RAMÓN E. AZÓCAR –
¿Por qué se van nuestros jóvenes del país? ¿Es un problema causado porque el mensaje de EEUU sí llega y el mensaje del Gobierno aún sigue siendo frágil y difuso? ¿Contamos con la capacidad política para convencer de que lo que se está haciendo en Venezuela es algo que trasciende los intereses particulares? ¿Son los que migran el problema o soy yo, Gobierno, el problema de esta situación?

Es importante distinguir entre “inmigración” y “emigración”; un emigrante es aquel que sale de su país para instalarse en otro; mientras que el inmigrante es el que llega a ese país para establecerse en él. En la realidad venezolana de los últimos 15 años, el movimiento migratorio de venezolanos hacia el extranjero ha sido más de carácter emigratorio que inmigratorio, porque el venezolano ha visto la posibilidad, ante la crisis económica y política del país, de visualizar en el extranjero una ruta segura para conseguir recursos económicos en monedas con mayor fortaleza adquisitiva.

Venezuela llegó a ser un país receptor de inmigrantes y no tanto de emigraciones; la primera ola de inmigrantes llegó durante los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando los polacos, de origen judío, se movilizaron hacia acá, escapando de la segregación racial del nacionalsocialismo alemán.

En 2016, según estadísticas de organizaciones no gubernamentales en Venezuela, más de 378.500 venezolanos entraron por Colombia legalmente, con pasaporte y todos los pre-requisitos para estabilizar su situación migratoria, esto significó un aumento de 30% en comparación con 2014. Hay un estimado de 750.000 venezolanos que cruzan la frontera a diario solamente con cédula de identificación, que si bien muchos van bajo condición emigratoria, un porcentaje del 20% al 30%, utilizan la ruta por Colombia para seguir camino hacia Ecuador y Chile, que tienen mejores condiciones de recepción hacia quienes salen del país por razones de disidencia política.

Claro está, un gran contingente de quienes se van no son de la clase política, pero hacen uso de esa situación para victimizarse y crear condiciones hacia ellos de protección y resguardo. En el caso de Colombia, según registros de mediados del 2017, se tiene un registro de 153,000 venezolanos que se han quedado más tiempo de los 90 días que les permite la tarjeta de turista, por lo cual están viviendo bajo la figura del estatus ilegal.

En un trabajo periodístico de Iván Mancilla, en el portal revistavenezolana.com, el perfil del venezolano que en proceso migratorio hoy día se ve relacionado con la edad, la posición social, el estatus legal, y en algún momento, a la coyuntura de perseguido o perseguida política que influye significativamente en la actitud de recepción de los países. En el caso de Estados Unidos, expone Mancilla, los venezolanos que llegan tienen como perfil ser o pertenecer a la clase media-alta; algunos parten de trabajos profesionales en los cuales tenían remuneraciones cinco o seis veces por encima del salario base, pero que la realidad económica del país ha deteriorado inmensamente. Es un emigrante con un status quo aparentemente estable, pero se asume una condición de indefensión que termina por llevarlos a romper su estado de confort limitado para adentrarse hacia nuevos escenarios laborales y de crecimiento profesional.

En el caso de los venezolanos que emigran hacia Panamá, Ecuador, Uruguay y Argentina, los emigrantes son profesionales universitarios que van en busca de alternativas de trabajo en sus áreas de profesión, o al menos en oficios que estén relacionados con sus habilidades y destrezas; en cierto modo persiguen ganar capital en moneda más fuerte y en sentir la seguridad que dan estos países en cuanto a que hay un dominio de la incertidumbre y el costo social de la crisis impacta de menos manera.

En el caso de Chile, Perú y Colombia, los venezolanos que allí se establecen son de un alto perfil profesional, talentosos, organizados y competitivos, reforzando la postura política de EEUU el problema migratorio, la facilidad de crear condiciones de legalidad y del ejercicio de algunas profesiones solamente con llenar pre-requisitos de carácter legal que les da la autorización del ejercicio pleno de sus funciones profesionales. En los últimos meses han surgido restricciones en este aspecto pero aún continúan siendo una alternativa para el contingente migratorio venezolano.

