Decidimos buscar los libros que no encontrábamos en las librerías

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Decidimos buscar los libros que no encontrábamos en las librerías
Silvia Bardelás en su casa de Madrid. Foto de David Castro
JOSÉ PULIDO –

Álvaro Ríos me escribe: Tengo algo importarte para ti.

Y en ese momento me encuentro en un acto con poetas iberoamericanos en Salamanca. Le comento rápidamente la situación.

Álvaro me dice: te lo explicaré cuando regreses a Génova.

La curiosidad es irresistible. En un momento libre escribo y le pregunto: ¿Qué es lo que me quieres plantear?

Tienes que entrevistar a Silvia Bardelás, me dice estilo orden indiscutible. No sé de quién me habla hasta que caigo en cuenta. Silvia Bardelás, la escritora y editora que hizo conocer en español la obra de Jon Fosse, el Premio Nobel de este año. Bendita sea. Por ella descubrí Trilogía y después todo Fosse. Trilogía es una acumulación valiosa de frases que sirven como rezos y son portadoras de poesía. Las busco y las consumo cuando se debilitan las abejas que rehacen mi vieja garganta.

Álvaro y yo somos amigos porque escribimos, respetamos a los gatos y nos gustan los mismos autores. Le respondo que entrevistar a Silvia Bardelás sería como una fiesta extraordinaria pero no tengo brújula para encontrarla. Y Álvaro me dice: Te voy a dar su correo. Y entonces yo le escribo a Silvia y ella responde con dulzura y sencillez: “Encantada de que me envíes las preguntas. Un abrazo”. Y le envío las preguntas (muy emocionado). Así se inició una conversación con Silvia Bardelás.

IMAGINAR A SILVIA

He tratado de imaginar cómo se originó la sensibilidad de Silvia Bardelás, esa capacidad de penetrar en la escritura y descubrir la esencia poderosa de una voz creadora, la tarea espiritual prioritaria de un autor, su toque particular, su miel.

Sí: he estado pensando en Silvia Bardelás, quien acompañada por su amiga de la infancia y socia de la madurez, Beatriz González, fundó la editorial De Conatus y han editado a unos escritores de asombrosa calidad que parecían estar pasando por debajo de la mesa: Jon Fosse, Joshua Cohen, Percival Everett, Susana Sánchez Arins y Kim de l’Horizon’.

Decidimos buscar los libros que no encontrábamos en las librerías

Silvia Bardelás es como una conciencia luminosa y sensible, alérgica a lo inhumano; una conciencia que transita en el mundo de las palabras, explorando las páginas de los libros. Ella se alimenta con la escritura resguardada en lo inalcanzable, ella se alimenta con el mejor de los frutos verbales porque sabe descubrirlos a tiempo. Y afortunadamente comparte el descubrimiento: esa es la cuestión.

He caído profundo como una piedra en el pozo rítmico y a veces sagrado de Jon Fosse. He caído como una piedra que se ha salido del bolsillo del abrigo de Virginia Woolf. He permanecido como espíritu en carne viva curándose en el pozo profundo y a veces salobre de la escritura de Jon Fosse. Me he curado del temor que me causaba la falta de libertad en ciertos modos de escribir narrativa. Supongo que eso se torna fenómeno colectivo porque Jon Fosse es como un país, un lugar. Quería decir esto, para agradecer a Silvia Bardelás y a Beatriz González, a quienes debo la posibilidad de leer en castellano a ese singular autor.

A partir de Fosse busqué muy pronto los otros libros que ha publicado la editorial De Conatus. Y entonces me interesé en lo que escribe Bardelás. Y en consecuencia conocí una de sus novelas y también una tesis que debería ser citada y consultada en las escuelas de Letras.

Y no estoy hecho un lío, no estoy vuelto un desorganizado lector: ante los aciertos de Silvia, Beatriz y De Conatus me siento como visitando la maravilla, como cuando leí por primera vez a Kafka, a Rilke, a Virginia, a Borges. Ajá: como cuando entendí que los libros, a veces en fragmentos, a veces en ráfagas de frases, se quedan dentro de uno. Somos su habitación, su biblioteca emocional, su accidente generacional y probablemente fungimos de amoroso cementerio cuando olvidamos alguno y no volvemos a leerlo. Leer el mismo libro varias veces es un hecho tan placentero como trascendente. Y si aparece un libro engendrando emociones nuevas, es absurdo no abrazarlo. Un libro así es un ser amado. Un país. Un lugar. Una fantástica multitud de seres con quienes hablaremos sin abrir la boca.

“LA LITERATURA INVOCA UN MUNDO MEJOR”

-El amor ¿es la esencia que determina una escritura más elevada y fértil?

