos que cumplan su deseo de practicar por un ratico la profesión que no estudiaron porque «pobrecitos, ellos querían».
Creo que tan importante como perseguir un sueño es formarse para alcanzar ese sueño, es hacerse merecedor del sueño, no llegarle al sueño por el camino corto (y falso), por el camino del facilismo, de la improvisación. ¿Hasta cuándo vamos a seguir avalando eso?

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