El estudio de Mancilla, en cuanto a la realidad migratoria hacia México, establece que los “venezolanos que buscan México para establecerse son, en la mayoría de los casos, profesionales, principalmente del sector de hotelería y turismo… En línea general el venezolano tiene un buen nivel de acceso a educación gratuita, por ello muchos venezolanos son preparados y tiene títulos universitarios o personal altamente calificado en su rama (no aplica para todo los casos)…”.

Esta descripción pone atención fundamental a que la causa inmediata en los últimos años se debe al obstáculo de poder elegir a Gobiernos de corte neoliberal que promueva la exclusión, el capitalismo salvaje y la segregación de clases. El gran contingente de profesionales venezolanos que han partido a la aventura de buscar nuevos horizontes y de plantearse una vida nueva fuera del país, no han comprendido que para poder tener acceso a todo cuanto han tenido es necesario enrumbar las políticas públicas hacia un asidero de humanización, donde lo material-administrativo y financiero, sea subalterno de la búsqueda del beneficio social-colectivo. Es una manera de entender la vida desde criterios de solidaridad, justicia y equidad; y no desde la soberbia e inequidad de los grandes grupos de poder que limitan la libertad y la participación protagónica de los ciudadanos en la resolución de sus necesidades más sentidas.

Ahora bien, según el sociólogo Tomás Páez, en su libro La voz de la diáspora venezolana, donde entrevistó a migrantes de más de cuarenta países, aproximadamente “…1.5 millones de personas viven fuera de su país natal. La mayoría de esas personas no quieren volver. Ya formaron raíces en otras tierras y quieren olvidarse de lo que es vivir en Venezuela. Sin embargo, otros quieren que esa situación mejore para volver a su hogar, a sus tierras y para estar cerca de sus seres queridos… Venezuela ha pasado de ser un país de inmigración a ser uno de emigración… Es decir, los venezolanos están esparcidos por el mundo aunque tienen sus países favoritos… La crisis política, económica y social, así como la creciente incertidumbre y la violencia han hecho que cada vez más venezolanos se vayan de su tierra natal… Esta migración no entiende de clases sociales ni nada: llega a todos por igual… Pero a este problema se le suma otro: el 30% de la población de Venezuela está preparando los papeles para irse.”

La migración, a todas estas, no debe ser un número rojo para el Gobierno, debe ser una estadística para la reflexión: ¿Por qué se van nuestros jóvenes del país? ¿Es un problema causado porque el mensaje del Imperio sí llega y el mensaje del Gobierno bolivariano aún sigue siendo frágil y difuso? ¿Contamos con la capacidad política para convencer de que lo que se está haciendo en Venezuela es algo que trasciende los intereses particulares? ¿O estamos anclados en el poder solamente para vivir de él y beneficiarnos unos pocos y no para hacer realidad nuestro discurso incluyente y de justicia social? ¿Son los que migran el problema o soy yo, Gobierno, el problema de esta situación?

El problema, de manera puntual, está en la incapacidad que ha demostrado el Gobierno de comunicar sus tareas e ideas para mejorar las condiciones laborales para el gran contingente profesional que existe hoy en Venezuela, así como que no se ha procurado por mejorar las condiciones económicas partiendo de un estímulo al sector privado, influyendo más un discurso de confrontación y de amenaza a expropiación, cuando el Gobierno no cuenta con los medios ni el factor humano organizado para responder a esas necesidades de productivas del país.

