MARÍA TERESA ROMERO –

Muy bien ha caído dentro y fuera de Venezuela la gira internacional que esta primera semana de abril iniciaron el expresidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, el alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, y el coordinador político de Voluntad Popular, Carlos Vecchio. Es un mensaje de unidad muy positivo que estos tres actores políticos, representantes de las principales fuerzas políticas opositoras del país, pero antagónicas en visiones y estrategias políticas para enfrentar el régimen de Nicolás Maduro, visiten varios países para denunciar la crisis terminal nacional y el fraude que pretende la dictadura con el llamado ilegal a elecciones presidenciales el próximo 20 de mayo, así como para solicitar mayor ayuda y presión internacional para poder celebrar unos comicios realmente libres este 2018.

Durante la primera parada de esta gira, en Francia y España, estos representantes de las plataformas unitarias Soy Venezuela y Frente Amplio Nacional se presentaron y hablaron en nombre de “la oposición democrática venezolana”, implícitamente considerándose la única y dejando por fuera las otras supuestas oposiciones existentes, como la encabezada por el hoy candidato presidencial Henri Falcón, quien junto a otras personalidades y partidos ha decidido entrar en el maquiavélico juego electoral del Gobierno, y la denominada “Resistencia”, más de naturaleza militar y clandestina que se ha venido a menos tras el asesinato por parte del oficialismo de su líder más visible Óscar Pérez.

Era hora que ese paso lo dieran y ojalá logre dar fruto a una unión opositora real. La sociedad civil venezolana y los actores internacionales, en particular los más dispuestos en ayudar a los venezolanos a salir de la tragedia humanitaria y totalitaria, se han manifestado defraudados, descontentos y preocupados con esa oposición que inicialmente encabezaban Henrique Capriles y su partido Primero Justicia, y Leopoldo López y su partido Voluntad Popular, porque no han dado la talla sino intermitentemente.

Inclusive, la más reciente conformación de las alianzas o frentes de movimientos políticos, organizaciones civiles y fuerzas vivas del país Soy Venezuela y Frente Amplio, han dejado mucho que desear. Se les percibe débiles, faltos de poder y alcance porque lo que se espera de ellos es una verdadera alianza unitaria.

Después de todo, con todas sus divergencias y debilidades, ambas alianzas y partidos (y sus líderes) son los que han conformado el núcleo central de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) desde su creación en 2008. Ellos han sido hasta ahora los más reconocidos y legitimados, tanto por la mayoría de la sociedad venezolana como por la comunidad internacional. Por tanto, de ellos es de quienes se espera que sigan dando la cara en forma unitaria. Ya es tarde para otros en este momento decisivo para el futuro del Estado-nación que es Venezuela.

No por casualidad es a Julio Borges, de PJ, del Frente Amplio y expresidente de la Asamblea Nacional democrática, a quien se le convoca oficialmente para que asista a la próxima octava Cumbre de Las Américas a llevarse a cabo en Lima, Perú a mediados de este abril, mientras que al propio presidente Maduro se le retira la invitación para que asista. Esto es significativo.

Es obvio que los gobiernos de Estados Unidos y los demás democráticos del hemisferio que quieren y están ayudando para que en Venezuela se dé el ansiado cambio hacia una democracia representativa y liberal y una transformación socioeconómica que lleve a la prosperidad, necesitan que los principales líderes opositores democráticos permanezcan y se unan como es debido. Solo así podrán esos gobiernos actuar a favor de Venezuela, ya sea individualmente o desde la Cumbre de las Américas, la OEA, el Grupo de Lima o cualquier otra organización.

De modo que el Frente Amplio y Soy Venezuela, fundamentalmente los líderes de PJ, VP y Vente, no tienen escapatoria. No solo están condenados a actuar juntos, dejando las inmaduras divisiones y competencia de liderazgos, sino también conformar una verdadera concertación unitaria al estilo chileno.

En el comunicado del 3 de abril que difundieron al empezar la gira internacional los representantes de esas organizaciones opositoras, Ledezma, Borges y Vecchio, se da a entender, aunque no explícitamente, que esa verdadera concertación se dio o está por darse. Allí empiezan “Ratificando al país el compromiso de lucha por la democracia y en representación de la oposición venezolana”. Luego, con autoridad, solicitan “mayor presión conjunta de Latinoamérica, Norteamérica y Europa para destrancar la enorme crisis política, social y de derechos humanos que padecemos. Esto incluye la ampliación de las sanciones personalizadas, evitar la legitimación de capitales e impedir que el régimen venezolano continúe endeudando y vendiendo activos de Venezuela de manera ilegal como es el caso del oro y del Petro”

Además, reiteran “la atención prioritaria a la emergencia humanitaria que existe en Venezuela para que la comunidad internacional evalúe los diferentes canales de ayuda humanitaria incluyendo la activación del principio de intervención humanitaria” y aseguran que harán “una solicitud formal a los países que apoyan a Venezuela para que consideren la posibilidad de ejecutar un plan migratorio y atención humanitaria a la profunda crisis de refugiados”.

Finalizan afirmando que apoyan los procesos legales que están en curso en entes internacionales contra el régimen venezolano y reiteran que “hoy no existen condiciones mínimas para reabrir el proceso de diálogo, razón por la cual esa posibilidad no está planteada”.

Soy optimista pero realista. Aunque les cueste, a este liderazgo opositor democrático con trayectoria de lucha desde que llegó el castrochavismo al poder, no les queda otra que cumplir con esos compromisos y hacer realidad como se espera una estrategia nacional e internacional unitaria para la defensa y posicionamiento democrático. Si no terminan de hacerlo, la sobrevivencia de ellos mismos y de la Venezuela democrática está condenada.

María Teresa Romero, periodista e internacionalista venezolana. Escribe desde Miami (EEUU).
Publicado en Panampost el 6-4-2018

 

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