VÍCTOR SUÁREZ –

La grey zuliana puede estar asándose durante siete días seguidos, por “falta de aire”, sometida “al insoportable calor que agobia la paz de cualquier alma”, como asegura un editorial del diario Panorama; ligando sostenidamente durante una semana que el puente no se les caiga como el de Génova, que también fue diseñado por el arquitecto italiano Riccardo Morandi; a sabiendas de que el Sambil, Internet y la morgue no funcionan, que las llamadas telefónicas se cortan como en la antigüedad tecnológica; temblando en víspera del asueto bancario más largo y desacertado desde que fue inaugurado el Banco de Maracaibo en 1882; sin esa carne que se pudre en los frigoríficos. Todo esto y muchas otras desgracias están acoquinando a los maracuchos en estos momentos. Pero lo que íntimamente guardarán en sus pechos como la contraprestación máxima que La China les haya podido abonar en estos días tan amargos, es el hecho incontrovertible de que a un paisano prelado se le haya otorgado la gracia de custodiar tanto el sello de plomo del Vaticano como el anillo del Pescador, símbolos de la autoridad, autenticidad y omnipotencia del Papa, representante de Dios en la Tierra. Uno y otro serán luz y sombra, nada más, entre tu vida y la mía.

¿Y quién es ese prelado tan preludo? (En italiano: uovo pelato).

El Papa Francisco ha designado como nuevo “Sustituto” de la sección de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado del Vaticano a monseñor Edgar Peña Parra, arzobispo titular de Telepte, un municipio tunecino de 6 mil habitantes, y también nuncio apostólico en Mozambique, cuya capital Maputo se encuentra a 12.634 kilómetros de distancia de la Plaza de San Pedro, en Roma.

¿Y cómo es que se trae a un cura de tan lejos para que ocupe la tercera posición más importante del gobierno de la iglesia católica?

Según Andrea Torricelli, corresponsal de la sección Vatican Insider del diario italiano La Stampa, “es ya bastante famoso el deseo de (l Papa) Francisco de que cada nuncio apostólico tenga una experiencia en África”.

Edgar Peña Parra nació en Maracaibo el 6 de marzo de 1960. Se ordenó sacerdote en 1985 bajo el palio de Domingo Roa Pérez, arzobispo local. Entró en la carrera diplomática del Vaticano en 1993 y desde entonces ha estado itinerando por todos los costados del mundo.

Ha pasado por Kenya, Yugoslavia, la Oficina de Naciones Unidas en Ginebra y por las nunciaturas de Sudáfrica, Honduras y México. Fue nombrado arzobispo titular de Telepte (Túnez) en 2011, designado nuncio apostólico en Paquistán (2001-2014) y en febrero de 2015 fue llamado a ocuparse de la representación diplomática pontificia en Mozambique, allá en el sureste de África, país con mucha costa Índica, donde los portugueses se asentaron en 1498 tras la estela del navegante Vasco de Gama.

Durante 25 años de vida diplomática ha logrado aprender italiano, inglés, francés, portugués, serbo-croata y algo del universo bantú (un conjunto de 1.400 lenguas, 400 millones de hablantes). No se sabe si aún mantiene la esencia del maracaibo style.

El arzobispado de Telepte no es que sea un grial para ambiciosos, sino uno de esos puntos en el planeta en los que ya no existen obispos residentes, pero al que hay que cubrir nominalmente para honrar el antiguo menester del obispo Juliano, presente en el Concilio de Cartago del año 256 D.C. Los predecesores del maracucho Peña Parra en ese poblado minúsculo habían sido sacados de la cantera de la Secretaría de Estado. En su caso, el proceso ha sido al revés. Le han extraído de allí y le han fichado para el staff romano.

La sombra maracucha del papa Francisco
Con el papa Francisco, cuando fue designado nuncio en Mozambique en 2015.

El Tercer Hombre del Estado Vaticano (luego de Francisco y Parolín) enfrentará a partir del 15 de octubre un nuevo ajetreo vital. En Mozambique la pobreza es extrema, mucho analfabeto, mucho sida, mucha reproducción de hasta 6 vástagos por familia, y una esperanza de vida de 40 años. En Roma, hasta los papas se jubilan. En Mozambique apenas 30% son católicos, en el Vaticano 100%.