-Se ha dicho muchas veces que los escritores escriben porque necesitan que los quieran. Por ahí anda el amor. Personalmente creo que es la falta de amor, no a uno mismo, sino la falta de amor que se detecta en la sociedad la que lleva a escribir. Es como una especie de sortilegio. Igual que los primeros artistas pintaban animales para invocar una buena caza, la literatura invoca un mundo mejor. Casi siempre se hace desde la crítica pero algunos autores, como Goethe o Cervantes, son capaces de representarlo directamente. Ojalá no hubiera tanto prejuicio en estos momentos a la hora de valorar una literatura más positiva.

-El nivel de cada lector ¿crea lecturas diferentes, recorre las tramas a su manera?

-Me encanta que hables de niveles de lectura. Se repite mucho la idea de que todas las lecturas son válidas. Un lector puede decir que es malo un buen libro porque la lectura siempre es subjetiva, pero la realidad es que no. Siempre estamos aprendiendo a leer y siempre podemos profundizar cada vez más en nuestras lecturas. Cuando leo un buen libro por tercera vez me entero de muchas más cosas y me parece más impresionante. Mi primera lectura fue válida y tuvo su sentido, mi tercera es mucho más apasionante.

-El personaje ideal ¿tiene recuerdos privados y también recuerdos con otros, recuerdos en comunidad?

-No creo que haya un personaje ideal, pero sí que a cada autor le interesa un tipo de personaje. En mi caso me interesan los personajes que sienten que viven entre otros, o que de repente se dan cuenta de que viven entre otros. No me interesa el mundo de un yo sufriente y solitario incapaz de ver nada fuera de sí. Creo que hemos vivido un exceso de individualismo y ya está bastante agotado como tema de interés.

-¿Es cierto que siempre decía usted que Fosse iba a ganar el Premio Nobel?

-Sí, es cierto, estaba completamente segura. Me parece que tiene un nivel literario tan elevado que sabía que tarde o temprano tendrían que reconocerlo. Un autor pasa a la historia cuando descubre la representación de un ámbito de la realidad que no había sido representado antes. Fosse representa la consciencia, ese momento de temblor en el que sentimos la existencia de manera radical.

-¿Qué le dio esa idea? ¿qué aspecto de su lectura le hizo descubrir lo fulgurante de ese escritor?

-Cuando lo leí por primera vez, mucho antes de fundar la editorial (2018), me quedé impresionada por su estilo. Utilizaba una forma de narrar que te metía en otra dimensión de la existencia, precisamente en el momento de la consciencia, de ser observadores de nosotros mismos y el mundo exterior, de sentir que existimos en el juego de la vida y la muerte.

-¿Qué prefiere de Fosse: Teatro, narrativa, poesía?

-Narrativa sin duda. Creo que es en Trilogía y Septología donde llega a su gran momento como artista. De hecho, fue decisión suya dejar el teatro y volcarse en la narración. Era algo que necesitaba y eso llegó en su etapa de madurez.

“LO MÁS IMPORTANTE EN EL ARTE ES LO GENUINO”

-¿Cómo se hicieron amigas usted y Beatriz González, qué las acercó tanto?

-Somos amigas desde los 9 años y somos amigas de verano, así que teníamos mucho tiempo para hablar y comer pipas, ir al río y pensar. Muchos años más tarde decidimos buscar los libros que no encontrábamos en las librerías y publicarlos. En realidad, somos muy distintas pero complementarias, que es lo importante en una amistad.

-Habla usted de emociones desconocidas, de la capacidad que tiene Fosse para crear emociones desconocidas ¿podría ahondar un poco en eso? Me atrajo la frase “deseo infinito” que mencionó.

-Yo considero a Fosse un neorromántico en el buen sentido. Creo que se ha entendido muy mal el Romanticismo. Fue un momento totalmente revolucionario en el que además de la ciencia y el cuerpo, empezaba a valorarse lo más primigenio de la experiencia humana, el sentido de la existencia, la posibilidad de lo ilimitado, la caída de las fronteras. Estamos en un momento tan violento, con tantas fronteras, limitaciones, identidades, enfrentamientos, que estoy segura de que muchos seres humanos buscaremos una salida. Ponemos nombres a las emociones, pero por supuesto hay emociones nuevas que podemos sentir por primera vez para las que no hay etiquetas. Eso es lo que me produce en algunos momentos la obra de Fosse. Y eso es lo que creo que es necesario para una revolución en el siglo XXI, un cambio de sensibilidad.

-Usted como escritora, traductora, lectora profundas ¿siente que ha adquirido una sensibilidad especial para encontrar la escritura honda, diferente, nueva, si se quiere?

