Rubén Monasterios – La censura me persigue

Rubén Monasterios – La censura me persigue

 

JOSÉ PULIDO –

Rubén Monasterios siempre ha sido imponente. Desde su nombre mismo. Es comparable a un árbol enorme en cuya copa se posa como un águila su sonrisa barquisimetana. Es una sonrisa barquisimetana que se volvió internacional, déjenme decirle.

Su fortaleza es la escritura que ha ido afinando desde la juventud hasta convertirla en una especie de jardín, de paraíso donde el lector desea quedarse más tiempo del que le permiten las páginas. Sí: su escritura es un paraíso y el lector es expulsado cuando llega a la última página, pero afortunadamente tiene la posibilidad de buscar otros escritos de Monasterios y si no los encuentra puede volver a leer el mismo libro, porque en eso consiste el arte de escribir: el buen libro es distinto cada vez.

Leer sus textos es entrar a un mundo donde se concentran el conocimiento de un tema que lo apasiona: el erotismo y el efervescente humorismo que es como su arma letal. Porque Rubén se ríe de haber descubierto más temprano que muchos otros mortales algo que parece fácil de saber pero que no lo es: las mujeres son la principal razón por la cual existen la vida y la belleza. Y él le rinde culto a ese descubrimiento.

Rubén es uno de los grandes humoristas que ha dado Venezuela y eso ha ocultado un poco la realidad de su trayectoria y de su desempeño: es un escritor fino, elegante, certero y de inolvidable musicalidad.

Siempre lo he leído y lo he admirado. Hoy lo entrevisto para reconocer a uno de nuestros valores. Así fue como hablamos. De computadora a computadora.

EL MUCHACHO QUE SE FUE DE BARQUISIMETO EN UN BARCO

Rubén Monasterios – La censura me persigue-¿Qué me cuentas de tu vida?

-Nací en Maiquetía en 1938; mi infancia transcurrió en Caracas, en La Candelaria. A los doce años mi familia se trasladó a Barquisimeto e ingresé al liceo Lisandro Alvarado. Ahí comenzaron a cobrar forma mis intereses por el arte y la literatura. Ya venían marcándose por la lectura de los libros que le gustaban a mi abuela y otros más; realmente, fui un niño lector. Participé en el teatro y en el orfeón del liceo; escribí mis primeros intentos narrativos y una obra del género novela dramática, de tono burlesco, inspirada en La Celestina, jamás representada y puesta en circulación por el recurso de mano-a-mano. Observa que a esa temprana edad, más o menos catorce años, ya sentía los pinchazos de los demonios eróticos y humorísticos. También hice mis primeros amagos como periodista en un semanario llamado El Regional, cuyo director, un español republicano, retribuía el esfuerzo de los colaboradores juveniles con manos de cambur y ocasionales botellas de ron. El ambiente de Barquisimeto en los años cincuenta, al menos en el liceo y otras academias, favorecía el quehacer intelectual; Lara tenía una tradición de generaciones sucesivas de notables escritores, artistas plásticos y músicos; la predecesora de la mía, estaba formada por intelectuales como Guillermo Morón, José Orellana (director-editor de Archivos Venezolanos de Psiquiatría), Salvador Garmendia, Manuel Caballero, Rafael Cadenas, Edmundo Aray… Fueron paradigmas de mi generación. Admirábamos su literatura y su actitud política. De súbito, tomé la decisión de ingresar a la marina mercante; del todo discordante de mis tendencias y sin tomar en consideración mi ineptitud en álgebra, trigonometría esférica, física y otras materias esenciales para ser un oficial náutico. Para esa época, creo que no había visto un barco en toda mi vida; en verdad, fue un arrebato debido a las ganas de largarme de la casa y a la influencia de las lecturas de aventuras del mar. Lo cierto es que no duré mucho. Al retirarme, vagué por el mundo; todavía no era popular el “turismo de morral” pero de hecho se practicaba y era aceptado con benevolencia. Luego me radiqué en Caracas y emprendí la vida por mi cuenta. Me ganaba el pan como escritor freelance de revistas caraqueñas.

TE COMERÁS UNA AREPA CON EL SUDOR DE TU GENIO

Rubén Monasterios – La censura me persigue-¿Cuándo comenzaste a relacionarte con Zapata, los Nazoa, Ballestas y otros humoristas?

