VÍCTOR SUÁREZ –
“Capitán de la tiniebla es quien lo viene a buscar”. “Mucho gusto en conocerlo tengo, señor Satanás…” El barítono Juan Tomás Martínez y el tenor Aquiles Machado culminaron así su recio duelo quitapesares, su versión de la Cantata Criolla escenificada el viernes (12-6-2026) en el Auditorio Nacional de Música, en Madrid, con el soporte de la orquesta sinfónica de la Universidad Internacional de Florida (FIU) y de más de un centenar de coralistas pertenecientes a cinco agrupaciones estelares, bajo la dirección musical del azteca-estadounidense Javier José Mendoza.
Una noche esplendorosa, de banderas, aplausos y lágrimas sinuosas que borboteaban en los asistentes más añejos, y cosquillas de esperanza entre los muchachos nuevos. Estaba cantando Venezuela, la Cantata de Alberto Arvelo Torrealba y Antonio Estevez que en julio de 1957 estrenaron en Caracas, cercana ya la caída de aquella dictadura maléfica que se parece tanto a esta que fenecer espera.
Formó parte central de la función de clausura de la 53º edición del Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música -organizado por la Universidad Autónoma de Madrid-, el cual comenzó en febrero del año pasado bajo el lema “Vuelve a Sentir”.

(Aquí, en esta crónica, se conjuga el verbo liberto con el verso coleao de Arvelo Torrealba).
A esta gente nunca se le va la idea, (ni) cuando canta la pavita (ni) cuando el gallo menudea. Todos los integrantes de la sinfónica de la FIU tienen ancestros latinoamericanos, Juan Tomás es caroreño, Aquiles es barquisimetano, los del coro de la Universidad Simón Bolívar en el destierro son venezolanos (Cusib Global); María Guinand, directora de la Schola Cantorum de Venezuela y responsable junto al Maestro Alberto Grau de la dirección coral del montaje, y José Mena Polo, director del coro ConSonante, también lo son. El maestro catalano-venezolano Grau miraba sonriente desde la platea.
Y se juntaron también el coro de la Universidad Autónoma de Madrid, el coro de la FIU, el coro ConSonante de la Escuela Coral de Madrid, y el coro Encantus Voices, con sede en Miami, dirigido por la venezolana Maibel Troia, quien, junto al maestro José Antonio Abreu, lideró la formación del Sistema Nacional de Coros en su país.
Varios monitores en el Auditorio Nacional mostraban la secuencia del verso, sin garza, junco ni grey, donde el coplero solitario vive su grave altivez. Ningún representante diplomático del gobierno en extinción hizo presencia donde el casco da traspié; la delegación diplomática estadounidense se planta y ve lo claro del jagüey; Carmona Estanga sabe que se le salpican los pies, pero del cuerno vacío ni gota pudo beber; Miguel Henrique Otero pasa cantando una copla sin la mirada volver; Lara Farías, influencer vocinglero, cruza por el terraplén; desde todos los confines, setenta miembros de Cusib Global, la asociación de coralistas de la USB, han llegado a Madrid a retar al Diablo y parece que van soñando con la sabana en la sien. Son vaqueros de lejanía (que) se acompañan en tropel.

Hernán Herrero, ingeniero que vive en Alemania, recuerda que en 1987 cantó en el Teresa Carreño en la última Cantata que Antonio Estevez presenció, esa vez bajo la dirección del mexicano Eduardo Mata. En aquella oportunidad, el Diablo fue interpretado por el solemne bajo William Alvarado, quien también estuvo presente en este incomparable enjambre venezolano.
Antes de que Florentino hiciera juyir al Diablo, Javier José Mendoza dirigió nueve obras del precioso repertorio latinoamericano. Tres de mexicanos (Silvestre Revueltas, Juventino Rosas y Camilo Zapata), tres del cubano Alejandro García Caturla, una del norteamericano Aaron Copland, una del argentino Alberto Ginastera y una de Toño Abreu, dominicano. Es lo que Mendoza resalta, es por lo que pelea, batuta batiente en mano.
El maraquero venezolano Luis Guillermo Torres aparece en el cartel. Mueve las muñecas como cascabel tronante y hace que el capacho suene dulce mientras el bordón mana ternura. Al final, a la hora de las honras ante un público gozoso, está allí también el maraquero León Corry, quien ha venido de Israel a contrapuntear con la luna. El indio pico de oro con su canto lo saluda.
Estaban en el jolgorio Tomás Páez, el notario de la diáspora; Linda D’Ambrosio y Olgamar Pérez, directivas de Venezuelan Press, la asociación de periodistas venezolanos en España. Solo faltaba Juancito Trucupey.
Y Alberto Grau, el forjador del canto coral en Venezuela, con sus 88 años, duro y curvero, feliz porque el domingo 14 de junio se va a proyectar en Madrid, en preestreno mundial, un documental de 53 minutos dedicados a su trayectoria magnífica. Esta es una producción de ProDoc, la sección de Cusib Global que se encarga de preservar la memoria coral venezolana.
Alguien pregunta ¿Cuál es el gallo que siempre lleva ventaja en la lucha, y aunque le den en el pico tiene picada segura? El maestro, venezolano antes de cumplir los diez, rápido replica: el que no carga machete, saca la miel con las uñas.

















Excelente y acertado reportaje querido Víctor, con mucho amor y humor!!! Graciassss