SEBASTIÁN DE LA NUEZ –

Myriam Tibisay Wendehake asumió la presidencia del Instituto de Previsión Social del Periodista en 2015. Con ella, y al cumplir este organismo cincuenta años de vida, se produjo una revolución positiva (ya se sabe que hay revoluciones negativas). Hoy, en Madrid, con la muy legítima excusa de recabar fondos para los agremiados, se ha desplegado una exposición a través de la cual se conoce un poco más, un poco mejor, el empuje de las artes plásticas de un país machacado pero no vencido

Ya se sabe que el oficio del periodista nunca ha estado muy bien remunerado que se diga, aun con excepciones. En tiempos de madurismo, los peores de la Historia, surgen sin embargo proyectos y acciones audaces, solidarios, esperanzadores. Lo que están haciendo desde el Instituto de Previsión Social del Periodista las líderes Myriam Tibisay Wendehake y Arlette Danglades debe ser reconocido por, al menos, 25 mil almas, aquellas registradas en el Colegio Nacional de Periodistas. En 2015 el IPSP cumplió cincuenta años y Wendehake, quien acababa de estrenarse como presidenta y venía de promover artistas y exposiciones, propuso una subasta de arte venezolano para recabar fondos.

—¿Por qué?

—Porque asumí el 17 de julio de ese año y estábamos en la raya. Ya yo venía en la junta directiva. Aunque quienes me precedieron, Fernando Delgado y Rossana Ordóñez, trabajaron en ese sentido, estábamos en la raya.

¿Y por qué estaba esta cincuentenaria entidad en la raya? Porque el país es así y la inercia también. No había eventos especiales sino que se venía administrando, como siempre, el edificio del CNP en la avenida Andrés Bello (el mismo que una vez, en tiempos idílicos, albergó al Cine Prensa y al que le quedaban enfrente, olorosos y en plena esquina, los pollos en brasas de los Hermanos Riviera). Pues eso, que se mantenía con esa tarea administrativa en un país depauperado por causas que no viene a cuento enumerar aquí, y no existían los aportes de antes, los de la cotización de cada afiliado pues desde 1997 los estatutos cambiaron con vistas a la creación de unos fondos regionales que en teoría proporcionarían ingresos… Bueno, estaba en boga la descentralización pero eso jamás funcionó.

El cambio era necesario. En la directiva instalada en 2015 hubo consenso en torno a la necesidad de mirar más allá de lo visible. Ha habido consecuencias: se han creado delegados en 26 seccionales del instituto regadas por la geografía nacional y esa es la figura que existe ahora, bajo una nueva visión administrativa. Pero lo crucial ha sido una idea-potencia, movilizadora, surgida al calor de la celebración de los 50 años: exposición y subasta de arte venezolano, con los consagrados y los nuevos. Con todos los que quieran sumarse y tengan genio creador.

Con el aporte de Magdalena Arias, de la galería Graphic Art, salió adelante la primera convocatoria para 2016. Dice Myriam Tibisay:

—Hubo una movida bien interesante y logramos reunir 101 artistas.

—¿Qué los inspiraba a ustedes, desde la junta?

—Buscar los fondos necesarios y también la memoria de aquellas cenas de la Prensa, algo que creó Chepino Gerbasi. Era una ocasión especial, anual. Se invitaba a empresarios, personalidades de cada gobierno, incluso al presidente de la República. Allí se recolectaban fondos para trabajar a favor de los periodistas. Esa cena resulta inviable en estos tiempos, de allí que surgiera esta posibilidad de la subasta que se ha convertido en una cita anual, cada vez en una ciudad distinta.

—¿Qué gana el artista convocado?

—Es una relación ganar-ganar. Puede hacer una donación total de la obra o puede establecerse una parte de la venta para él. Muchos artistas asumen esto. Hacemos una buena campaña de divulgación y el artista visibiliza su obra. Para nosotros es estimulante.

—¿En qué sitio de Caracas hicieron esa primera exposición?

—En la Asociación Cultural Humboldt, entre mayo y junio de 2016. La participación de los patrocinantes ha sido fundamental. Y sí, se ha rentabilizado gracias al esfuerzo de todos. La suma de patrocinantes, artistas y nuestro esfuerzo organizativo dan eventos exitosos. Y en la medida en que hemos ido desarrollando el proyecto vamos puliendo algunas cosas. Es mejor poner el precio para la exposición y no depender de una subasta, por ejemplo. Cada quien, en la exposición, ya sabe cuál es el precio de cada obra, siempre sugerido por el artista.

