GUSTAVO OLIVEROS –

¡Ya vienen los rusos…ya vienen los rusos!. Es el clamor generalizado de los habitantes de la isla de Margarita, la llamada perla del Caribe, una región de Venezuela que alberga unos 600 mil habitantes que no escapó a la desidia gubernamental del llamado Socialismo del siglo XXI. El tañer de campanas traduce un llamado de auxilio. Un SOS convertido en lamento de resistencia, para no morir de inanición y la llegada de los rusos surge como una luz esperanzadora que quizá se apague antes de encenderse.

La llegada al aeropuerto “internacional” es la primera y la última caída de las catorce que sufrió Jesús durante su recorrido hacia el Gólgota. El arribo se inicia con el caos y la salida es el infierno. El recorrido en taxi desde el aeropuerto a Porlamar es un desierto, como si nada existiese, apenas unas sombras que cruzan solitarias las estepas y desaparecen con la brisa. Son las 2 pm de un lunes de agosto.

El calor es abrumador y el aire acondicionado funciona a medias. El conductor con el humor margariteño que los caracteriza sostiene que con esto el vehículo pretende ahorrar gasolina, un combustible que llega racionado originando inmensas filas en las estaciones de servicio. 45 minutos más tarde, nos encontramos en la recepción del hotel Puertas del sol, 12 pisos y unas 200 habitaciones. Somos los primeros y los únicos hospedados. 3pm. Recordé la vieja película “El resplandor”

“Los rusos están a punto de llegar”, fue lo primero que surgió de los labios de la amable recepcionista. Lo segundo fue la aclaratoria del racionamiento eléctrico y la falta de agua. “Pero no se preocupen, ya estamos trabajando en la planta de emergencia. Bienvenidos”.

El botones, inmerso en su humilde uniforme, nos acompaña hasta la habitación. Lo despachamos con un dólar y salimos disparados a recorrer las calles en busca de un local para tomarnos unas cervezas. Todo estaba cerrado y ni un alma en las aceras. Media hora de caminata y finalmente “El remo”, un local antiguamente conocido como uno de los mejores restaurantes de la avenida 4 de mayo. “Que emoción”, exclamó mi mujer recordando los viejos tiempos. Nos recibió el maitre, quien preguntó, con mucha amabilidad, si habíamos visto a los rusos en el aeropuerto. Bebimos y almorzamos. La emoción se convirtió en frialdad gélida al recibir la cuenta; nos cambiaron espejitos por perlas verdes con la imagen de George Washington. No, no llegamos a ver a los rusos. Salimos con la luna en alto directo a “Puerta del sol” y lo encontramos envuelto en las sombras. A la mañana siguiente aún no llegaba el agua, desayunamos entre fantasmas y nos fuimos a nuestro segundo destino: SunSol resort, hacia la población de “El Tirano”. 11.30 am.

Rusos en Margarita
PUROS RUBLOS
El operador ruso Pegas Touristik comenzará a trabajar la ruta Moscú-Porlamar directo desde el 6 de septiembre, utilizando aviones Boeing de su casa matriz Pegas Fly. La oferta en la isla de Margarita está conformada por 17 hoteles, que van desde el tres estrellas Paradise (en Playa El Yaque) hasta el cinco estrellas Ikin Margarita (en Playa Cardón). Los precios mínimos por paquete en clase económica para dos personas durante cinco noches, oscilan entre 1.385 dólares y $2.002. En una primera incursión llegarán dos vuelos quincenales hasta el 26 de octubre, pero, a según, después serían tres vuelos semanales. Los Boeing 777-200ER tienen capacidad para 400 personas. Inicialmente la ruta estaba prevista para iniciarse el 16 de agosto, sin embargo no se sabe si el retraso se debió a mal tiempo.

PARAÍSO DE CONTRASTES

En el Sunsol, recepcionistas y operadores turísticos, preguntan por los rusos. Nadie sabe dónde están; alguien lanzó un rumor de que se encontraban en Los Roques. Se dice que vienen en “cambote” (una palabra del argot venezolano que significa en manada). Llegarán directo desde Rusia al aeropuerto Santiago Mariño, que les parecerá un paraíso ya que no hay un solo soplido de aire acondicionado en todas sus instalaciones. Como aeropuerto internacional por designio presidencial, recibirá al “Irkut MC-2”, una aeronave que busca quebrar el duopolio de Boeing y Airbus en los aviones de pasillo único, según lo anunció, el primer ministro Mikhail Mishustin ante la Duma el pasado año 2020. La nave puede albergar unos 400 pasajeros y según los margariteños, en un mes, a un vuelo diario, la isla sería un ejemplo de integración racial que elevaría la altura de sus pobladores, así como su peso, hasta ahora, en franco deterioro.