-Ocurrió al intentar figurar en La Pava Macha, al mediar los 60, dirigido por el inolvidable Kotepa Delgado. La coincidencia de intereses es un punto de partida para establecer relaciones amistosas. Precisamente, con los mencionados en la pregunta trabé afectos sólidos y creativos. De esos días iniciáticos conservo varias anécdotas; una de ellas tiene que ver con la, digamos, retribución de nuestro trabajo, no muy diferente de la recibida del director de El Regional. Existían tres categorías de colaboradores: una figura histórica en la cúspide, Aquiles Nazoa; los ya establecidos como humoristas, escritores y dibujantes, entre ellos Zapata, Aníbal Nazoa y Régulo Pérez; y un proletariado integrado por aquellos más jóvenes desconocidos en búsqueda de una oportunidad de ver publicadas sus cosas. Terminada la reunión de redacción, Kotepa solía invitar a una arepera. Los de más alto estatus tenían derecho a una o dos arepas, según su apetito, y un batido; los de más bajo, si contaban con la simpatía de Kotepa o de alguno de los relevantes, a una arepa y un café; aquel que intentaba sobrepasarse era objeto de una mirada desaprobatoria usualmente acompañada de un comentario irónico de Kotepa, que lo ponía en su lugar. Los del todo marginales tenían derecho a un café o un refresco brindado con reticencia por el director. A los infelices se les iban los ojos detrás de nuestras arepas y no faltaba alguno que entrara en algo así como un éxtasis baboso al vernos devorar el condumio. Para mí, Aquiles Nazoa era un personaje lejano, casi mítico; no lo conocí en las reuniones de La Pava porque él no participaba: enviaba sus colaboraciones; ocurriría en otra oportunidad. Y le resulté simpático; terminé colaborando con él en algunos de sus proyectos.

-¿Cómo ocurrió esa oportunidad?

-Una revista me encargó hacerle una entrevista; establecí el contacto, me dio una cita en su residencia, un penthouse. El apartamento estaba rodeado por un pasillo abierto, como un circundante balcón. Al presentarme, el escritor estaba patinando por ese sitio; sin despojarse de los patines me condujo a la sala y realizamos la entrevista, que focalicé en el folclore y su relación con la poesía. Al finalizar, Nazoa me pregunta: “¿Tú sabes por qué te di esta entrevista?” Yo lo ignoraba, y él continuó: “Porque no dijiste nada de encontrarme patinando en mi casa”.

ESTUVO A PUNTO DE SER MINISTRO DE LA MORAL PÚBLICA

-Has formado parte del movimiento humorístico del país de la segunda mitad del siglo XX…

-En efecto, y en diferentes frentes. Especialmente en complicidad con Zapata; hicimos juntos un libro, Rosa Luciferina, él aportó los dibujos y yo el texto. Escritura, caricaturas, la radio, la comedia escénica… Mis dos obras de teatro llevadas a la escena, Diálogos de la paloma y La lujuria, son satíricas; participé en la Cátedra del Humor de la Universidad Central, dirigida por Zapata; fui comediante con Claudio Nazoa y otros talentos del género; fui miembro del comité de redacción de la revista con la que culmina el periodismo humorístico impreso en nuestro país, El Sádico Ilustrado, bajo la dirección de Zapata, y del grupo que lo siguió cuando le entraron ganas de ser Presidente de Venezuela; yo hubiera sido su Ministro de la Moral Pública. Fundé una tolda política oportunista para respaldarlo, el Partido Porno Revolucionario Venezolano (PPRV), el cual tenía un dirigente, que era yo, y un militante de base incorporado para justificar mi posición. Su lema era: Deshonestidad transparente, y su doctrina la resume el aforismo: “Nos meneamos de izquierda a derecha, por delante y por detrás, al ritmo que nos toquen”. Mis esperanzas de hacerme multimillonario por la vía política se desvanecieron cuando el movimiento se desinfló debido a la renuncia del candidato alegando que “la campaña no le daba tiempo para pintar”.

LA GRANDEZA DEL HUMORISMO
ANTE LA PEQUEÑEZ DE LOS PREJUICIOS

-¿Qué dices del humorismo venezolano en general?