OTRO AMANECER

Periodistas y arte: un punto de interés. Lo que ha hecho el IPSP puede servir de ejemplo para otras instituciones gremiales en Venezuela. Es una audacia en buenas manos. Hasta los folletos impresos en cada cita anual son una bella muestra del bien hacer. Para 2017 se plantearon lo mismo pero afuera, y miraron hacia Miami, donde se han refugiado tantos profesionales. Lo primero que hicieron fue buscar una sede y encontraron una aliada, Milagros Maldonado, quien había sido una mecenas del arte en Venezuela a través de la Fundación La Previsora. Lleva actualmente una galería con un espacio bien grande. Con el aval de haber conseguido en Caracas convocatoria y venta, pudieron reunir a 72 artistas plásticos con cierta facilidad. Varios repitieron pues ya habían acompañado la idea en Caracas. En 2018 eligieron Nueva York y hacia allá dirigieron los esfuerzos. El proyecto tomaba vuelo y hallaron pronta receptividad tras hacer contacto con ArteLatAm, una fundación sin fines de lucro que gerencian unos ecuatorianos con la actitud proactiva de apoyar a los artistas latinoamericanos. En la galería Saphira & Ventura, bien céntrica, se reunió el aporte fundamental de los patrocinantes y el genio de 57 artistas con obras transportadas desde Caracas y Miami, más las que estaban en Nueva York.

—¿Qué han hecho con los recursos obtenidos?

Un proyecto que pinta otro país
Myriam Tibisay Wendehake y Arlette Danglades, en el portal de la Santana Art Gallery, en Madrid.

—Hemos instalado un consultorio odontológico. Lo primero que hicimos fue comprar la silla odontológica con su compresor. Con eso aseguramos la inversión, y luego seguimos recabando insumos hasta que hoy en día ofrecemos asistencia odontológica, además, con una doctora maravillosa.

—¿Y qué más han hecho?

—Abrimos una pequeña sala de arte y formación. En eso nuestra querida Argélida Gómez, que en paz descanse, fue fundamental. Este año, al inaugurar el consultorio odontológico, le pusimos su nombre. Fue al cumplir el IPSP sus 53 años.

Un fotógrafo venezolano que vive en Viena, Enrique Moya, donó una colección de 24 fotografías de Chernobyl, realizadas en 2015, y con esta muestra o buena parte de ella se abrió la sala a la que se refiere Tibisay. “El extraño mundo de Chernobyl, 31 años después” se denominó esta exposición. Después, colectiva de fotógrafos criollos sobre la Venezuela de estos momentos: fotos dramáticas, cómo no, pero también fotos del optimismo y la esperanza. Siempre con la idea de vender y compartir ganancias con cada uno de los profesionales de la cámara. Y este año, en ocasión del Día del Periodista, otra muestra fotográfica llamada “Qué significa ser caraqueño”.

—Han tenido buen apoyo de patrocinantes, ¿cuál es su motivación?

—La propuesta nuestra es organización y divulgación. Hacemos que su marca sea vista, y esa es una de nuestras fortalezas. El hecho de sumar imagen corporativa y apoyo a un gremio asociado por naturaleza a la democracia y al valor de la libertad, es algo atractivo. Este año hemos conseguido el patrocinio de Air Europa.

En años anteriores han contado con transportistas especializadas, venezolanas, así como con bancos y vinateras que repiten este año. Cita, en especial, el apoyo de Pomar y de los chocolates Franceschi. Desde el principio, además, se produjo la bendición de Carlos Cruz-Diez, de su hijo y de su Fundación. La primera respuesta que recibieron, al hacer en Caracas la primera convocatoria (cuando aún vivía el maestro), fue precisamente del atelier Cruz-Diez. Era un día que estaban en plena junta directiva y les llegó la noticia. Se formó el gran alboroto.

Este año, es lógico, se le rinde homenaje a Cruz-Diez y hay varias obras de él en exhibición. Hay, en total, 42 artistas representados. Se pensó en Madrid sobre todo porque la asociación de periodistas venezolanos que ha nacido en la capital del Reino es una de las más fuertes en el mundo. Arlette Danglades, una consecuente activista a favor de los trabajadores de la Prensa, aprovechó un viaje que hizo en marzo para establecer contacto con Venezuelan Press. Inmediatamente surgió el nombre de Linda D’Ambrosio, una eficaz emprendedora que organiza eventos y los promueve. Ella ha sido el enlace con Miguel Santana, otro venezolano solidario, propietario de Santana Art Gallery, sita en el afamado Paseo de La Castellana. Hacia allá, en estos días de octubre ya en pleno otoño, concurren venezolanos que desean manifestarse y disfrutar. Y españoles que se sorprenden. Hay arte cinético, desde luego, pero también muestras de otras tendencias. El legítimo embajador de Venezuela en España, Antonio Ecarri, pronunció unas palabras el día de la inauguración, el domingo pasado.

En alguna parte de la Santana Art Gallery, no cabe duda, vigilan los espíritus ingrávidos y gentiles de Chepino Gerbasi y Gustavo Aguirre. Inolvidable Aguirre, campechano y tertuliano, de guayabera blanca, conversando un día cualquiera sobre la baranda de la parte baja del edificio CNP.

Muchos periodistas obtuvieron en préstamo (a bajísimo o cero intereses) su inicial para una vivienda propia en el IPSP, o la plata necesaria para remodelar su cocina. La solidaridad gremial continúa hoy, el país encuentra sus propios cauces de superación y progreso con inventiva, con creatividad, tendiendo puentes.

Sebastián de la Nuez, periodista hispano-venezolano, residente en Madrid, España.

 

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