OMAR PINEDA
Es verdad que nada podrá devolverles el tiempo que les robaron a los jóvenes que hoy llegan a la edad adulta y que solo han conocido la miseria del chavismo, pero mi consuelo es que no les haya arrebatado, al menos, la dulzura de la memoria.


Maikel Moreno, fichado como homicida y ahora presidente del TSJ

Hay solo un paso para llegar de Adrián Solano a Maikel Moreno. La corrupción e incompetencia de quienes nos gobiernan desde hace 18 años han dejado como hecho anecdótico esta semana el ridículo internacional del joven que participó en un mundial de esquí sobre nieve sin haber conocido la nieve, y la designación como presidente del máximo tribunal a un delincuente, con expediente policial por homicidio en 1989 y más tarde jefe de una pandilla judicial, conocida como “la banda de los enanos”, con impunidad para moverse en los tribunales y alterar sentencias.

Si alguien todavía tiene dudas acerca de la amoralidad que impulsa a la revolución bolivariana le bastará con asomarse al espejo que reflejan estos nombres, a los que habría que agregar el de un tal Wilmito, el pran preferido de la ministra Iris Varela, purgando su condena en playas de Margarita.

Escribo esto porque vengo de leer la reflexión de un amigo de mi infancia que en marzo de 2013 me borró de su cuenta de Facebook porque expresé mis anhelos de que la muerte del Gran Destructor pudiera enderezar el destino de mi país. Veo ahora su derrumbe moral: hace dos meses le mataron para atracarlo a un sobrino que hacía la cola de madrugada en Makro de La Yaguara.

Es verdad que nada podrá devolverles el tiempo que les robaron a los jóvenes que hoy llegan a la edad adulta y que solo han conocido la miseria del chavismo, pero mi consuelo es que no les haya arrebatado, al menos, la dulzura de la memoria.

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