Entrará en el juego de poderes, tan pronto desembarque en Fiumicino tras 12 horas de vuelo desde Maputo. Le espera una primera sesión corta con Francisco, a quien asistirá en los quehaceres ordinarios a partir de ese momento. Una con el titular de la Secretaría de Estado, el cardenal Pietro Parolín. Una sesión con Paul Richard Gallagher, el jefe de la sección de Relaciones con los Estados. También se reunirá con Jan Romeo Pawlowski, jefe de la Tercera Sección, creada el año pasado (Personal en rol diplomático  de la Santa Sede). Quizá le queden fuerzas en la semana para atender a la cuerdita de jubilados que aún merodea por allí en condición de eméritos: los cardenales Giovanni Becciu, de 70 años, Tarcisio Bertone, de 83; y Ángelo Sodano, de 90 años.

Luego vendrá una reunión de librito pero mucho más entretenida con su paisano venezolano el cura Arturo Sosa, quien es el jefe de los jesuitas, la congregación que soporta a Francisco en el poder. Analizarán la situación: Tu y yo, se dirán, quizá, pa´los que salgan.

Desde que existe esa conserjería vaticana, hace dos siglos, Peña Parra es el primer latinoamericano en ocupar tal posición y el segundo de habla hispana.

Los nuevos compañeros de oficina han sido Secretarios de Estado, Camarlengos, Oficiales que han manejado la estructura burocrática del Vaticano en las últimas décadas. A Peña Parra le quedan unos 12 años de vida pastoral activa. “Asuntos Generales” es el ministerio del Interior del gobierno vaticano. Un cargo peligrosísimo y de mucha visibilidad y exposición por su alta y cotidiana cercanía con el Papa. Desde allí se manejan los mayores secretos de Estado, que incluyen todas las suspicacias que caben en el Arca de Noé. Por algo fiscaliza lo que se publica en ​L’Osservatore Romano.

En la tardecita del viernes 19 de octubre, ya entrado el otoño, seguramente sonará la centralita de “Asuntos Generales” (+39 06.69.88.34.38).

Buonasera, ¿potrei passare con Egar?, dice la voz entrante.

¿Quale Egar?, responde el oficial de turno.

Pegnia Parra, completa la voz entrante.

¡Ah, il nuovo capo venezuelano! ¿Chi ti vuole parlare?, per favore.

Dottore Germán Mundaraín, l’ambasciatore del Venezuela in Vaticano.

Aspetta un pelo, per favore, le responden, pero le dejan colgado.

El sábado 20 el embajador Julián Isaías también le llamaría pero no hay quien le atienda porque es Día de San Honorio Torrealba. El domingo a mediodía quien suena es Di Martino, cónsul en Milán desde hace ocho años, y tampoco le atienden. No hay nadie. Peña Parra está escuchando el Ángelus en la Plaza de San Pedro.

En ese momento el papa Francisco estará empapado de Venezuela. En la mañana del lunes 10 de septiembre habrá recibido al enjambre de la Conferencia Episcopal de Venezuela, encabezado por el obispo de Barinas, José Luis Azuaje. El vicepresidente de la CEV Mario Moronta adelantó que llevarán una carta pastoral. De la implementación de los resultados de ese “diálogo fraterno acerca de la vida de la Iglesia y la situación del propio país”, tendrán que ocuparse tanto Pietro Parolín como el nuevo ministro del Interior del Vaticano, este último manque sea por pura afinidad en gentilicio y porque controla las nunciaturas en todo el mundo.

La sombra maracucha del papa FranciscoLas potestades del prelado preludo son amplísimas, en términos prácticos. De acuerdo con la Pastor Bonus (Juan Pablo II, 1988), corresponde a la Sección para los Asuntos Generales (Primera Sección) despachar los asuntos concernientes al servicio cotidiano del Sumo Pontífice. Cuida de la redacción de los documentos que el Santo Padre le confía. Tramita los actos relativos a los nombramientos de la Curia Romana y custodia el sello de plomo y el anillo del Pescador. Regula la función y la actividad de los representantes de la Santa Sede, especialmente en su relación con las Iglesias particulares. Atiende a todo lo relativo a las Embajadas ante la Santa Sede. Coordina también las actividades de los viajes apostólicos del Pontífice y se ocupa de la administración de las nunciaturas. Ejerce la vigilancia sobre los organismos oficiales de comunicación de la Santa Sede y se ocupa de la publicación del Acta Apostolicae Sedis y del Annuario Pontificio.

La figura del “Sustituto” aparece en el ordenamiento jerárquico de la Secretaría de Estado del Vaticano desde 1814.

¿Sustituto de quién? De allí salió Pablo VI. Quien quita y sale ungido Edgar I. Aspetta un pelo.

Víctor Suárez, periodista venezolano. Escribe desde Madrid, España.

 

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