ATANASIO ALEGRE –

A los niños cuando las madres comienzan a hominizarlos en cuestión de ropa, suelen vestirles con unos pantalones cortos con dos tiritas atrás y adelante con un par de botones.

-Mamá que me aprietan…

-Ya te lo aflojo, lo que no es bueno que el vientre quede comprimido.

Más adelante, es decir, ya de hombres, hay gente que tal vez por razones de higiene sigue utilizando los tirantes (hay voz para ellos en criollo: las elásticas) e incluso algo que no es de extrañar por esnobismo importándoles o no que el cinturón ejerza presión sobre el vientre, mayormente sobre el estómago si el sujeto es de buena figura.

Sea como sea y por la razón que sea Trump los usa y como todo lo suyo (el impecable azul de sus trajes) no es de extrañar que llamen la atención por su hechura y elegancia. Debe haber en derredor algún sastre italiano que se ocupa de eso, como otros sirvientes se ocupan de otros de sus lujos y caprichos.

Digo esto porque hace unos días y en torno a la crisis venezolana que es mucho de lo que de este hombre habría que esperar llevaba -si la memoria no me falla- unos llamativos tirantes rojos haciendo juego con el azul del flux. De lo que se trataba, de lo que el periodista le preguntaba era sobre las acciones previstas en el caso Venezuela:

-Todas, dijo

-¿Incluida la militar?

-Todas están sobre la mesa.

Y así quedó la cosa.

Flota en el ambiente una especie de convicción de que una de las dictaduras más estrafalarias de estos tiempos, está a punto de caer. Hay razones que sin profundizar mucho en el asunto mantienen viva la esperanza: el hecho de la unificación de la oposición, una figura a todas luces emblemática como es la de Guaidó, con una gran capacidad de convicción (a otros sobre todo, a la familia militar, esperemos), bien formado y con un grado de autenticidad sorprendente.

Pero, ¿basta esto?

Otras veces parece que se hubiera estado muy cerca de desbancar la dictadura, pero ahí sigue el dictador haciendo equilibrio sobre las cuatro reglas aritméticas.

Naturalmente, en cuanto a lo de todas las acciones, ya el presidente colombiano ha sido enfático en manifestar que Colombia no apoyaría una acción militar contra Venezuela.

Por otra parte, ¿qué pasaría con Putin, cuyo interés en Venezuela es de tan alto valor comercial, el cual como después de lo de Crimea nadie se le opusiera con cierta efectividad en Occidente culminó una invasión en toda regla sin ningún escrúpulo?

En cualquier caso, en lo de Venezuela ha habido mucho del llamado toreo de salón. Demasiada letra escrita y oral, demasiadas fintas, pero sí efectivamente esta vez pareciera que existe una conjunción de razones: el agotamiento moral de un pueblo, la rebelión después del hartazgo de promesas no cumplidas en los barrios tradicionalmente chavistas pareciera que la caída del régimen tiene un alto grado de posibilidad como acontecimiento.

Y si además, una de estas mañanas de sol heridor mañanero a la que haya precedido una luna clara o como dice la canción, plateada, apareciera la IV Flota en alguna de las costas venezolanas ya que según el hombre de los tirantes no se descarta como tipo de acción, es probable que las cosas tomaran otro cariz. Y las negociaciones entonces se hicieran sobre un buque de guerra sin disparar un tiro.

De lo contario, estaríamos en lo de siempre: se dobla pero no se parte. Ahí sigue y ahí seguirá, si le dejan, burlándose de los pajaritos de colores…

Agotamiento… ¿Más todavía?

¿Y lo de la ausencia de dólares y demás restricciones económicas? Corre por aquí la noticia sobre la venta de quince toneladas de oro a Arabia Saudí por parte del gobierno venezolano. En cuanto a la salida de la familia de algunos de los líderes, en Madrid no se esconden desde hace tiempo para llevar un vida de jeques sin la moral de los jeques, pero sí con ese desparpajo de revolucionarios criollos.

De manera que la fórmula hominicidad y tirantes no estaría mal.

Atanasio Alegre es narrador y académico hispano-venezolano. Escribe desde Le Havre, Francia.

 

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