FERNANDO GONZALO –
El mito de la revolución ha funcionado como una «ideografía totalitaria» que, en diversas latitudes, ha dejado miseria, opresión y muerte. Sin embargo sigue siendo acariciado con nostalgia en la mente y en el alma de los mujicas, los lulas y los de sousa,  irredimibles a perpetuidad 

 

“La mentira se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente.  El daño ha sido incalculable y alcanza zonas muy profundas de nuestro ser.  Nos movemos en la mentira con naturalidad….”

Octavio Paz

Es algo que sucede con frecuencia. Y no todos los casos son dignos de atención.  Mucho depende del grado de naturalidad con que el personaje se mueve en la mentira. Antes fue el expresidente de Uruguay, José Mujica, cuando, desde México, en la 72 Asamblea General de la SIP (13/10/16) hizo unas declaraciones sobre la situación que vive Venezuela. Más recientemente lo ha hecho el ex-presidente brasileño. Después de ellos algunos otros, «intelectuales» diletantes, han también quebrado lanzas por la revolución bolivariana.
El caso más reciente es el de un impulsor del Foro Social Mundial de quien yo conocía muy poco. Se trata de Boaventura de Souza Santos. Aquí voy a tratar de revelar, desde los hechos, la escandalosa falsedad de estas opiniones, teñidas por el mito telúrico de la revolución latinoamericana.

Más que en cualquier otro caso, por venir de quien vienen, las declaraciones de Mujica y Lula da Silva merecen ser explicitadas, comentadas y “destapadas”…. y quizá ayuden a entender esa raíz oscura que significa, aún hoy, el mito revolucionario del siglo XX en un cierto pensamiento latinoamericano.

José “Pepe” Mujica, después de entregar el cargo de Presidente de Uruguay, goza de una edificante (que incita a la virtud) reputación.  Se han referido a él, entre otros calificativos,  como un hombre sincero, espontaneo, modesto, idealista y austero. Se concreta así, en él, una imagen de autoridad más que política. Lula llegó hasta a grabar un comercial de campaña en el 2013 en el que hablaba de las virtudes de Maduro y le ofrecía su incondicional endoso. «Maduro se ha destacado brillantemente en la lucha por proyectar a Venezuela en el mundo y en la construcción de una América Latina más democrática y solidaria», aseveraba.

Mujica ha dicho que Venezuela “abandonó la agricultura y por ello, se quedó sin comida”…. y extiende esa apreciación, dentro de generalidades como que, desde siempre, hemos querido vivir solamente de la venta de petróleo. Esta aseveración, aunque simplista, sería admisible en una conversación entre copas y boleros… pero lo que es interesante destacar, de las mencionadas declaraciones, es el corolario con el que Mujica redondea su interpretación,  atribuyendo el drama que vive hoy nuestro país, a la caída de los precios del petróleo y nada más…. así de simple, sin decirlo expresamente, Mujica está exculpando el gobierno de Chávez y  Maduro de la  ruina acontecida.

Tanto Mujica como Lula participan sentimentalmente en la «anacrónica resurrección (no por distorsionada menos real) del mito revolucionario del siglo XX en el XXI. No han sido capaces de rectificar como si lo hicieron lúcidamente, por ejemplo, Teodoro Petkoff, Mario Vargas Llosa y Octavio Paz. Parece que, por contraste, Mujica «el sincero», «el espontáneo», personifica esa tradición intelectual de la mal llamada «izquierda» que prefiere las ideas (¿el dogma inamovible?) a la realidad y a la crítica de los sistemas.  Ese ese el dogmatismo revolucionario oculto que persiste, en Mujica, desde la época de su activismo tupamaro de los ochenta, pasando por la presidencia de Uruguay y que aún hoy, de viejo, le provoca su irresponsable aceptación poética del chavismo.

Como decía Octavio Paz, Mujica y Lula se mueven en la mentira (las medias verdades) con naturalidad, al llamar Mujica a Maduro «una cabra loca» y al mismo tiempo decir que le tiene «mucho respeto», o al decir Lula con benevolencia «que ha cometido errores subsanables» y al callar, deliberadamente, la tenaz agresión de Chávez al aparato productivo y al sistema de salud en Venezuela.  Allí las  causas reales, que ambos deben conocer perfectamente, de la debacle nacional. Las expropiaciones de Chávez comenzaron en el 2002 y continuaron hasta su muerte en 2013. Por su parte Maduro, en 2014, decretó un instrumento confiscatorio llamado eufemísticamente «ley de precios justos».

