Ali vs Frazier, la batalla del odio

 Jesús Cova. Los que la presenciaron, agrupados en la antes llamada meca del boxeo, el Madison Square Garden de la Gran Manzana, y que compraron entradas de 25 dólares, un gran precio para la época, casi repleto en su aforo de unas 22 mil personas, los cerca de 300 millones que la vieron en cines y en circuito cerrado de TV y los cientos de millones que después la han observado en videos, no vacilan en asegurar que nunca hubo, ni habrá jamás, una pelea tan épica, memorable y de mayor interés en la historia, solo parangonable, acaso, a la del propio Ali vs George Foreman el 30 de octubre de 1974, sorprendentemente ganada por KOT en el octavo round por Muhammad Alí.

 

Nos referimos a aquel combate bautizado por los críticos como la Real Pelea del Siglo XX entre Muhammad Ali, el “Bocazas”, el impactante púgil que se movía incesantemente por todo el ring con los brazos extendidos a un lado del cuerpo, y el recio pegador Joe “Smokin” Frazier, dueño del mejor gancho zurdo que se recuerde, ambos invictos, ambos los mejores pesos completos de su época. Ambos enemigos irreconciliables dentro y fuera del encordado, ambos campeones olímpicos en el aficionado, el primero en Roma-60, el otro en Tokio-64.

MÁS QUE UNA PELEA

Aquello ocurrió el 8 de marzo de 1971, 53 años atrás en el tiempo. Esa es la historia que hoy recontaremos. A despecho de lo puramente deportivo el encuentro fue una guerra con elevados ribetes de carácter político-social. De un lado estaban los partidarios de Joe Frazier, el “negro bueno”, el dócil y buen ciudadano respetuoso del establishment, un fan de la patria, respaldado por una numerosa porción de sus hermanos de raza y por los blancos supremacistas, sarcásticamente llamado Tío Tom y gorila por su oponente de aquella noche y quien se presentaba a las ruedas de prensa con un gorila de juguete, entre otras muchas burlas para humillarlo y amedrentarlo.

Ali, el desafiante, tenía de su lado a la casi total mayoría de sus iguales en piel y de buena parte de los jóvenes blancos antibelicistas, solidarios con él por su férrea negativa a combatir en Vietnam y quien por ello era visto, y en efecto lo era, acérrimo contestatario del orden establecido, desde el momento de su conversión al islamismo cuatro años antes, lo que le dejó sin coronas y en peligro de ir a presidio por 4 años, del que escapó gracias a la habilidad de sus abogados.

La posición de su lucha en pro de los derechos civiles y de raza la resumió en una breve frase de la profesora Amira Rose Davis, de la Universidad Estatal de Pensilvania: “Fue (Ali) denigrado por ser franco, denigrado por su oposición a la guerra y denigrado por sus conexiones con la Nación del Islam”, adujo Davis, quien agregó que “Frazier llega a simbolizar una especie de América más complaciente y conservadora.” Por su lado el historiador de boxeo Mike Silver indicó que “la pelea no era solo una batalla por los premios. Tenía otras dimensiones: las dimensiones de la raza, la política, la guerra de Vietnam”.

Ese clima tenso, de país dividido, más de corte racial y político que deportivo, repetimos, era el que flotaba en el aire cuando los dos hombres subieron al ring del Madison Square Garden y fue ese el ambiente que privó durante los 15 tramos del mismo, con ambos bandos en permanentes y acaloradas discusiones y hurras de uno y otro lado según lo que pasaba sobre el ring. Naturalmente también debe anotarse que esa luminosa noche encandiló más aun con la presencia de decenas de celebridades del mundo del espectáculo (cine, radio, teatro, televisión), de las finanzas, de la política… Todo aquel con un mínimo de notoriedad quería estar allí.

Así, junto a las casi 20 mil personas que coparon el Garden se ubicaron en asientos decenas de personalidades como Diana Ross, Dusty Hoffman, Barbra Streissand, Bob Dylan, Hugh Hefner, Woody Allen, Diane Keaton, el famoso actor Burt Lancaster –quien fungió de comentarista imposible de acallar para un canal de TV al lado de Howard Cosell-, el prestigioso escritor Norman Mailer, autor de una crónica de la pelea y una especialísima personalidad, el actor y cantante Frank Sinatra, “La Voz”, contratado como fotógrafo por la revista Life de fotógrafo, papel que cumplió discretamente en cuanto toca a la calidad de sus gráficas.

También se hallaba presente un joven Bob Arum, abogado de los Kennedy y un hoy afamado promotor, y quien años más tarde organizaría unas 12-16 peleas de Ali, de quien fue abogado en el combate. Arum iba a montar la pelea, pero desistió por suponer que no iba a poder cubrir los gastos con entradas a 10 dólares. Él recogió en pocas palabras el clima que rodeaba el evento diciendo que era la reunión “de la ira, la irracionalidad, el odio.”

En noviembre del año anterior Ali había retornado al boxeo y a recuperar su tenuemente apagada fama como gladiador. Volvía luego de una ausencia forzosa desde 1967 y de una dura batalla legal, pues el 28 de abril de ese año se había quedado sentado, en dos ocasiones, sin responder al llamado a dar el paso al frente en la sede de conscriptos de Houston, Texas, para ir como soldado a la guerra de Vietnam. Por ello perdió la matrícula de boxeador de la Comisión Atlética de Nueva York y poco más tarde se le despojó de las fajas mundiales AMB-CMB y de The Ring, ahora en poder de Frazier.

