ELIZABETH ARAUJO
De las 18.161 casetas telefónicas con formato de techo y puerta existentes en España, la capital catalana tenía 501. La última está en la calle Lledoner, en Horta-Guinardó. Ante la amenaza de ser retirada, los vecinos se unieron y convertirla en intercambiador de libros. Otros proponen dejársela a Clark Kent para cambiarse de ropa y salir a salvar el mundo

 

La nostalgia nunca estará fuera de moda en Barcelona. Detrás de los gritos de independencia y de su querella con el gobierno central de Madrid, hay una ciudad que bulle, con gente que palpita y cuyo amor por su barrio posee la misma altura de sus ilusiones.

Por ejemplo, la última cabina telefónica antigua de la capital de Cataluña permanece activa en el barrio de Sant Genís dels Agudells, en la calle Lledoner. Una placa en la parte superior la identifica con el número 8595A. Pese a que funciona aún, en Telefónica la quieren jubilar y le dieron plazo hasta el 31 de diciembre porque no tiene sentido tal antigualla en un mundo gobernado por el wifi y el móvil.

Así que un empleado fue y pegó un papel: el 31 de diciembre será eliminada. El aviso prendió las alarmas entre los vecinos que se preguntaban por qué sacar de circulación una cabina telefónica que no molesta a nadie y que constituye una suerte de tributo contra el olvido, en un distrito como el de Horta-Guinardó, donde no existen monumentos históricos, y que atrae al turismo friki, esos jóvenes extranjeros que recorren la ciudad y le toman fotos a ancianos y reliquias a punto de extinción.

Pese a que funciona aún, Telefónica la quiere jubilar y le dio plazo hasta el 31 de diciembre porque no tiene sentido tal antigualla en un mundo gobernado por el wifi y el móvil. (Foto: Sergi Alcàzar)

De manera que la Asociación de Vecinos de Sant Genís dels Agudells recogió firmas, y en una semana tenían 2.238, las suficientes para que Telefónica los miraran con benevolencia y tomaran en cuenta la petición de preservarla. Pero los vecinos debían decidir su destino, así que se convocaron elecciones para el pasado viernes 13 de octubre. La asamblea vacinal fue de lo más divertida: se recibieron ideas para conservar este patrimonio histórico y urbanístico del barrio. Los comicios, muy reñidos, arrojaron un ganador.

Con 28 votos decidieron convertir la cabina telefónica en un bookcrossing, un intercambiador de libros, sobre 25 personas que deseaban fuera un teléfono de civismo y 24 votos para un punto wifi. Pero hubo también quienes propusieron que siguiera activa; otros convertirla en una línea 112, algunos viciosos en un punto para fumadores; así como también surgieron propuestas para consagrar la cabina como refugio de personas deprimidas y otra, que tuvo muy buena acogida, pero que no triunfó: que se destinara la cabina para que Clark Kent se vistiera como Superman, cada vez que le surja una emergencia.

Otros querían mudarla de lugar y reinstalarla en la plaza de Meguidó, el punto de encuentro del barrio donde se celebra la fiesta mayor, donde los niños juegan en la calle, y así se le rendía tributo como un genuino monumento tecnológico del siglo XX. Pero ya está acordado: la última cabina telefónica antigua que le queda a Barcelona será un sitio donde cualquier ciudadano deposite su libro y, a cambio, se lleve otro. Superman tendrá que buscar un callejón solitario para vestirse de Clark Kent y no seguir llegando con retraso al trabajo.

 

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