Esa tarea de ambos, de ruina deliberada de la producción de  alimentos, se resume, muy apretadamente, en expropiaciones (sin necesidad de orden judicial), de 3.6 millones de hectáreas de tierra de cultivos, de más de 100 empresas dedicadas a los alimentos (Cada, Éxito, Los Andes, Cargill) y de expropiaciones paradigmáticas como Agroisleña y la Hacienda Bolivar en Zulia ( 4.000 hectáreas y 8.000 vacunos ).  De país exportador, en el sector cárnico, Venezuela pasó  a importador neto.  Faltarían páginas para detallar la magnitud de este crimen chavista.

En el sector salud la industria farmacéutica, los hospitales y centros ambulatorios fueron arruinados y sustituidos por «Barrio Adentro».  Miriam Ayala, vecina de un barrio de Baruta en Caracas decía que allí atienden «esos que no son médicos graduados… Si tú eres médico de verdad, ¿por qué le mandas la misma pastillita azul a todo el mundo?»
La red ambulatoria y hospitalaria que ya operaba, con buen servicio, constaba de 583 hospitales generales en 23 Estados del país y de una red de más de 4.000 puestos ambulatorios construida, en buena parte, en el periodo 1958-1998.  Esa red de salud hoy es un drama en sí misma.

Boaventura de Souza Santos

Desde las declaraciones de Mujica, en la Asamblea de la SIP, han pasado muchas cosas que terminan por desacreditar  radicalmente al castro-chavismo en el seno de la comunidad internacional, a tal punto que De Souza Santos (entrevista a BBC Mundo el 14/8/17) trata de explicarse: «porque sigo defendiendo a la revolución bolivariana».  No es posible aquí reproducir sus muchísimos falsos argumentos. Voy a mencionar y comentar solo algunos:

1.- «Hay que intentar que el proceso siga, aunque sea al borde del caos» (¿desde que punto de vista se puede defender esta aseveración?)

2.- «En 1998 el 60% vivía bajo el nivel de pobreza y hoy eso es mucho menos». (Falso, en 1988 el nivel de pobreza era 42% y hoy, según últimos estudios UCAB y USB, es de 82%. El salario mínimo en Venezuela (julio 2017 al cambio DICOM) es de US $ 32,83 x mes, es decir que es necesario sobrevivir con un dólar diario.  Al cambio «paralelo» serían menos de 30 centavos de dólar. Por contraste en Costa Rica es de US $ 512, en Honduras US $ 341, en Chile US $ 413, en Argentina US $479, y casualmente en Cuba  es de US $ 23/mensual.

3.-«El gobierno organiza unas elecciones para la Constituyente y se habla de 8 millones, lo que demuestra que la sociedad está dividida» (Falso porque, según el propio gobierno, las personas podían votar 2 y 3 veces.  La compañía Smartmatic denunció fraude y según Consultores 21, el 88% de la población no fue a votar, es decir los votantes a la Constituyente (incluidos empleados públicos) no llegaron a 2.7 millones.)

4.- «Hablar de que la Constituyente no es plenamente democrática es una hipocresía porque realmente la Asamblea Nacional le estaba haciendo un bloqueo total a Maduro desde el inicio» (para quien está medianamente informado esta aseveración es increíble).

De acuerdo con la acepción peyorativa de la palabra, el «diletante» es la persona que desarrolla una actividad esporádicamente, involucrándose en ella de forma superficial. Pienso que ninguna de las tres personas a las que nos hemos referido aquí, son diletantes. Todo lo contrario, son profesionales del oficio. Su problema es que sufren del hasta ahora insuperable mito de la revolución latinoamericana. Ese mito borra todo sentido de culpa a la hora de transfigurar la realidad. El mito de la revolución ha funcionado como una «ideografía totalitaria» que, en diversas latitudes, ha dejado miseria, opresión y muerte. Sin embargo sigue siendo acariciado con nostalgia en la mente y en el alma de los mujicas, los lulas y los de sousa,  irredimibles a perpetuidad.

Como decía Octavio Paz, la mentira ha causado daños incalculables y “alcanza zonas muy profundas de nuestro ser”.  Esas zonas profundas del ser, alcanzadas por el mito de la revolución, fueron quizá el espacio desde donde se redactó, en 1989 en Caracas, aquel “manifiesto de bienvenida”, firmado por más de 900 “personalidades”, al pie de un texto de loas y alabanzas a Fidel Castro.

———————-

Fernando Gonzalo es arquitecto, egresado del Pratt Institute, EE UU, 1960, con Posgrado en Planificación Regional y Urbana en Universidad Central de Venezuela (UCV), 1970- 1972. Diploma en Environmental Management Simulation en University of Southern California, 1976. Profesor de Diseño Arquitectónico en Facultad de Arquitectura y Urbanismo UCV, 1973-2016. Primer premio en Concurso de vivienda, Mastic Tile Corporation en EE UU, 1979. Ha publicado en revistas y periódicos nacionales e internacionales sobre temas relacionados con la arquitectura, el urbanismo y su enseñanza.
Publicado en e-lecciones.net

 

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.