-Existen muy detallados y agudos tratados sobre el tema, así como varias antologías comentadas; empatando estas obras logramos un perfil del humorismo escrito y gráfico en Venezuela desde la Colonia hasta nuestro tiempo. Hay una forma de hacer humor que exige su estudio serio, y es la comedia, de aparición relativamente reciente. Ya encontrarán su historiador; ojalá sea alguno de ellos, porque muchos son muy buenos escritores además de comediantes. No obstante, me parece que los estudiosos han pasado por alto aspectos del humorismo venezolano, curiosos, por decir lo menos, y reveladores de rasgos del carácter nacional. Las publicaciones del género han sido invariablemente un éxito de público y un fracaso económico; porque para mantenerse cualquier periódico depende de la publicidad que vehiculan, no de la venta de ejemplares; y los anunciantes los han evitado, temiendo las represalias del poder, que esas revistas cuestionan con acidez, o asociar su marca a contenidos que puedan resultar ofensivos a la moral pública.

El tiempo promedio de vida de una de esas publicaciones fue de más o menos un año, y para quienes las realizamos no significó un trabajo, en su sentido de actividad remunerada, sino un quehacer romántico, como dije antes, un diletantismo de los autores; eso de la retribución en especies antes mencionada: manos de cambur, botellas de ron, arepas y batidos de fruta, es una consecuencia de los escasos recursos con los que contaban. Hasta donde alcanza mi experiencia, la única que pagó a sus colaboradores fue El Sádico Ilustrado, por ser financiada por un empresario hispanovenezolano. Duró un año y jamás tuvo una publicidad que no fuera del mismo patrocinador.

VIVE CERCA DE CHARLIE BROWN Y JACK LONDON

-¿Dónde vives?

-Vivo en la ciudad de Santa Rosa, California. Es un lugar apacible, entre lo rural y lo urbano. Rodeada de viñedos y vinaterías y de algunos de los paisajes más hermosos que puedas imaginar, y a un paso de San Francisco, una de las más vibrantes ciudades del mundo. Santa Rosa está llena de figuras de la tira cómica Peanuts (Charlie Brown); y es que Charles M. Schulz es de aquí y aquí vivió y creó el famoso cómic. También es la cuna de Robert Ripley, creador de la no menos mundialmente famosa sección periodística Belive it or Not! (¡Aunque usted no lo crea!) Por aquí cerca está la cabaña de Jack London; a una cuadra de mi casa hay una calle que lleva su nombre.

-¿Qué añoras de Venezuela, de tu pasado?

-Lo resumo en una frase escuchada por ahí, que comparto: “Añoro los tiempos en que éramos felices, sin darnos cuenta”.

-La radio: ¿sigues haciendo radio?

-Actualmente no hago radio, ni tengo ánimos para emprender un programa, aunque es un medio que siempre me ha fascinado. Crecí oyendo radio. Un modesto receptor me acompañó en todas mis andanzas. La base de mi cultura musical se la debo a la Radio Nacional de la época. Siendo joven, los domingos me dedicaba a recorrer las plantas radioemisoras ubicadas en el centro de Caracas, buscando la oportunidad de acceder al micrófono; ocurría que a veces fallaba el locutor de guardia y lo resolvían poniendo música, disco tras disco. Un voluntario que anunciara las canciones e hiciera un comentario era bienvenido. Entonces las reglas no eran tan rigurosas como se hicieron después. Más adelante, ya con mi certificado de locutor, tuve mi programa Rubén y sus Corazones Solitarios, un título un tanto engañoso por no ser nada romántico; era de difusión de cultura artística, de historia… con un toque de humor y otro de erotismo, bajo la consigna “La cultura es un grato placer, no un penoso deber”. Era uno de los pocos conductores de programas de radio que hacía oír jazz, cuando en Venezuela apenas existían tres o cuatro LP de esa música de artistas vernáculos. Estuvo unos 20 años en el aire, hasta que la última emisora comercial en la que operé, Mágica 99.1, muy libertaria y moderadamente crítica a la naciente dictadura, fue intervenida por el gobierno; y me impusieron censura en forma de una sugerencia: “Rubén, focaliza tu espacio en el humorismo erótico, que le encanta a la gente, no abordes la cuestión política”… En otras palabras, me estaban imponiendo convertirme en otro agente de distracción de los abusos y desafueros del gobierno. No la acepté y suspendí el programa.