Por el momento, se conforman con servir a los turistas nacionales que abarrotan el Sunsol de semana en semana. Viajeros que por su gordura se notan a la distancia que no viven en la isla. El resort es a primera vista (también a segunda) el paraíso de los gordos. Al menos son unos 120 kilos aproximados los que recorren todas sus instalaciones desde la mañana hasta altas horas de la noche. Todo está incluido, se come unas cinco veces al día, y también, cinco veces al día se desperdicia comida que bien podría alimentar a la población aledaña al hotel, que a primera vista (también a segunda) se nota que se encuentra en franca situación de pobreza extrema. Lo más extraño de todo es que ninguno de los empleados del hotel vive en esos poblados cercanos. Nos llevó horas recorrer ese lugar fantasmagórico que tiempo atrás debió ser un paraíso como son las instalaciones internas del Sunsol con sus bohíos de bebidas y sus restaurantes hasta el tope, de comida gourmet y meriendas chatarra para los huéspedes más golosos. Los empleados ganan salario mínimo y alimentación. Prestan servicio unas catorce horas, pero al menos cuentan con un trabajo fijo.

11pm. No hay luz en las habitaciones, pero el estruendo del regatón en la plaza principal del hotel retumba en ellas. Los gordos bailan pues la planta eléctrica se habilita para el aquelarre. Los rusos brillan por su ausencia.

Rifles rusosMARGARITA: APOGEO Y DECADENCIA

En Margarita no solo desapareció el puerto libre, generador de cientos de empleos directos y otros tantos cientos indirectos, por no decir miles. También desapareció su emblema popular, el mercado de Conejero, así como el bulevar Santiago Mariño, los comercios de la avenida 4 de mayo, los hoteles grandes y pequeños que proliferaban a lo largo de a costa de la playa Bella Vista que de bella solo le quedó el nombre, los restaurantes, tascas, discotecas y hasta las “señoras de esquina” que freían empanadas en sus grandes calderos. El centro de la capital es un enorme vacío. Caminar por sus calles y avenidas desérticas produce más que miedo bochorno, pues la prosperidad y fama que la isla alcanzo entre los años 70 y 90 a escala internacional, se vino a menos a partir de la llegada del gobierno que inicio el difunto comandante Hugo Chávez Frías, una vez dejado atrás el siglo veinte. Venezuela entraba al siglo XXI y en menos de lo que un margariteño se imaginaba, la isla regresaba al siglo XIX. Un poco más allá, a unos pocos kilómetros, en Pampatar, se desata la furia de las grandes inversiones en construcción. Dólares que nadie sabe decir de dónde salen, pero todo el mundo lo sospecha, y que prontamente serán ofertadas en rublos al mejor postor, si es que la llegada de los rusos no es una mera fantasía, como parece serlo.

Lo que sí es una realidad del tamaño de la isla frente a la llegada de los rusos, es la desaparición de los chinos, sustituidos por una invasión de árabes, musulmanes e islamistas que regentan grandes cadenas de supermercados en donde los dólares corren como río desbordado. Si bien eso es Pampatar, una especie de pantalla de cine, una tapadera de algo, el centro de Porlamar es la transparencia dura y cruel de la nada, en el más estricto sentido hegeliano. Nada por aquí, nada por allá y nada que se vislumbre en el horizonte. Ni siquiera, las tetas de María Guevara, dos colinas naturales que son usadas como un punto de referencia por los pescadores locales, porque ya hasta los pescadores locales tienden también a desparecer con el paso del tiempo.

TIN MARÍN DE DO PINGUÉ

Con la llegada de los rusos cabe la posibilidad de una venta al por mayor de la isla que convierta a los margariteños en colonizados. Francisco Suniaga (La Asunción, Venezuela, 3 de enero de 1954) escritor, abogado y profesor venezolano, en un artículo de opinión publicado en su blog se preguntaba: ¿por qué no retomar la vieja idea de vender Margarita?

“Un Gobierno que ya ha rematado por pedacitos y a precios viles buena parte de la soberanía de Venezuela –hace unos días vendió a los chinos otra porción de ella por cinco millardos verdes–, no debería tener tantos remilgos a la hora de proponerse, como lo hicieron Castro y Gómez, vender Margarita al mejor postor.

La primera opción (y la más patriótica) sería que la negociaran con los mismos margariteños, que de comprar terrenos saben mucho…

Si el Gobierno colonial no quiere ofrecérnosla –probablemente prefiera dólares–, pues que se la ofrezcan de nuevo a Alemania. Si eso resulta complicado (algo muy probable con los alemanes), bueno sería entonces que se la ofrecieran a los colombianos que reconstruyeron Cartagena o a los panameños de la moderna Panamá, o a los dominicanos de la nueva Santo Domingo, o a los holandeses de Aruba y Curazao. Los margariteños, eso sí, tenemos una sola condición: a los chinos ni de vaina”. Los rusos van por buen camino.

5.30 siete días después: Aeropuerto Internacional Santiago Mariño. 500 personas estamos amuñuñadas en un espacio de 50 metros de largo por 25 de ancho con una temperatura de 35 grados a la sombra que dificulta la respiración, y sin aire acondicionado. Se oye por el altoparlante. “El aeropuerto Santiago Mariño les da la bienvenida y les recuerda mantener las medidas de bioseguridad con respecto al uso de mascarillas y mantener la distancia de un metro y medio de separación hasta la llegada del avión a la pista. Le deseamos un feliz viaje y hasta la próxima”.

Gustavo Oliveros es periodista y narrador venezolano. Reside entre Santiago y Caracas.

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