En este mismo sentido, ya en un plano de gobernanza del problema migratorio en el país, según Anitza Freitez (en su ensayo “La emigración desde Venezuela durante la última década”, Temas de Coyuntura/63, Julio.2011, Pp. 11-38), en el “…marco legal existente en Venezuela, por la vía de leyes de la República o a través de los convenios internacionales suscritos, ha proporcionado un sustrato para la formulación de políticas migratorias, pero se debe destacar que, desde el ámbito público, las cuestiones sobre la migración internacional no han tenido un tratamiento sistemático cónsono con los cambios en el patrón migratorio que está experimentando este país y con los compromisos internacionales. Las políticas públicas que conviene formular en este campo deben contemplar, en principio, tres tipos de intervenciones concernientes a: i) La producción de estadísticas sobre migración en forma continua, oportuna y accesible para permitir la adecuada cuantificación y caracterización de los flujos migratorios;…ii) La creación de capacidades técnicas para conocer los procesos migratorios y articular el trabajo de las instituciones que deben velar por la atención de la población migrante: de los que vienen y los que se van; y, iii) El establecimiento de mecanismos que auspicien o fomenten los nexos con los emigrantes calificados. Es necesario que desde el sector gubernamental exista un reconocimiento de esa situación, para que se implementen medidas diversas que permitan mantener contactos con la diáspora venezolana de científicos y profesionales calificados que residen en el exterior, y de lograr beneficios a través de programas que favorezcan la transferencia de sus experiencias y conocimientos y, eventualmente, que incentiven su Vuelta a la Patria”.

El documento para la orientación y planificación del nuevo Plan de Desarrollo Económico y Social de Venezuela, 2019-2025, contempla cuatro objetivos fundamentales a seguir fortaleciendo y profundizando: 1.- continuar construyendo el socialismo bolivariano del Siglo XXI; 2.- convertir a Venezuela en un país potencia en lo social, lo económico y lo político; 3.- contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional; y 4.- contribuir con la preservación de la vida en el planeta y salvar a la especie humana.

En estos objetivos el problema migratorio entra en el segundo objetivo que hace alusión a la necesidad de “convertir a Venezuela en una potencia en lo social, lo económico y lo político”. Con medidas como el programa “chamba juvenil”, no se hace el trabajo, es una medida importante, necesaria como fórmula de emergencia, pero no como política laboral del Gobierno; se necesita definir líneas productivas que demanden profesionales y jóvenes con habilidades y destrezas que se sientan estimulados en razón de su talento y no en razón de su condición social o de sus lazos de afinidad con la ideología del Gobierno. El carnet de la Patria, instrumento de planificación de políticas públicas, ha venido a responder a una necesidad de organización y capacidad de respuestas eficientes por parte de la burocracia administrativa del Gobierno, la cual ha mostrado incapacidad para entender las necesidades y carencias de la sociedad.

Es prioritario que las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente, vayan encaminadas a fortalecer los mecanismos de participación ciudadana, así como la consolidación de los consejos presidenciales del poder popular, como instancia de consulta permanente y de fijación de estrategias consensuadas para hacer más atractiva la oferta laboral a nuestros jóvenes. En cuanto al aspecto territorial, en cada comunidad, es necesario articular la política social mostrando un modelo económico de producción local que pueda coexistir con las iniciativas de inversión privadas, no debe haber un rechazo al modelo capitalista, sino un clima de tolerancia y trabajo cooperativo que disminuya la explotación de este sector y permita crear condiciones de bienestar para todos. Es prioritario llegar a una “economía de la necesidad” y partiendo de allí, mejorar las condiciones para nuestra gente.

Por supuesto, debe abolirse la inseguridad jurídica y humana; es fundamental erradicar la corrupción y dejar a un lado las confrontaciones inorgánicas e infértiles, con sectores de oposición que el propio pueblo ya ha rechazado por su tónica de violencia y desenfreno pro-imperialista. Es tiempo de que el Gobierno actué bajo criterios de acciones de un Estadista, de la grandeza de frases como aquella “águila no caza moscas”, porque si se coloca en el mismo nivel de una oposición colonialista, el tiempo se irá en luchas internas y se seguirá yendo nuestros jóvenes hacia un futuro incierto e indigno, porque el sacrificio de las políticas públicas educativas venezolanas las está provechando el mundo capitalista y no el modelo social, económico, cultural y político que se desea modelar en Venezuela, llámese socialismo o boliviarianismo, pónganle el calificativo que quieran, pero lo que se desea es paz, equidad, independencia y progreso.

Publicado en www.analítica.com

 

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