USLAR PIETRI NO ME BOTÓ: YO ME FUI

Rubén Monasterios – La censura me persigue-¿Qué me dices de la censura?

– La censura me persigue. Cuando no es la brutalidad política-dictatorial, es la estúpida-robótica de Facebook. Es el recurso del poder primitivo y de la moralina pringosa. La creó la sombra más siniestra e infame puesta sobre la creatividad humana y la libertad de expresión. Tanto la aborrezco, que hasta escribí un libro satírico sobre ella, Vergüenza y Escándalo o las Delicias de la Censura, editado por Publicaciones Seleven.

Rubén cuenta que aunque admiró y respetó a Uslar Pietri, se fue de El Nacional cuando comenzaron a aparecer sus artículos “editados aquí y allá”. Rubén aclara: “Se corrió la voz de que AUP me había “botado” del diario, por grosero. Es cierto que no aprobaba mi lenguaje, pero no lo hizo; yo me fui”. Después volvió al periódico cuando hubo cambio de director. Y al único que le ha soportado una censura fue a Miguel Otero Silva cuando el Papa Juan Pablo II visitó Venezuela en 1985. MOS acabada de publicar la novela La piedra que era Cristo y Rubén escribió que “SS inicialmente estaba muy contento de visitar nuestro país, pero de pronto se puso bravo porque Miguel Otero Silva le sacó la piedra a Cristo”. La nota fue cambiada de este modo: [el papa] “se alteró porque MOS le sacó la piedra”.

“Después Miguel me explicaría que, en medio del alboroto de fervor despertado en el país por la visita del papa, le pareció imprudente el final de mi autoría”.

Rubén escribió un primer artículo sobre el tema que tituló El divino tubérculo, en el que decía: “estábamos sometidos a la dieta de papa; ¡nos habían puesto papa hasta en la sopa!”. Rubén se ríe divertido cuando recuerda aquel momento:

-El día que apareció ese artículo recibo una llamada; el interlocutor, casi sin responder a mi saludo, exclama: “¡Caray!, llevaba yo días buscando la forma de entrarle a Su Santidad, y sales tú con ese hilarante artículo de hoy”. Era Héctor Mujica.

-¿Cómo defines esta época?

-Caótica, dislocada; una especie de monstruo híbrido que fusiona refinada ciencia y tecnología, riquezas inconcebibles, miserias y crueldades medievales, ¡hasta con su “peste”! Renuncié al propósito de integrarme a ella; no me siento cómodo.

-¿Cuál es tu pasión?

-De entenderse en el sentido amoroso, tengo una pasión invernal que me ha insuflado ganas de vivir.

HABRÍA ENLOQUECIDO SIN LA ESCRITURA

-¿Qué le ha aportado la escritura a tu sobrevivencia de hoy?

-La escritura es esencial en mi supervivencia en doble sentido; en el sentido espiritual o psicológico, primero fue el camino para orientar mi vocación por las artes y letras; siempre, desde que tengo conciencia y hasta el día de hoy, ha sido un medio para expresar mis ideas y descargar arrecheras; en los últimos años de mi vida también ha sido un refugio de la angustia. Es difícil describir la depresión profunda ocasionada por una confluencia de factores: la grave enfermedad de mi mujer que terminó con su muerte; el exilio y el desarraigo; el inexorable avance de la edad, con sus achaques; el reconocer mi país saqueado y destrozado en sus dimensiones física y cultural… Me habría vuelto loco de no haber contado con la escritura para hacer una burbuja de fantasía, reflexión, aislamiento de un entorno que no gratifica y todo eso… En el otro sentido, el material, en una época, en aquellos tiempos en los que “éramos felices, sin saberlo”, me dio para vivir gracias a mi aludido trabajo de colaborador freelance en publicaciones caraqueñas; escribía sobre cualquier cosa: desde reportajes publicitarios hasta relatos en prosa poética a imitación de Oscar Guaramato; incluso una novelita “rosa” para la revista Páginas; si no me equivoco, la primera “de la mujer” en Venezuela. Más adelante obtuve beneficios decentes por mis artículos y obras de narrativa, ensayo, dramáticos unitarios para TV y teatro.

EL DÍA QUE RUBÉN LE HIZO LA SUPLENCIA A CORÍN TELLADO

Rubén Monasterios – La censura me persigue-¿Cómo es eso de la novelita rosa?