Ali había conquistado el fajín por primera vez el 25 de febrero de 1964 con poco más de 22 años de edad por KOT en el sexto asalto ante Sonny Liston y contaba con 8 exitosas defensas, 6 resueltas por KO -una de ellas en la revancha a Liston, en el primer round— y se encontraba en óptima condición física. Al regresar luego de tres años y medio inactivo venció a Jerry Quarry en tres vueltas el 26 de octubre 1970 y por KOT en 15 asaltos al argentino Oscar “Ringo” Bonavena el 7 de diciembre del mismo año.

Aquel 8 de marzo Ali, 1,91 de estatura, 10 centímetros más que el rival, subió con 212 libras (96,166 kilos), de trusa roja y marca de 31 victorias, 26 por KO, 29 años y 2 meses de edad para chocar con Frazier, 205,5 libras(93,213 kilos), de verde y dorado, 27 años y 2 meses, récord de 26-0-0, 23 nocauts, para exponer sus fajines AMB y CMB que habían sido de ALI y que ganó en 4 rounds frente a Jimmy Ellis el 16 de febrero de 1970. Nunca antes dos invictos habían batallado por el cetro de todos los pesos.

Cuando sonó la campana inicial del combate se calcula, como dijimos, que al menos 300 millones de personas estaban en salas de cine o frente al televisor y vieron a Ali dominar los dos primeros tramos antes de ser sacudido y estar a punto de caer en el tercer asalto por uno de los devastadores ganchos izquierdos de Frazier.

Las vueltas siguientes fueron una sucesión de fuego graneado de ambas partes con el campeón en ligera aunque clara ventaja. Ali a ratos retrocedía para evadir los recios impactos del rival, quien no cesaba de atacar. En el último asalto, el quince, Frazier atrapó al retador con su letal cruzado zurdo y Ali se desplomó como un saco relleno de aserrín. Aunque se levantó precariamente a los 8 segundos del conteo, ya todo estaba decidido.

Bajo el sistema de puntuación por rounds el titular se llevó el fallo por unanimidad: el famoso y legendario árbitro Arthur Mercante dejó 8-6-1 asaltos por Frazier y los jueces Artie Aidala y Bill Retch votaron 9-6 y 11-4, respectivamente, igualmente favorables al campeón.

Vale añadir que los contrincantes se prodigaron a tal grado en procura de la victoria que ambos fueron a dar al hospital por un par de semanas, altamente recompensado el percance con la bolsa, impensable para aquellos lejanos días, de 2 millones 500 mil dólares para cada uno, pagados por los promotores Jerry Perenchio y Jack Kent Cooper, este entonces dueño del equipo de basquetbol profesional Los Ángeles Lakers. Los organizadores del combate lograron ganancias superiores a los 11 millones de dólares en venta de entradas y transmisión en cines y en circuito cerrado y abierto en 370 sitios de EU al igual que en África, Asia, Europa. La recaudación global superó los 45 millones de dólares.

Poco tiempo después, en un almuerzo con Frazier, el veterano cronista de boxeo Jerry Izemberg contó que en el restaurant un pequeñín se les acercó para decirle al campeón que su papá había dicho en casa que Ali “peleó drogado”. Frazier abrazó paternalmente al muchachito y le dijo que sí, que le dijera a su papá que “Es cierto. Ali peleó drogado… lo drogaron tres ganchos de izquierda”.

Tres años después Ali y Frazier se vieron las caras por segunda ocasión, exactamente el 28 de enero de 1974 y el primero tomó desquite en una tediosa pelea fuera de título por decisión unánime en el mismo Madison Square Garden y en una tercera ocasión, el 1 de octubre de 1975, en un combate que comenzó a las 10 y tantos de la mañana y que el promotor Don King bautizó The Thrilla In Manila (Suspenso en Manila) nuevamente Ali terminó con el brazo en alto en el Coliseo Araneta de Ciudad Quezón, Metro Manila, Filipinas, cuando su oponente no pudo responder al tañido de la campana para el penúltimo 14° asalto, rendido por la dramática y violenta refriega y por los 40 grados centígrados de temperatura. Un par de segundos después Ali se desmayó en su rincón. Dijo luego a los periodistas que “nunca había estado tan cercano a la muerte”.

Ali, el único que ha ostentado tres veces el cetro de todos los pesos (1964-74-78) cesó la actividad, aureolado por su colosal fama como púgil (jamás igualada, ni de cerca, por ningún otro, hasta hoy) además de infatigable luchador en pro de su raza y de su religión, lo que hizo luego de unos 17 años sobre el ring entre 1960 a 1981, sin contar el obligado retiro por más de tres años. Se fue con récord de 56-5-0, 37 nocauts a favor, uno en contra y falleció en Scottsdale, Arizona, el 3 de junio de 2016 a los 74 años por complicaciones respiratorias agravadas por el Parkinson diagnosticado en 1984.

Frazier peleó entre 1965-81 y dejó registro de 32 (27)-4 (3 KO)-1. Nacido en una población de Carolina del Sur, murió de cáncer hepático el 7 de noviembre de 2011 a los 67 de edad en su ciudad de adopción, Filadelfia, Pensilvania. Jamás perdonó a Ali -por quien abogó ante el presidente Ronald Reagan para que le devolvieran la licencia de boxeador— las humillantes ofensas que le infirió.

Jesús Cova. Periodista deportivo venezolano. Reside en Caracas Venezuela

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