-Siempre digo que a escribir se aprende leyendo y a leer escribiendo. Es el mismo proceso. Para mí el lector es un artista que interpreta una partitura. Cuanta más sensibilidad tenga, cuantos más textos buenos haya leído, mejor va a interpretar el texto. Estamos siempre en pleno desarrollo, como escritora y como lectora queda todo por descubrir. Me encantaría que todos tomáramos conciencia de que estamos siempre en un proceso de aumentar nuestra sensibilidad.

-¿Cuál es su libro más querido?

-No puedo decir uno. En mi tesis sobre la novela leí algunas de las mejores novelas por orden cronológico. Fue una experiencia increíble. Me di cuenta de que la literatura no es individual, es expresión y búsqueda de las lógicas del ser humano, de todos los seres humanos, y se va desarrollando en una retroalimentación constante.

De todas formas dejo algunas: Dafnis y Cloe de Longo, Don Quijote de la Mancha de Cervantes, La educación sentimental de Flaubert, Pabellón de cáncer, de Aleksandr Solzhenitsyn, La montaña mágica de Thomas Mann, Las olas de Virginia Woolf, El hombre sin atributos de Musil. Bueno, hay muchísimas.

-¿Cuándo supo que deseaba ser escritora? ¿Desde cuándo está atada a la escritura?

-Escribo desde pequeña. Leía muchísimo. Cuando era adolescente escribía cosas muy abstractas, poesía muy mala que se mezclaba con preguntas filosóficas y música. Después estudié Filosofía para escribir literatura y estudié Creación literaria para separar la Filosofía de mi necesidad de narrar. También escribí una tesis en Filosofía sobre la novela y escribí cinco novelas aunque publiqué tres. Lo cuento así para entender que para mí Filosofía y Literatura siempre han estado unidas. Muchas veces la literatura se ha adelantado a la Filosofía. Cada autor tiene un impulso genuino que debe seguir aunque no sea lo esperado. Lo más importante en el arte es lo genuino.

Decidimos buscar los libros que no encontrábamos en las librerías
Silvia Bardelás. Foto de Nacho Goberna

-¿Cuál es su sueño más preciado en este tiempo?

-Mi sueño es que cambie la sensibilidad de las personas que habitamos el mundo. Que no valoremos la individualidad, las fronteras, los límites. Una nueva sensibilidad sería disfrutar y valorar el nosotros, entender que nos influimos mutuamente a cada instante y que son mucho más apasionantes los logros comunes.

-¿Imaginó en sus inicios que iba a tener tanta trascendencia?

-No tengo ninguna trascendencia. Voy haciendo lo que siento que tengo que hacer. Ahora mismo, como escritora terminar una novela con un narrador que todavía no entiendo bien, y como editora, cuidar la obra de Jon Fosse, hacer que llegue al mayor número de lectores posible y seguir buscando voces potentes.

-¿Cómo fueron los inicios de la editorial?

-Muy duros. Como editorial independiente publicamos libros al margen de las leyes del mercado y eso significa que el sistema literario los margina, dando por hecho que nadie los querrá o podrá leer. Eso pasó sobre todo con Jon Fosse.

– ¿Qué parte de la vida no puede explicar, qué se le escapa?

-Cuanto más sé que no puedo explicar la vida, más la siento y más apasionante se vuelve. Creo que una postura interesante es dejar que la vida hable en lugar de cerrarla en una definición. Quizás no haya que explicarla sino descubrirla.

-¿Cómo vivió la etapa de pandemia?

-Bien. Leyendo y escribiendo. También cuidando a una persona con Alzheimer que no tenía un sentido claro del tiempo. Quizás estábamos ahí, en de repente descubrir la vida sin esos tiempos desnaturalizados que inventamos. De todas formas, tenía edad para aguantarlo. Los que lo han pasado muy mal han sido los jóvenes.

-¿Cuál es el recuerdo más conmovedor de su vida?

-Uno de muchos: mi abuelo en la cama, sabiendo que se iba a morir pero todavía en buen estado, disfrutando de una comida riquísima, dándome consejos muy concretos para tener una buena vida. Era conmovedor sentir su ingenuidad todavía, su alegría en el reconocimiento de los otros.

-¿Puede hablar del primer recuerdo de su vida?

-Es en el colegio, tenía dos años y medio. Estoy en una fuente y las niñas alrededor. Siento el agua cristalina, fresca, la piedra de la fuente. Mi madre me dice siempre que estaba tan contenta que iba consolando a las otras niñas que lloraban y les decía que lo íbamos a pasar fenomenal. Obviamente ese comentario de mi madre ya ha modificado el recuerdo. En realidad, no existen los recuerdos puros, no se puede recuperar el pasado. Lo moldeamos, lo reinventamos. Sólo existe el presente.

José Pulido, periodista y narrador venezolano. Reside en Génova, ciudad de Italia.

 

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