– La anécdota es desconocida, y viene a lugar contarla porque expone condiciones, todavía vigentes, que bloquean la creatividad y proyección internacional del talento nacional en nuestro país. Una vez falló la novela de Corín Tellado. La directora de Páginas en ese momento, Lourdes Morales, me pregunta: “¿Rubén, eres capaz de escribir una novela romántica de unas cincuenta cuartillas tamaño carta en tres días?” Con la mayor audacia, respondí afirmativamente. Ni idea tenía de cómo hacerlo, pero le “eché bolas” como buen venezolano. La novelita estuvo lista a tiempo, se publicó y fue un éxito. Lourdes abogó ante los directivos de la Cadena Capriles para suplantar con mis novelas las de la autora española, alegando que de esa forma se abría un espacio para los escritores venezolanos, se le daba un acento nacional al género y otros argumentos; pero los ejecutivos rehusaron… porque la novelita estandarizada de Corín Tellado salía más barata que pagarle a un autor local.

-¿Y cómo fue el tránsito de la novelita rosa a articulista de El Nacional y colaborador de revistas literarias?

-El culpable de tal desatino fue Omar Pérez; y me ofreces la oportunidad de dejar constancia de la admiración que siento por él, debida a su indomable actitud democrática y profesionalismo, así como mi agradecimiento por razones que se entenderán con la anécdota. En el asunto se entrelazan dos de mis intereses dominantes: la escritura y el arte dramático.

Rubén, como la mayoría de los jóvenes que aspiraban a ser escritores, quería figurar en El Nacional. Como se acercaba un Festival de Teatro Venezolano, escribió un reportaje sobre los grupos que participarían en el evento. Lo llevó al Papel Literario de El Nacional, cuyo director era el escritor Guillermo Meneses. El joven Monasterios se quedó pasmado cuando Meneses sencillamente le dijo “Déjalas por ahí”, refiriéndose a las cuartillas que contenían su reportaje.

Empezó a correr el tiempo y cuando faltaba una semana para el festival, no había aparecido nada en el Papel Literario. Entonces Rubén fue a conversar con el jefe de redacción (o de información), Omar Pérez, y le comentó el asunto. Omar lo recibió con cordialidad y lo escuchó atentamente.

“El domingo apareció mi reportaje en el Papel Literario; pero Meneses no dejó de tomar su pequeña venganza. Obviamente resentido porque Pérez le había hecho sentir su autoridad, imprimió mi nombre en el tipo más pequeño que pudo encontrar en la imprenta. ¡A duras penas se veía! Imaginarás mi frustración. Gracias al palancazo de Omar Pérez había logrado mi objetivo de figurar en El Nacional, pero con una cuota de humillación inmerecida con la que el “Compañerito” nada tenía que ver. En beneficio de la imagen del gran escritor que fue Guillermo Meneses, diré que tiempo después, quizá avergonzado de su perverso gesto, me invitó a escribir en una de las revistas literarias que marcan época en la historia del periodismo cultural venezolano, CAL (Crítica/Arte/Literatura), bajo su dirección, auténtica obra maestra gracias al contenido y al diseño gráfico del genial Nedo. El reportaje me impulsó a escribir crítica y comentarios sobre teatro; con el correr del tiempo adquirí algún reconocimiento en este campo, bastante desamparado por los medios. Asimismo, la dirección del Papel pasó a manos de José Ramón Medina. El poeta aborrecía mi literatura, pero me respetaba como crítico, de modo que buscando quien se ocupara del asunto, me convertí en el comentarista teatral del Papel Literario.

-¿En qué lugares de tu caminar cotidiano sientes la falta de los amigos?

-En todos.

-¿De qué vives?

-Siento ganas de preguntarle lo mismo a mis compatriotas que alguna vez formamos parte de una clase media, emprendedora y eje del desarrollo del país, arruinada por la cleptocracia enmascarada de socialismo dominante en Venezuela. Sobrevivo decentemente gracias a una modesta inversión realizada oportunamente por mi familia fuera del país. De otro modo, estaría comiendo cable del grueso. ¡Imagínate si dependiera de mi pensión como profesor titular emérito de la universidad!

 José Pulido, poeta y periodista venezolano. Reside en Génova, ciudad de Italia.

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