ANDREÍNA MUJICA –

Gustavo Rondón es un cineasta típico de años perro; un año de Gustavo equivale a siete. Parco y reflexivo parece saber que los buenos momentos son realmente pocos; discreto sólo se atrevió a decir «solo espero que disfruten la película». Gran ganador en Francia. «La Familia» se llevó el «Abrazo» al mejor largometraje en el festival de Biarritz, donde compitió con películas de gran factura como «Los Perros» (segundo lugar) y «Últimos días en La Habana» (premio del público).

Se puede hacer buen cine, en base a un buen guión. El público sabe que en Venezuela se sobrevive, ver a un cuarentón enfrentar solo con su hijo que acaba de matar a otro niño no es tarea fácil, ni la del padre ni de quien lo narra. Pero en la ciudad más peligrosa del continente es otro el nivel; tal vez por eso al verla salí con esa sensación de intranquilidad, de haber visto una película a color donde el color va desapareciendo, de recorrer la oscuridad de la noche caraqueña con verdadera angustia, de saber que hay quienes sobreviven no porque saben cómo sino porque les ha tocado seguir con vida.

La familia se une, se reinventa, la familia es la foto con la que se viaja, esa foto de la madre que no se olvida ni en las peores circunstancias, esa inocencia que se va perdiendo en el minuto cero, donde el lenguaje es corrosivo y no hay tiempo para saber «cómo comen los hijos», sino qué se les da para que sobrevivan. Es la escena en la cual el padre desconoce esa manera voraz de devorar un plato de spaguettis, mientras descubre que su única familia es ese chamo, su hijo de 12 años con el cual está dispuesto a ir al fin del mundo, muy bien elegido por Rondón en Falcón. Algo de ese cine neorrealista italiano nos salpica desde la pantalla, no es Roberto Rossellini, pero sabe mostrar hasta la saciedad la complejidad social que es insistir en la supervivencia.

El cine venezolano está dando la talla, como lo ha dicho Gustavo; el país necesita identificarse con su cine, al público se le debe tratar con respeto, el mismo con el cual él es tratado, y también celebrado.

Gustavo Rondón logró algo imposible en estos tiempos: reunir a la familia venezolana en un sólo aplauso.

El premio del sindicato francés de la crítica recayó en la película venezolana «La soledad», de Jorge Thielen Armand.


 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.